(12-03-10) En el Mar de Célebes al este de Malasia, en la línea divisoria con Indonesia, hay tres pequeñas islas que se han convertido en paraísos para el buceo y relax: Sipadan, Kapalai y Mabul, fueron el destino final de nuestro viaje por tierras malayas.
Malasia es uno de los países más agradables y fáciles de visitar del Sureste Asiático. Varias décadas de desarrollo económico sostenido y de estabilidad política han hecho de esta nación una de las más prósperas y ricas de la región. Si bien es cierto que el poder político (malayo) y la influencia económica (china) se han mantenido tradicionalmente separados según criterios étnicos, Malasia ha defendido una cultura pluralista basada en una vibrante fusión de culturas y costumbres malayas, chinas, indias e indígenas.
La mayoría de los visitantes de Malasia permanecen en la península, donde el atropellado ajetreo de Kuala Lumpur se compensa con la tranquilidad colonial de la estación de Cameron Highlands Hill o con el sopor hedonista de Langkawi. Pocos visitantes se acercan a Sarawak o Sabah, en la isla de Malasia Oriental, que cuentan con una fauna espectacular, y uns serie de pequeñas islas: Sipadan, Kapalayi y Mabul, consideradas como mini paraísos del buceador, que son el destino final de nuestro viaje.
Pero para viajar a cualquier rincón de Malasia es casi imprescindible entrar al país por su capital federal: Kuala Lumpur, donde hay que pasar como mínimo dos días. En ciento treinta años, Kuala Lumpur ha pasado de ser un lugar carente de interés a convertirse en una urbe moderna y bulliciosa de más de un millón de habitantes.
Aunque en una primera impresión pueda parecer que KL (como la denominan los lugareños) es una más entre las nuevas metrópolis asiáticas de rascacielos flamantes, pervive su carácter peculiar y el colorido autóctono que ha sido tan eficazmente borrado en otras ciudades en auge de Asia, como Singapur. KL conserva numerosos edificios coloniales en el centro, un vibrante barrio chino con vendedores ambulantes y mercados nocturnos, así como un distrito indio repleto de vida.
Cuando en Kuala Lumpur se construye alguna obra, se ejecuta a lo grande. Los rascacielos gemelos Petrona Towers -los edificios más elevados del mundo- dominan el horizonte, y en la plaza Merdeka se alza un asta de bandera de 95 m de altura. A pesar de la crisis económica, Kuala Lumpur mantiene un desarrollo a gran escala, del que son muestra las obras que se están realizando para crear una nueva ciudad de 8.000 millones de dólares en el extremo sur de la capital, así como un gran corredor multimedia de alta tecnología adyacente.
Entre los principales y más antiguos edificios de KL está el Sultán Abdul Samad, terminado en 1897 que, con su torre del reloj de 41 metros de altura es una de las estampas más típicas de la ciudad. Hay que visitar el Parlamento, la moderna estación de ferrocarril, la Mezquita Nacional, única por sus estructuras geométricas y minarete de 73 metros de altura que se eleva desde el centro de una laguna artificial.
Espectacular, especialmente de noche, la Mezquita de Masjid Jame, que está enclavada en el lugar del nacimiento de la ciudad, entre los ríos Klang y Gombak, en un paraje lleno de cocoteros entre los que sobresalen sus dos minaretes.
JARDINES DEL LAGO, SOPLO DE AIRE FRESCO
Con magníficas vistas de KL, un lugar de descanso y refugio cuando el calor aprieta: los Jardines del Lago, que dan vida a una de las zonas más populares y apreciadas por los habitantes de la ciudad. Allí se yergue el Monumento Nacional, una gran escultura de bronce erigida en honor a los héroes nacionales, que fue diseñada por el mismo artista que dio vida al Memorial de Washington.
Tampoco hay que dejar de ver sitios de interés de la bulliciosa capital como el Mercado Central, el Museo Nacional o el Centro Karyaneka. También la “Pequeña India”, Jalad Masjid India, donde reside la mayoría de la comunidad indú. En cuanto uno accede a sus calles es como si de repente nos encontráramos en qué país.
Los que sin duda hay que hacer en KL es terminar la jornada en el barrio chino, Chinatown, delimitado por las calles (Jalan) Petaling, Bandar y Sultan, todo un espectáculo de luz y color. En sus calles se puede comprar cualquier cosa en el sentido literal de la palabra, y al caer la noche, Jalan Petaling pasa a ser vía peatonal para convertirse en un fabuloso bazar (Paser Malam).
Tras el paso por la capital y antes de saltar de la península a la isla camino de nuestro destino final en esas islas mini paraísos malayos, viajamos al sur para conocer la histórica Malaca, al montañoso centro peninsular, a disfrutar de la agreste naturaleza de Cameron Higlands, y al noroeste, la cosmopolita Georgetown, en la Isla de Penang, que redescubrimos por segunda vez. Un periplo que podemos ver en los cuadros adjuntos.
Textos y fotos: Jorge Keller / Deep Blue-Video |