(24-09-10) A escasos kilómetros de la madrileña Puerta del Sol, podemos disfrutar de pingüinos y manatíes, gracias a la magia de Faunia: el parque temático de la naturaleza.
En los últimos tiempos el interés creciente por el medio ambiente y la naturaleza en general, unido a nuevos avances técnicos, ha hecho aflorar en nuestro país numerosas instituciones de carácter zoológico. Ya sea en forma clásica de exhibición de animales, zoo, o en espectaculares acuarios que nos muestran la gran diversidad marina, habitualmente poco conocida por el gran público. A esta nueva generación de centros pertenece Faunia, ubicado en las afueras de Madrid.
Historia
Faunia nace en el año 2001, con el nombre de “Parque Biológico de Madrid”. Este parque temático de la naturaleza es algo nuevo y diferente al zoo tradicional. Se trata de recrear diferentes ecosistemas en los que se puede deambular, libremente, en pleno contacto con los animales. En este parque no existen jaulas ni alambradas. No se trata tanto de ver exóticos animales, como de comprender la interacción de los seres vivos en su medio, en su ecosistema.
De este modo el parque se articula en catorce áreas temáticas, donde podemos estar rodeados de mariposas en El Jardín del Edén, disfrutar con los simpáticos suricatas en su instalación, asomarnos a los habitantes de la noche en las Sombras Silenciosas o deleitarnos con los tiburones en un enorme acuario tropical.
Pero el gran aliciente del centro es la recreación de cuatro grandes ecosistemas, exóticos y desconocidos, como son los polos, la jungla, el bosque africano y el bosque templado. Es verdaderamente interesante, por ejemplo, pasear por el interior de un bosque malgache, rodeados de lemures en total libertad, así como un elenco de aves que deambulan sin ninguna cortapisa. Un recinto de cerca de 2.000 m2 y 12 m de altura, cerrado por una casi invisible malla, permite el milagro.
Este nuevo concepto se ve también en el carácter marcadamente educativo y divulgativo de todas sus instalaciones, con numerosas actividades dedicadas, especialmente a los más pequeños. Todo ello sin olvidar un claro compromiso conservacionista, como ocurre por ejemplo con el programa de cría del pingüino de Humboldt y de colaboración con diferentes instituciones científicas en distintos estudios y programas.
El ecosistema polar
Uno de los grandes emblemas de Faunia es su recreación del ecosistema polar, pudiendo decir que un pedazo de la Antártida se encuentra a escasos metros del centro de Madrid. Gracias a un completo desarrollo de ingeniería contamos con la mayor instalación de este tipo en Europa. El hielo, la nieve y la temperatura se mantiene exactamente igual que en su medio natural, desarrollándose un ciclo estacional, idéntico al producido en la Naturaleza.
Por eso a lo largo del año, la capa de nieve va cambiando, acorde con las estaciones, igual que la temperatura exterior, que oscila entre los -2º y los 5º C, al igual que las del agua o la luz. Como ejemplo del sofisticado sistema que rodea esta instalación, apuntemos que el aire se limpia de bacterias, ácaros y hongos, lo que hace que la pureza sea similar a la que podemos encontrar en el Everest.
Todo ello sirve para albergar cerca de un centenar de pingüinos de distintas especies, siete en total: Adelia, Barbijo, Humboldt (en otra instalación más templada en el propio complejo), Magallanes, Papua, Saltarrocas y Rey, el de mayor tamaño y corpulencia. La buena aclimatación de los ejemplares se demuestra por el hecho de la reproducción de la mayoría de ellos, estando, justo en estos momentos a punto de producirse la del pingüino Rey, probablemente la especie más espectacular y que, hasta la fecha, no ha conseguido el objetivo de la reproducción. En la actualidad está Finalizando la incubación de tres huevos, que, esperemos que salgan adelante.
Bajo el Polo
La instalación de los polos presenta una escenografía espectacular, donde el espectador puede ver a los animales en su entorno helado y también bajo el agua, en dos niveles. Ello crea una oportunidad única para ver a los pingüinos bajo el agua. El equipo de Buceo Virtual ha tenido la fortuna de dar un paso más allá y poderse sumergir con estas aves.
Afortunadamente lo hacemos en el verano austral, con lo que las temperaturas no son muy extremas, estando el agua a unos 12º. Después de desinfectar cuidadosamente todo nuestro equipo, accedemos al mundo antártico. Ni que decir tiene que la primera sensación es la de frío, pasamos de una temperatura veraniega en el exterior, a unos 5º C. Hay nieve, aunque dada la estación no demasiada. Grupos de pingüinos se esparcen por el área, aunque varias especies están criando y no se mueven de sus nidos.
Nos metemos en el agua gélida y descendemos hasta los 3,5 m de profundidad que tiene el tanque. La recreación subacuática es perfecta, parece que estuviéramos en un entorno helado de cuevas e icebergs. Pero lo realmente fascinante es ver en acción a los animales. Son auténticas balas, o mejor dicho, torpedos. Su cuerpo, en forma de huso, les permite desplazarse a gran velocidad, con el simple empuje de sus antiguas alas, hoy transformadas en verdaderas aletas.
Al principio, hasta que te acostumbras, es difícil localizarlos. Aparecen y desaparecen por cualquier parte, como auténticos fantasmas de las aguas antárticas. Pero poco a poco la curiosidad les puede y empiezan a acercarse, es una sensación maravillosa, y es que, ¡no se bucea con pingüinos todos los días!
La jungla
Otro de los platos fuertes de este parque es la recreación que se hace de la jungla amazónica, donde verdaderamente parece que nos estuviéramos en esas latitudes tropicales. Nos encontramos en una instalación con una temperatura constante de 28º y una humedad del 80%, donde gracias a la tecnología cada cierto tiempo se desata una enorme tormenta con su correspondiente aguacero.
Si a todo ello le sumamos la presencia de peces, aves, reptiles e invertebrados de la zona, comprenderemos esas sensaciones. La jungla se aloja en un gran pabellón de cerca de 3.000 m2 y 13 m de altura. La visita se articula en tres estratos. Desde la selva tropical y siguiendo un tramo de río amazónico, llegamos finalmente al gran acuario que se atraviesa por un túnel.
En el Amazonas
Este gran acuario es el hogar de diversas especies amazónicas, a cual más exóticas. Podemos ver grandes pacúes, parientes de las famosas pirañas (estas se encuentran en un tanque separado), peces gato y a las impresionantes arapaimas (Arapaima gigas), pertenecientes a la mayor familia de peces de agua dulce. En la naturaleza estos animales presentan tallas enormes, la mayor registrada de 4,5 m y más de 200 kg de peso.
En el acuario los animales se han adaptado estupendamente y, prácticamente han doblado su tamaño desde que llegaron, estando ahora alrededor de los 2 m. Su diseño es exótico, con un cuerpo alargado de tonos rojizos y una gran cola que se extiende por la parte inferior del cuerpo. Poseen una robusta y gran boca que le permite alimentarse, tanto de peces como de pequeños mamíferos o incluso aves.
Su carne apreciada y el trofeo deportivo, hace que sus poblaciones se estén reduciendo. Aquí en Faunia contamos con un grupo de varios ejemplares. No muestran ningún temor hacia el buceador, presentando un comportamiento bastante indolente. La cercanía es total y sorprendente.
El encuentro con las sirenas
Pero al margen de estos gigantes amazónicos, hoy las estrellas indiscutibles de este acuario, y casi del parque son unos nuevos inquilinos que arribaron en el año 2007. Se trata de un a pareja de manatíes, únicos en España, y que han contribuido ha aumentar el valor biológico de la instalación. Su adaptación ha sido muy buena y así, dos años más tarde tuvo lugar el nacimiento de una cría.
Estamos expectantes por poder bucear con estos animales. El agua está un tanto verdosa y cargada de partículas. No es un problema de filtrado, si no de los propios hábitos de la especie que, literalmente, está comiendo todo el día. Aquí son alimentados con unos 70 kg de vegetales al día, como lechugas y espinacas, lo que contribuye a esa “polución” del tanque.
Nos introducimos en el agua que en este caso se acerca a los 30º C. Los animales se muestran muy recelosos, situándose en el extremo opuesto de donde nosotros estamos. Se trata de no perseguirlos ni acorralarlos en ningún momento. Nos comportamos con calma, para que se acostumbren a nuestra presencia. Unas cuantas lechugas flotando, seguro que calmarán los ánimos.
En efecto poco a poco, aunque siempre manteniendo las distancias, logramos poder disfrutar de su presencia y que los animales nos toleren. Destaca la total protección de la hembra con la cría, siempre bajo su atenta mirada y su verdadero abrazo protector. Sus aletas delanteras actúan como cariñosos brazos que atraen al pequeño, al regazo materno. Observando estas imágenes, vemos que no estamos muy lejanos de estos mamíferos marinos.
Sorprende la agilidad que demuestran, pese a su cuerpo algo macizo, para maniobrar o girar sobre si mismos, al igual que la velocidad que obtienen con un coletazo de su amplia cola. Ya hemos disfrutado de su presencia y es hora de no molestar más a los animales. Esperemos que la especie se recupere en la naturaleza y podamos disfrutar de estas “sirenas” durante mucho tiempo más.
Texto y fotos: Juan Carlos García
Algunos datos de interés
-Año de creación: 10 de julio de 2001
-Superficie edificada: 140.000 m2
-Más de 500 especies diferentes
-4.000 animales
-15.000 ejemplares vegetales, de más de 1.000 especies
-Primer y único noctuario en España, con 28 especies
-Lago de agua salada de 1.500.000 l
Más información www.faunia.es
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