(06-03-09) Han sido diez días de relax y auténtico
buceo en Moalboal, rodeados de buenas gentes y sumergiéndonos
en un paraje considerado como uno de los lugares con mayor biodiversidad
del planeta.
Tengo
tanto que contar, que no sé por dónde empezar, así que lo haré
por el principio. El camino de Cebú a Moalboal discurre por
bonitos paisajes, durante casi 3 horas de coche voy disfrutando
de las vistas mientras va anocheciendo poco a poco. Me cuesta
acostumbrarme a ver a los niños sentados en el arcén de la
carretera, y más cuando los encontramos a la vuelta de una
curva. Según oscurece parece que las gentes se acercan más
a las luces que da la carretera, que no son muchas.
Empiezo a dejar de
disfrutar... motocicletas invisibles hasta que aparecen a
un metro del coche, coches adelantando de frente, un perro
sentado en mitad de la carretera, el conductor no parece
sobresaltarse, no sé si debo relajarme o empezar a preocuparme,
lo cierto es que mi ánimo inicial empieza a decaer, me ataca
el cansancio, por un segundo pienso en dormir un poco, pero…
viendo cómo conducen, prefiero estar despierta ¡¡¡¡quiero
saber dónde descarrilamos!!!! Como dijo Mario: “mitad emoción,
mitad miedo”.
En una de esas calles sin asfaltar,
llenas de socavones, en lo que parece otro de tantos pueblos
que hemos atravesado, el conductor gira a la izquierda, entrando
en una especie de patio y para el motor del coche. ¿Esto
es Moalboal?
Mi primera
impresión es que estoy en medio de la nada, ¡sino fuera
porque acabo de ver a mi amiga Elena, no me bajan del coche!
Ella llegó por la mañana, suerte que se ha librado de la
conducción nocturna y suerte para mí que ya se conoce el know
how del lugar. Después de soltar todos mis trastos
nos vamos al bar de este peculiar sitio a tomar algo y
que me ponga al día de cómo es todo esto. Esta calle es
la espina dorsal de un salpicado de casas y centros de
buceo, donde corretean por todas partes tanto niños como
perros y algún que otro gallo, he llegado a mi destino.
Este
lugar tan desconocido se convierte en muy poquito tiempo
en un sitio entrañable; Un grupo de niños nos preguntan
nuestros nombres: “Elena y Loli” a partir de aquí perdemos
el anonimato, de un día para otro, todo el mundo sabe quienes
somos, nos llaman por nuestros nombres, mas o menos, el
mío no lo saben pronunciar así que paso a llamarme “Luli”.
Todo el mundo nos
saluda por la calle, charlan amigablemente con nosotras,
si pueden te venden algo pero sino también se quedan a la
charla. Cuando quiero saber dónde está Elena sólo necesito
preguntar al primero que pasa por la calle: “Where´s
Elena?” Siempre saben indicarme dónde encontrarla. ¡Increíble,
pero es así!.
spanish team
En breve aumentamos el grupo: Mario,
Paco y Luis los tres últimos españoles que salieron de Barajas
antes de la monumental nevada del 9 enero. Aquí estamos los
cinco españoles perdidos en este rincón del mundo y muy dispuestos
a bucear.
El centro de buceo SAVEDRA, está muy bien montado, hay espacio
suficiente, zona para cambiarse y colocar el equipo, dos pilas para endulzar,
la zona del café, y todas las tardes, ¡unas cuantas cajas de botellines para
celebrar el fin de la jornada!
Hay también
una gran pizarra con los horarios de las inmersiones, puntos
donde vamos, los guías de cada grupo y los que nos vamos
apuntando en ella, yo siempre con el incondicional “Luli”.
Los divemaster son bastante jóvenes, pero como suele suceder
en estos sitios parece que nacieron buceando; lo dice el
lema del centro: “Some
of us must live underwater”.
Los dos primeros
días buceamos en absoluta minoría Elena y yo -y algunas inmersiones
solo yo- con el resto del grupo formado básicamente por europeos:
alemanes, suecos y suizos. Me llamó la atención que siendo
Moalboal un destino de bastante afición fotográfica, sólo
encuentro otra persona con cámara reflex y poca “cultura
fotográfica”; no parece que estén acostumbrados a buceo con
fotógrafos (hasta ahora, je, je…)
Bajo el agua las
inmersiones son muy rápidas, los buceadores van tipo maratón,
me llevan con la lengua fuera, ¡demasiado deprisa para sacar
fotos! Siempre voy la última con algún divemaster haciendo
de “coche escoba”; tanta prisa ¡¡me genera estrés!!
Pero la situación
se resuelve con la llegada de los “refuerzos”: dos “arrreciferos”
acuariófilos y un gallego ponen fin a este despropósito de
inmersiones. Ahora sumamos 3 cámaras, y en mi 3º día de buceo
nos hemos hecho con un barco para nosotros cinco, que generalmente
somos cuatro, porque Elena se toma lo de bucear, con más
calma. En el otro barco: 12-15 europeos…que habrán solicitado
unánimemente que por favor nos metieran en otro barco...
Ahora empieza el buceo de calidad! Inmersiones
de 70 minutos, fotografía a placer, buceo recreativo, observando
cada detalle del arrecife, las esponjas, los corales, gorgonias,
anémonas… En definitiva, disfrutando de cada inmersión. Jim,
nuestro guía, parece que disfruta con nosotros o simplemente
se ha adaptado a lo que le toca. Los primeros días no buscaba,
luego era uno más, mirando en cada recoveco.
Como en los diez días no ha salido el sol,
ni ha parado el viento ni las lluvias, empezamos a caer con
los resfriados. A media semana nos estamos repartiendo los
antibióticos, incluso hubo un día en el que ninguno pudimos
bucear. A finales de semana sólo quedábamos dos buceando,
y compensando a duras penas.
Esto significó la vuelta al barco europeo.
Pero ya no había retorno, no perdimos el terreno conquistado,
Jim siguió siendo nuestro guía. Es curioso, caíamos todos
despacio, los europeos alcanzaban los 20 metros y en esa
cota era el “momento calambrazo”: salían de estampida y desaparecían.
Y eso que la visibilidad era de mas de 20m.
A los 50 minutos exactos estaban todos en
el barco. El barco optó por dar dos paseos, desembarcaba
a los de la primera ronda y volvía a por los dos españoles
que salíamos unos 20 minutos después, con unos 100 BAR en
la botella: “casi no nos quitamos el equipo y gastamos los
100 BAR en el house reef, ¿no?”. ¡Fanáticos!
inmersiones y vida marina
Sin duda alguna la inmersión estrella es
Pescador Island. Catalogada como una de las mejores de Filipinas,
gana su fama a pulso. ¡¡Es Espectacular!! con más de 500
especies diferentes de corales duros, está considerado como
uno de los lugares con mayor biodiversidad del planeta. Pude
hacer 4 veces esta inmersión, el mal tiempo nos impidió repetirla
por la dificultad de cruzar los 5 km que separan este peñote
de la costa. Nuestros guías, tenían localizados tres enormes
antenarios -peces sapo blanco- que encontramos cada día a
la misma profundidad (unos 20 metros) sobre las mismas esponjas.
Paredes repletas de coral negro, enormes
gorgonias, esponjas, Plerogyra sinuosa, Alveoporas, Heliofungias, Tubastrea
micrantha, Tubastrea cocciegea y Fungia
scutaria. También entre S.P.S. Acroporas, Mycedium, Distichopora
violacea, y Millepora dicotoma. Entre Octocorales
destacan Lanthella basta, Dendronepthya sp., Lytophyton
sp. También son muy relevantes las gorgonias como la Annella
mollis,
los crinoideos como los Comantheria briareus, Liparometra
regalis… y los tunicados como la Rhopolacea crassa o
la Polycarpa aurata. (¡Que se note la influencia
de Mario y Paco y sus conocimientos acuariófilos!)
Además de encontrar una infinita variedad
de nudibranquios, peces escorpión, morenas estrellas, damiselas,
tortugas, etc es un lugar de corrientes donde podemos avistar
pelágicos y tiburones puntas blancas. En la última inmersión
a los diez metros de profundidad, fotografiando un pez cofre,
me volví al oír que me llamaban los compañeros y me encontré
frente a un puntas blancas un poco mas grande que yo, que
se acercaba hacia a mi sin ningún miedo seguramente a ver
qué era yo.
Sampaguita Reef es un tramo del arrecife
que corre en paralelo a la costa, aunque la salida se hace
desde barco, también podíamos acercarnos desde costa porque
la distancias son mínimas. Es una de las inmersiones más
bonitas de la zona, por la variedad de corales que encontramos,
los magníficos corales mesa, de gran talla, más grandes incluso
que un buceador con los brazos abiertos, como comprobó Mario
en varias ocasiones. Destaca entre otras cosas por su caballito
pigmeo localizado en una gorgonia sobre los 30 metros de
profundidad y por ser una inmersión donde al atardecer podemos
ver al Synchiropus splendidus, más conocido como
mandarín.
Esta zona suele ser paso de tiburón ballena
en determinadas épocas, como es ésta que comienza, los guías
nos advierten que estemos atentos, en todas las navegaciones
vamos buscando los preciados puntos blancos que caracterizan
al tiburón ballena, aquí llamado Tiki Tiki. Hay un banco
de sardinas donde le han localizado varias veces, durante
estos días, cada salida de buceo es un emocionante avistamiento
lleno de ilusión por escuchar “Tiki Tiki” pero no tenemos
suerte y no se ha dejado ver. ¡Quizás la próxima ocasión!
el destino
¡No dejes de venir! ¡Por todo!
Aunque la primera impresión del lugar
fue algo extraña, enseguida te cautivará, por el encanto
de sus gentes y sus maravillas bajo el mar. Durante diez
días me he sentido como en casa, una más en este pueblecito
de Moalboal, donde nunca falta una sonrisa.
Es uno de esos destinos que no quieres dejar,
cuando llega la hora de partir se hace un nudo en el estómago
y te invade la emoción, cuesta mantener esa lágrima que quiere
caer y descubres lo hondo que ha calado en ti ese extraño
lugar. Recuerdas que tienes una vida en otro lugar que está
esperando, muchas ilusiones nuevas, nuevos viajes que organizar,
pero hay algo que ha cambiado, lo que Moalboal, sus gentes
y sus aguas han dejado dentro de ti, la maleta vuelve llena
de sensaciones, risas, y unas cuantas fotografías. ¡¡¡¡Ha
sido un Happy End!!!!
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Datos de interés: Abando Dive Travel, Juan
Carlos Martinez Toucedo: losrealejos.1020.jo@viajesiberia.com.
Centro buceo Savedra: www.savedra.com.
Texto y Fotos: Loli Alcarria