(01-06-09) Quizás Marina del Este
no sea el puerto deportivo más bonito del mundo-mundial, (y menos
ahora después de la fiebre constructora), pero es cuco, blanquito,
limpito y, en general, está bien cuidado. Pero su mejor baza es
que está situado al lado de La Herradura, un enclave mágico para
el buceo en el Sur de España. Al ladito del paraje natural Acantilados
de Maro-Cerro Gordo, uno de los mejores lugares de la península
para observar fauna variada y poco habitual. Y lo que es mejor,
fotografiarla.
Esta es la
segunda vez que visito la zona de la Herradura de la manita de
mis entrañables amigos tía QuiQui y tito Manu.
En la primera ya quedé prendado de estos fondos, tan diferentes
de mi zona habitual de buceo en la Costa Brava. Pero sobre todo,
lo que me ha hecho volver, es la cantidad de vida macro que poseen,
y de especies que no encuentro –ni debajo de las piedras- en
mi Catalunya natal. Y especialmente, una de mis pasiones, los
nudibranquios. Quizás la familia más bella de la fauna submarina,
junto con las medusas. Bueno si, soy un poco rarito... ¿y que?
He llegado a ver en una sola inmersión
más de media docena de especies diferentes de nudis, y en este
último viaje, en solo 6 inmersiones me he traído para casa 3
nuevas. Y casi una docena de especies de fauna que no había conseguido
fotografiar nunca. Y no olvidemos que hice el curso con Cousteau,
cuando era cabo... ¿Vale o no vale la pena? Para las babosas
marinas, una de las inmersiones ineludibles es la Punta de la
Mona. De ahí el título del artículo, por si os lo habíais preguntado.
el secreto
El paraje natural de Maro-Cerro Gordo, está
bañado por el Mar de Alborán, y por tanto encontramos un riquísimo
ecosistema marino formado por especies de un mar, el Mediterráneo
y un océano, el Atlántico.
Por diversas causas,
que son un poco rollo de explicar, esta zona se ve invadida,
sobre todo en superficie y a través del estrecho de Gibraltar,
por las frías aguas atlánticas. No solo hay un intercambio de
nutrientes, sino también de especies. Por ello, esta zona “disfruta”
de una temperatura del agua, que tiene entre dos y tres grados
menos, a similares latitudes de nuestra costa.
Otro tipo de agua que no solo influye
en la parte emergida de la zona, sino también en la sumergida,
es el gran aporte de agua dulce que vierten las numerosas torrenteras
de Maro-Cerro Gordo. También influyen fuertemente en el Paraje
Natural los vientos dominantes de la zona, el Terral, del norte;
el Levante, el más habitual salvo en Invierno; y el temido y
violento Poniente, que nos enfriará y enturbiará el agua. Simpático,
él.
He notado una
recuperación de la fauna de tamaño medio desde mi primer viaje,
años ha. Supongo que es la influencia de la declaración como
Paraje Natural, aunque también he visto unos cuantos “cañeros
y pulperos” campando a sus anchas por el Paraje Natural. Es muy
bonito el ponerse medallas e inaugurar pantanos, haciéndose el
ecologista de despacho, pero luego hay que poner los medios,
Sres. de Medio Ambiente, para que se cumplan las leyes proteccionistas.
Si no es papel mojado, nunca mejor dicho.
Otro
problema a añadir es el incremento de chiringuitos, “chaleteses”,
torrecillas, y apartamentos que he visto en un periodo de pocos
años. Ello supone un incremento de aguas residuales, sin hablar
de la presión del turismo, que siempre ha considerado el mar
como un gran vertedero.
los fondos
En fin, seamos positivos. En nuestros
buceos por la zona, encontraremos abigarradas paredes repletas
de coralígeno, agujeros, grietas habitadas por crustáceos, y
piedras enormes -fruto de pasados derrumbes- tapizadas de algas,
cnidarios, esponjas, ascidias... Y lo que más me llamó la atención
fue la cantidad de “Parablenius pilicornis” en todas
sus coloraciones, que se encontraban en cada inmersión. A patadas.
Por supuesto, se pueden visitar grandes cuevas, con su fauna
típica y diferente a la que encontramos “cara al sol”.
Finalmente,
no hay que descuidar los fondos de arena, donde siempre nos aguarda
alguna sorpresa. En este viaje pude fotografiar un preciado trofeo,
un Dragón. No el de los cuentos, no. Un “Callionymus pusillus”,
concretamente hembra. En dichos fondos se encuentran, -aunque
no en muy buen estado gracias a los “arrastreros” (una especie
que debería estar en extinción)-, praderas de fanerógamas marinas,
donde vislumbrar algún caballito de mar pasando la tarde o una
mula. No, no la Francis. No hay que confundirla con la Aguja
mula, que tiene el morro mucho más ancho.
Es un pez aguja, pariente de los caballitos
de mar y por ello el macho incuba hasta 400 embriones en su bolsa.
Alcanzan los 46 centímetros. Lo difícil es encontrarlo camuflado
en las praderas de algas o fanerógamas marinas, una vez hallado
fotografiarlo es lo más sencillo, pues apenas se moverá. Se alimenta
de organismos planctónicos y larvas de peces. Un preciado trofeo
para el fotosub y para los buceadores con inquietudes de “bioloco”.
Un lugar
donde perderse, pero que no hay que perderse.
Texto y fotos: Carlos Virgili / RiscK