LAS JOYAS DEL ARRECIFE
(12-07-10) El mundo coralino esconde algunas de las más bellas y delicadas formas de vida que pueblan el planeta. Diseños y formas increíbles, multicolores, caracterizan a sus habitantes, verdaderas joyas vivientes.
Los arrecifes de coral se encuentran entre los ecosistemas más ricos de la Tierra, solo comparable a las selvas vírgenes. En él la biodiversidad alcanza una de las cimas del planeta en cuanto a formas de vida y número de ejemplares. Un área de pequeño tamaño encierra más especies que muchos de los más famosos parques y reservas. Ante tal explosión de vida, es muy frecuente que sólo veamos “peces de colores”. Es decir que ante tal exuberancia no sabemos a donde mirar y nuestro cerebro, aturdido, no puede procesar toda la información que recibe.
Vamos a describir, someramente, algunos de los grupos más característicos del ecosistema coralino. De este modo podremos disfrutar más las inmersiones y comprenderemos mejor este fascinante y a la vez delicado universo, en el que todos debemos asumir nuestra responsabilidad en su conservación.
Una belleza peligrosa
El mundo del coral es una compleja estructura que puede recordar, en palabras de Cousteau, a la jungla. Diferentes especies de corales duros y blandos, crean distintos paisajes con numerosos hábitats, que permiten una enorme variedad de especies interrelacionadas. Muchas de ellas actúan como verdaderos iconos de ese paraíso tropical en el que todos alguna vez pensamos. Colores brillantes en diseños espectaculares aparecen en la mayoría de las familias, creando criaturas de una belleza y elegancia fuera de toda duda. Belleza y exotismo que, lamentablemente, hoy se ha vuelto contra ellos.
Además de las amenazas que se ciernen sobre todo el ecosistema en forma de contaminación, calentamiento, etc, otra particular se sitúa sobre sus más bellos habitantes. La mayor parte de las especies de peces coralinos, por su hábitat y sobre todo por su alimentación, son muy difíciles de reproducir en cautividad. Es por ello que para poder atender la creciente de demanda existente para acuarios, se procede a la captura de ejemplares salvajes. En la mayoría de los casos se realiza por medios totalmente destructivos (como es el uso de cianuro) para el propio arrecife y para los peces. Las mortandades son enormes, tanto en el propio momento de la captura y durante su traslado.
Elegancia angelical
Los peces ángeles son, probablemente, uno de los más hermosos y sofisticados habitantes de los océanos. Se encuentran presentes en todas las zonas coralinas del planeta. Los podemos distinguir por su tamaño más bien grande, sobre los 40 cm en las especies más grandes, aunque también existen especies de reducido tamaño los conocidos como ángeles enanos (Centropyge) . De cuerpo alto y comprimido, con cierta tendencia circular. Presentan una visible espina en la parte inferior del opérculo branquial. Su aleta dorsal es continua, envolviendo claramente el cuerpo del animal.
Suelen aparecer solitarios, nadando por encima de los corales. Se trata de especies muy territoriales, que no dudan en atacar a cualquier congénere que se acerque. Esto explica uno de los hechos más sorprendentes de su biología. Nos estamos refiriendo al cambio de color que sufren los individuos de su fase juvenil a la adulta. Hasta tal punto es así, que en el pasado fueron tomados por especies diferentes.
Este es particularmente notable en el pez ángel emperador (Pomacantus imperator) Cuando el pez es joven su coloración es azul con líneas circulares blancas y un cuerpo más redondeado. De adulto, el cuerpo se alarga, a la vez que aparecen líneas azules y amarillas, y un antifaz oscuro sobre el ojo. La explicación estriba en la territorialidad a la que antes aludíamos, con una librea diferente, los jóvenes se aseguran poder desarrollarse tranquilamente, sin ataques por parte de los adultos.
Son varias las especies, más de 80, por lo es muy difícil destacar algún ejemplar, ya que será el gusto particular el que permita escoger el preferido. No obstante el emperador, reina, francés, el de Arabia….estarán seguro en esa lista.
Revoloteando el arrecife
Pocos nombres son tan apropiados como el que se puso a esta familia, pues cualquiera que los haya visto le evocará la imagen del vuelo ondulante de las mariposas. Presentes en todos los arrecifes pero con especial proliferación en el Mar Rojo y zonas cercanas. Estamos ante pequeños peces de no más de 15 cm. con cuerpo en forma de disco, que presenta la aleta dorsal continua y espectaculares diseños cromáticos, con gran predominio del amarillo. La disposición de sus aletas y su propio diseño anatómico les permite una enorme movilidad y capacidad de maniobra en el intrincado mundo de las ramas de coral, permitiéndoles incluso nadar para atrás.
A diferencia de los peces ángel, algunas especies de mariposas forman grandes grupos que son una auténtica delicia para la vista. En el extremo contrario, también se ha podido comprobar que algunas especies, forman parejas estables de por vida.
El diseño de estos peces ha generado diferentes tipos de explicaciones. Hay varias especies con puntos negros, muy conspicuos en la cola, así como numerosas bandas repartidas por el cuerpo. Algunas teorías explican este hecho como si fuera un falso ojo, que en caso de ataque no dañaría una parte vital del animal, o bien que este diseño rallado dificulta la perfecta visión del atacante sobre la presa Otra característica destacable de estos peces es su gran especialización alimentaria, esto lleva a algunas especies, a que solo se alimenten de un único tipo de pólipo. Por otra parte ello conlleva también adaptaciones anatómicas en sus bocas, con hocicos más alargados para poder llegar hasta el alimento coralino.
Unos conocidos miembros de la familia de los mariposas son los llamados portaestandartes (Heniochus) se caracterizan porque la cuarta espina de la aleta dorsal se estira notablemente. Aunque parecido en su larga aleta el ídolo moro (Zanclus cornutus), no está emparentado con esta familia, sino con la de los cirujanos. A modo de curiosidad, digamos que es un símbolo de buena suerte para los pescadores árabes, que siempre lo sueltan en caso de captura accidental.
Trituradores de coral
Un nombre, también muy apropiado el de los peces loro. Estos peces presentan los dientes fusionados en placas, lo que le confiere un aspecto de pico a su boca, si a esto le unimos los colores verdes y azules predominantes de la mayoría de los ejemplares, comprenderemos perfectamente el apelativo. Esta tipología se repite en todas las especies desde el más pequeño hasta al gigante de la familia el Pez loro de cabeza gibosa (Bulbometopon muricatus) que puede llegar a medir 1,5 m y superar los 80 kg de peso. Esto hace difícil distinguirlos a nivel de especies; pero muy fácil a cualquier buceador saber que se encuentra en presencia de un pez loro.
Son herbívoros, y al igual que pudiera ocurrir con una vaca se pasan todo el día comiendo. Se alimentan de pequeñas algas vivas que existen sobre el coral. Evidentemente el pez no es capaz de separarlas mecánicamente de la masa calcárea a la que se encuentran adheridas, y la solución es ingerirlo todo: algas y coral. El contenido nutritivo es mínimo, por lo que la maniobra se extiende de sol a sol. Gracias sus duros dientes arrancan los corales pétreos, y por medio de unos dientecillos existentes en la faringe trituran el carbonato cálcico, aprovechando tan solo las algas. Producen un ruido característico que se oye perfectamente durante la inmersión.
Ahora bien, ¿dónde va a parar ese coral molido? Una imagen típica en cualquier arrecife es justamente ver a los peces loro evacuando continuamente arena, en una especie de fina lluvia que cae sobre el fondo. Se calcula que un solo individuo puede llegar a fabricar hasta 5 Tm de arena al año, lo que los convierte en una pieza fundamental en la creación de playas y en la propia dinámica del arrecife.
Esta incesante actividad se interrumpe al caer la noche, momento en el que los peces loro caen en un profundo sueño. Agazapados en cuevas duermen tan plácidamente que hasta es posible tocarlos con los sistemas de aproximación fotográficos. Para, de alguna manera, mitigar esta vulnerabilidad ante sus enemigos, cuando llega este momento se recubren de un moco protector, que parece limitar su olor para no ser descubiertos por los predadores.
Una cola con bisturí
Otra de las familias clásicas de los peces de arrecife son los cirujanos. El nombre les viene dado por unas cortantes cuchillas que poseen en el pedúnculo caudal y que accionan a voluntad, tanto en lances defensivos como ofensivos. Estas armas suelen aparecer destacadas con vivos colores (amarillo, blanco, etc), para advertir a otros peces de su poder, en alguna especie se encuentran reforzadas con veneno. Es por ello un rasgo muy distintivo. Presentan, por lo demás, una estructura comprimida con un cuerpo ovalado y ligeramente alargado, con las aletas dorsal y anal continuas, así como una boca pequeña.
Con más de 75 especies, se encuentran representados en todos los arrecifes, en muchas ocasiones en forma de bandadas multicolores compuestas por individuos de diferentes especies. Destacar la particular familia de los peces unicornio, donde el macho se encuentra adornado con una prominencia en la frente en forma de cuerno.
Los peces de Guillermo Tell
Al igual que el legendario héroe suizo, el mundo coralino cuenta con sus propios ballesteros. Son animales de aspecto peculiar, con el cuerpo alto y comprimido lateralmente, que recuerda en muchas ocasiones, a un doble trapecio. La cabeza es grande, abarca más de un tercio de la longitud del cuerpo y los ojos se encuentran muy separados de la boca y pueden moverse de manera independiente. Los dientes son pequeños y salientes y se encuentran fusionados. Su diseño nos hace evocar el cubismo por estos detalles que les dan un aire un tanto estrafalario, y de hecho una especie (Rhinecanthus assai), ha sido bautizada como pez Picasso.
No obstante la especial característica del grupo se sitúa en la primera espina dorsal, donde la Naturaleza ha ideado un complejo sistema de defensa. Esta aleta se encuentra habitualmente retraída, no teniendo ningún protagonismo en la natación del pez. En caso de peligro, una segunda espina se “dispara”, apuntalando y trabando a la primera que queda inhiesta, sin posibilidad de plegado. De esta manera el pez cuenta un aguijón nada apetecible a la hora de ser engullido por un posible predador, y puede encajarse en cuevas y grietas, de donde es muy difícil, por no decir imposible, sacarle.
En su alimentación basada en crustáceos y moluscos, destacan especialmente los erizos, que en muchos lugares se han convertido en auténticas plagas. Para ello se encuentran provistos de una mandíbula y del especial diseño de sus ojos, al que antes aludíamos. Al estar muy separados de la boca, les es más difícil pincharse con sus púas.
Otra particularidad de este género es la gran territorialidad que demuestran durante la puesta de los huevos. Estos son depositados por la hembra en una pequeña depresión del terreno, y son defendidos a ultranza por el macho, que no dudará en atacar no sólo a otros peces, sino incluso a un buceador, que podrá probar sus fuertes mordiscos.
Leones coralinos
Uno de los pobladores más espectaculares de los que moran los arrecifes, son los peces león, también conocidos por otros varios nombres, a cual más sugerente: pavo real, dragón, escorpión… Sólo se localizaban en el Indopacífico, incluyendo el Mar Rojo. Recientemente por sueltas indiscriminadas de las que aún no sabemos sus consecuencias, empiezan a aparecer en el Caribe.
Su aspecto es verdaderamente único e inconfundible. Se encuentran adornados de largos radios en las aletas, que en algunas especies presentan terminaciones plumosas. Su cabeza es grande y espinosa, con diferentes crestas y apéndices sobre los ojos. Predominan los tonos rojos y blancos, señalando claramente su toxicidad al resto de habitantes del arrecife. Suelen encontrarse cerca del fondo o en pequeñas cuevas al acecho de sus presas, no asustándose de la presencia del buceador.
Al igual que el resto de los escorpénidos, familia a la que pertenece, sus espinas están dotadas de un poderosos veneno; pero a diferencia de los peces piedra, no es ningún caso mortal, para una persona sana. La sensación es de un fuerte dolor y una gran hinchazón de la zona afectada, que remite al cabo de unos días. Hay que tener precaución con donde se pone la mano en las zonas que habitan, pues los accidentes son siempre de forma pasiva, no siendo en ningún caso un animal agresivo para el ser humano.
Con este arsenal el pez león tiene pocos enemigos naturales. Su ostentoso diseño no le permite, en cambio una rápida natación, por lo que los crustáceos, su principal presa, los consigue arrinconándolos con los radios extendidos de sus aletas, para cuando se encuentran a corta distancia engullirlos con su gran boca.
Texto y fotos: Juan Carlos García