(10-07-09) “He visto otros lugares
como Sipadan hace 45 años, pero ninguno más ahora. Hemos encontrado
una obra de arte sin tocar”. Con estas palabras se refirió Cousteau
a Sipadan hace 20 años y, la verdad, es que a día de hoy siguen
plenamente vigentes.
Cuando
nos acercamos a la isla de Sipadan, en la lejanía percibimos una
masa verde que parece descansar sobre una lengua de arena blanca,
en medio de un mar de color azul acristalado. La imagen parece
como si se tratara de una gran tortuga que estuviera echada sobre
los arenales y, además, la tonalidad verdosa sería la de su característico
caparazón. Y es que si hay algo típico en Sipadan es su espléndida
población de tortugas y una inmersión, verdaderamente legendaria,
ligada a ella.
Sipadan es la única isla
oceánica de Malasia, situada en el mar de Célebes, a 22 millas
de la costa más cercana, al suroeste del estado malayo de Sabah.
Se trata de una zona de disputas territoriales y convulsiones
sociales, que ha marcado su reciente historia. Se trata de un
gigantesco torreón, que emerge del fondo oceánico, que se sitúa
a 800 m de profundidad. Ello genera unas condiciones ideales
para la vida marina.
Debido a los diferentes avatares políticos, la
isla está estrictamente protegida por el ejército, lo que contribuye
a su excelente estado de conservación. De hecho, en la actualidad,
los buceos están limitados, además de haberse prohibido el alojamiento
en la isla, que ahora se realiza en los cercanos asentamientos
de Mabul y Kapalai.
sorpresas en el coral
La isla es pequeña, tiene
una superficie de apenas 12 Ha y está totalmente invadida por
la vegetación. La rodea un anillo coralino de mayor perímetro.
Ello, junto la influencia de las corrientes dominantes y los
diferentes relieves sumergidos, hace que se produzcan una gran
variedad de inmersiones, distintas entre sí, tanto por el paisaje
como por la fauna que la habita.
Las mesetas coralinas
que aparecen como gigantescos escalones en algunas zonas permite
una vida intensa de pequeños, y no tan pequeños, peces a pocos
metros de profundidad. Los omnipresentes peces murciélago, junto
a ángeles y mariposas, revolotean por los corales bañados por
la mágica luz del sol.
Una presencia siempre
inquietante, que muchas veces advertimos, antes por el oído que
por la vista, son los inmensos peces loro de cabeza jorobada
(Bolbometopon muricatum). Estamos hablando de los gigantes
de la familia. Pueden llegar a medir más de un metro y sobrepasar
los 40 kg de peso. Su potente dentadura tritura, literalmente,
el coral del que se alimenta, o mejor dicho de las diminutas
algas que habitan en él. El resto es expulsado como fina arena.
Esta labor, aparentemente destructiva, forma
parte del ciclo natural el arrecife, ya que esa arena servirá
de base para el futuro desarrollo coralino. Su visión es siempre
espectacular, por su tamaño y por la curiosa protuberancia que
lucen en su cabeza. También en estas aguas someras son abundantes
los grandes grupos de carángidos que con sus destellos plateados
parecen refulgir el agua
la danza de las barracudas
Pero si hablamos de
bancos de peces, hay una imagen que junto a las tortugas ha hecho
famosa mundialmente a Sipadan, nos referimos a las barracudas.
En efecto en Barracuda Point, situado al noroeste de
la isla, en la punta sumergida, allí donde la corriente es muchas
veces fuerte, se produce un verdadero baile subacuático.
Estamos hablando de la
especie Sphyraena barracuda Se trata de un depredador
temible que elige está zona como lugar de reunión. Como si de
un único cuerpo se tratara, los movimientos de todos los individuos
se encuentran perfectamente armonizados. Podemos encontrarnos
con concentraciones de varios cientos de individuos que, ante
nuestra presencia, es probable que nos rodeen formando esa mágica
imagen de la que todo buceador quisiera sentirse protagonista.
Pero si
hablamos de cazadores no podemos dejar de mencionar a
los tiburones, muy presentes en varios puntos de buceo.
Así en White Tip Avenue, como su nombre indica
serán los punta blanca de arrecife los protagonistas.
También podemos observar tiburones grises, así como cardúmenes
de tiburones martillos, de varios ejemplares, siempre
en el azul. Si la suerte acompaña el bello tiburón leopardo
nos permitirá su visión nadando entre los mogotes coralinos.
el reino de las tortugas
Rara, por no decir
imposible es hacer una inmersión en Sipadan y no encontrar tortugas.
La reina de estas aguas es la tortuga verde (Chelonia mydas),
aunque también se pueden ver algunos ejemplares de carey, reconocibles
a simple vista por su menor tamaño.
La inmersión en el Drop Off, marca el
punto alto de avistamientos. Nos encontramos en una pared que
vertical y muy cerca de la orilla y del antiguo embarcadero,
baja hasta los abismo oceánicos. Por esta zona podemos divisar
a las tortugas nadando tranquilamente, reposando en cuevas o
bajo ramas de coral y, dependiendo de la épocas, las podemos
ver copulando en aguas abiertas, en muchas ocasiones con varios
machos sobre y alrededor de la hembra, un verdadero “amour
fou”
Los
animales está acostumbrados a los buceadores, por lo que
no se asustan y permiten una gran cercanía, lo que ya de
por sí supone un verdadero espectáculo. Existe una población
residente de tortugas y otra que viene a anidar en las
tranquilas playas de la isla en verano, momento de máxima
densidad poblacional de la especie. Salir de una inmersión
habiendo visto 20 ó 30 tortugas es lo más natural y normal
en Sipadán ¿se puede pedir más?
una tumba bajo las
aguas
Como otros lugares míticos de la tierra,
su descubrimiento para el gran público en general, y para
los submarinistas en particular, acaeció en el año 1989 gracias
al rodaje de un episodio por parte del equipo Cousteau, auxiliado
por el buceador local Clement Lee, verdadero pionero de la
zona (ver recuadro). En él las protagonistas eran las tortugas
y la cueva donde iban a morir.
Efectivamente, en la
inmensa pared del Drop
Off, a unos 20 m de profundidad se abre la gran boca de
una caverna submarina. Existe al principio una especie de gran
antesala, donde aún penetra, débilmente la luz ambiente. Pero
la cueva se prolonga por una zona más intrincada y angosta,
que desemboca en un estrecho pasillo que nos depara la primera
sorpresa, el esqueleto de una tortuga.
Pasado este entorno, la cueva se abre en una
gran sala de más de 15 m. de altura. Aquí, diseminados por el
suelo y en las paredes se reparten varios esqueletos de tortugas,
en un espectáculo de tétrica belleza. La blancura resalta por
la luz de los focos y sólo al fondo de la cavidad podemos distinguir
una pequeña ventana abierta al horizonte azul del mar, creando
una imagen de extraña irrealidad.
La leyenda romántica
apunta a que los quelonios iban a morir allí a las profundidades
de la cueva, como si una especie de cementerio submarino se tratará.
La realidad parece ser distinta y más prosaica. Las tortugas
entran, se desorientan, no encuentran la salida y finalmente
mueren ahogadas. Pero la verdad es que ante este espectáculo
es lógico que vuele la imaginación y parezca que nos encontramos
rodeados por los fantasmas de estas antiguas criaturas.
Lo cierto es que se trata de una inmersión excitante
y diferente, pero también peligrosa, por lo que se precisa de
una adecuada planificación y de la asistencia de un guía que
conozca a la perfección la cavidad. Todo el fondo de la cueva
está cubierto de un finísimo limo que en caso de levantarse enturbia
con rapidez el agua.
Por otra parte el fondo e la cavidad se encuentra
a unos 25 m de profundidad, por lo que hay que controlar el consumo
de aire y la posible descompresión sobrevenida. Una buena iluminación,
con lámpara de repuesto es imprescindible para acceder a una
de las más fascinantes inmersiones que nos depara el mundo submarino.
Texto y Fotos: Juan Carlos García