EL BOSQUE SUMERGIDO DE TRAFUL
(22-04-10) ¿Saben ustedes que existe otra perspectiva de la Patagonia? Por supuesto, y quizás es más fascinante, más mística, más fría y más azul. ¿Quieren descubrirla? Les invitamos a sumergirse en esta ocasión en el Bosque Sumergido y los majestuosos acantilados en la base del Mirador de Villa Traful.
Un buceo fascinante que uno redescubre en cada visita. El Bosque es un clásico del Lago Traful. Nos sorprende en cada viaje que hacemos. Nos seducen sus formas, sus sombras, sus eternos habitantes, las truchas, peces autóctonos de nuestros lagos que suelen acompañarnos en parte de nuestro recorrido, ya que les asusta mucho el ruido de nuestras burbujas y huyen entre los cipreses caídos con una velocidad y agilidad envidiable.
El sol es un enorme compañero que nos pinta con sus rayos los paisajes más hermosos. Entorno de tranquilidad y eterna belleza donde ambas se conjugan para ofrecer una gran variedad de actividades en contacto con la naturaleza. El Lago Traful, de unos 70 Km2. de superficie, se ubica sobre un valle de origen glaciar que corre en dirección Este/Oeste, donde el viento es un factor común.
Es un lago de tipo alargado, cuyas costas presentan grandes variaciones. Podemos disfrutar de zonas con costas de piedra, acantilados y playas de hermosa arena para disfrutar o acampar, rodeados de imponentes picos que suelen estar nevados y cubiertos de frondosos bosques de cipreses, entre otras especies.
El icono del buceo de la Villa es el conocido Bosque Sumergido. Sin desmerecer otros lugares como la Gruta de la Virgen Stella Maris (Patrono de los Pescadores), Brazo Norte, Piedra Mala, la base del Mirador, entre otros.
Yendo al buceo específicamente, en esta ocasión formamos un grupo compuesto por Guillermo Ghiotto y Ariana Crego, amigos de ENBAS BUCEO (de Buenos Aires), y Paúl González y quien suscribe, Marcelo Pierini, de PATAGONIA DIVING TECH (de Neuquén), que hicimos de anfitriones locales. Realizamos un briefing donde se les habló brevemente del recorrido, estado del tiempo, temperatura del agua, profundidad, perfil, todo para situarlos mentalmente en el lugar. El lema es: impactar lo menos posible en el ambiente.
Primera Jornada
Partimos al mediodía desde el Muelle Nuevo hacia la costa norte (opuesta a la Villa). Con un sol radiante y casi sin viento, un muy buen presagio. A medida que nos íbamos acercando se podía apreciar una gran depresión entre el tupido bosque nativo, producto del desplazamiento natural de la corteza de la tierra que hizo que hasta los árboles (cipreses) se hundieran casi en su totalidad de pie.
Tras unos 20 minutos de navegación en las cómodas embarcaciones de EcoTraful, a cargo de “El Ruso”, llegamos al punto previamente establecido. Una vez allí, bajamos el equipo y nos dispusimos a desvelar los secretos del Bosque.
Recordamos la planificación de cómo haríamos el buceo, y con los trajes secos calzados y los equipos en el agua, realizamos el descenso por una pendiente suave con fondo de arena limpia y pesada formada por restos de hojas que se desprenden de los bosques aledaños de ñires, lengas, cohiues, radales y muchos arbustos típicos de la zona como saúco, retamas y caña colihue.
Junto a nosotros, un pequeño grupo de truchas nos observan a cierta distancia, atenta a estos Grandes Invasores. Solemos pedirles a los buzos controlar su flotabilidad y no aletear cerca del mismo. Así no levantamos todo ese limo y no perderemos visibilidad al comenzar la inmersión.
La misma se planifica entre 15 - 20 metros, aproximadamente. La visibilidad en un día de sol es de aproximadamente 30 metros horizontales y 15 metros verticales, con una temperatura media del agua de 15º en verano y unos 5º a 7º en invierno, ideal el uso de trajes secos. Aquí estamos combinando un buceo con dos características bien definidas: en aguas frías y de altura. Una experiencia doblemente fascinante.
Durante el descenso se debe evitar tocar los árboles a fin de no dañar el imponente marco que nos rodea. El buceo se parece más a un vuelo en cámara lenta que a una inmersión. Tal es la sensación que vivimos que parece que estuviéramos entre nubes y no en el agua. El bosque te encanta y te atrae, y hace que te transportes a otra dimensión, donde todo parece estar invertido. El agua supera los árboles y nosotros parecemos volar entre las ramas como si fuésemos pájaros y no buzos.
Realmente nos sentimos cautivados, las formas de los troncos son inimaginables y el paisaje dista mucho de las aguas del mar, dejándonos una sensación casi fantasmagórica en nuestras retinas. Si logramos calmar a nuestro excitado corazón, lograremos hacer rendir al máximo nuestro aire; en caso contrario observaremos cómo nuestro manómetro nos devuelve a la realidad.
Es un muy buen momento para plasmar nuestro buceo con las primeras fotos y vídeos. La formación de unos cincuenta cipreses pueden observarse con mucha claridad por la pureza de las aguas. Los mismos se muestran grises y están desprovistos de sus cortezas y follaje.
Algunos de sus ejemplares se yerguen fuera del agua como agujas o guardianes del lugar y son visibles desde la costa. Hay que recorrerlos en forma lenta y apreciar estas formaciones naturales que hacen de nosotros, los buceadores, unos privilegiados que podemos disfrutarlo al máximo.
Nuestros instrumentos nos marcan que es hora de volver a la superficie y con la compañía de una trucha solitaria por debajo de nosotros, dejamos atrás el Bosque. Alcanzamos la costa con la satisfacción de no haber interrumpido su sueño milenario y agradeciéndole que nos dejara descubrir algunos de sus más escondidos secretos.
Nuestras cámaras de fotos y vídeo retrataron imágenes increíbles que algunas serán compartidas con Uds. Son unas pocas, pero representativas de nuestras vivencias. Después de hacer algunas tomas para el Programa MUNDO BUCEO, atracó la embarcación de “El Ruso” que nos llevaría a nuestro próximo destino.
Poniendo rumbo hacia el este y bordeando la escarpada orilla, nos dirigimos a fotografiar las grutas naturales que se hallan en zonas cercanas al Bosque. En una de ellas, especialmente adornada con flores silvestres, se encuentra una pequeña ermita abierta en la roca con una hermosa escultura de la Virgen Stella Maris, Patrona de los Pescadores. La pequeña Virgen mantiene viva la historia de uno de los primeros pobladores de la villa, Walter Overbeek. Fue un austriaco que, enamorado del lugar, decidió instalarse y abrir la primera Hostería de Traful: El Rincón del Pescador, hoy renovada y con nuevo nombre.
Allí, Overbeeke emplazó la virgen Stella Maris, que había sido traída desde Italia para la Prefectura de Mar del Plata pero finalmente se destinó a una de las grutas del Lago Traful. Desde 1973, y gracias a Walter y su señora Margot, la Virgen reside en el lago y es visitada por lugareños y visitantes que se acercan a honrarla y pedir protección.
Después de un día muy agotador, decidimos volver a la Villa y dar por finalizada la primera jornada. Una cena con truchas y cordero patagónico para reponer fuerzas y… a descansar, ya que al día siguiente nos esperaban los Acantilados debajo del Mirador.
Segunda Jornada
El día se presentaba pintado para nosotros. Cruzamos unos 2.000 metros con dirección sureste hacia los Acantilados profundos del mirador que se ubica debajo del Cerro Carpa. Otra vez con la gentileza que le caracteriza, “El Ruso” nos desembarca en una playita de arena fina y blanca, a escasos metros de donde haríamos el buceo.
Nos volvemos a preparar. El perfil de esta inmersión es totalmente distinto al anterior. Bajaríamos por una pared de roca limada por el efecto del deshielo tras cientos de años de permanecer congelados. Planificamos un buceo a 30 metros. Preparamos las cámaras, ajustamos los últimos detalles y antes de sumergirnos, levantamos la mirada y realmente impresionan los más de 100 metros hacia arriba que nos separa desde el Mirador hasta el agua.
Asignamos parejas y comenzamos el descenso. A unos 10 metros ya vemos el veril azul que nos indicaba una profundidad inalcanzable. Bajamos como planeando hasta la cota planificada. El tiempo parece detenerse. Nos sentimos que bajamos en paracaídas en cámara lenta. El descenso es muy lento, suave y placentero 100%. Controlamos nuestra ansiedad ante el majestuoso entorno. Semejante mole de piedra y nosotros parecemos muy pequeños. Fotos obligadas que plasmarán nuestra inmersión y los vídeos corren. Nada de vida a nuestro alrededor. Sólo agua y piedra. A pesar de todo, ¡es hermoso!
Nuestro aire se acaba y las computadoras nos indican que debemos emprender el ascenso. El tiempo es tirano y debajo del agua, más. Respetuosos de la planificación, comenzamos el ascenso sabiendo que no será la última vez que pasaríamos por allí. Antes de emerger Willy, al igual que Paúl y yo, pensamos el armar una salida de Buceo Técnico con buzos de ambas escuelas. Es un lugar ideal para realizar buceos con TRIMIX.
Al mirar hacia atrás volvemos a divisar la claridad del sol y la proximidad de la superficie. 4 atmósferas de presión y un millón de sensaciones indescriptibles, y todo al mismo precio. ¡Realmente es un sitio para todos los amantes del buceo técnico!
Unos mates y unas facturas nos devuelven el aliento y el alma al cuerpo. Son experiencias muy gratificantes y agotadoras a la vez. Mientras esperamos a que nos vengan a buscar, cada uno comenta como vivió su inmersión. El mismo medio, el mismo grupo, y cada uno experimenta sensaciones diferentes. Nuestras retinas guardaran las esas imágenes ya que pronto volveremos e iremos acumulando cada vez mas imágenes placenteras.
Guillermo Ghiotto, Director de ENBAS, nos invita a deleitarnos con el ilustrativo video de esta inmersión subido a este link. Disfrútenlo: http://www.youtube.com/watch?v=pK8GvWaCN7M
Texto: Marcelo Pierini
Fotos: Marcelo Pierini y Paúl González