las costas se ahogan
(09-01-09) La mala planificación
y una Ley permisiva juegan en contra de la protección y conservación
de nuestras dañadas y frágiles costas.
La atracción
que ejercen las costas sobre el hombre viene de muy antiguo.
En nuestro caso, las costas españolas acogen a más de 24 millones
de habitantes (cerca del 60% de la población), a lo que hay que
añadir casi 50 millones de turistas que nos visitan cada año.
La franja
marina más rica, productiva y diversa es la más cercana a la
costa. Esta riqueza ha sido aprovechada por el ser humano desde
tiempos inmemoriales para desarrollar su modo de vida. Pero el
mal uso realizado por el hombre, ha puesto nuestras costas en
una situación de amenaza y destrucción.
La ocupación física del litoral se ha resuelto con
la urbanización masiva y descontrolada de la franja costera, a la que hay
que sumar la alarmante proliferación de instalaciones portuarias (puertos
deportivos y comerciales), que han sembrado este espacio de espigones, muelles
y diques de abrigo, desdibujando el perfil de la costa y alterando irreversiblemente
la dinámica litoral.
La mala planificación
de muchas actuaciones llevadas a cabo en la costa y la deficiente
previsión de sus efectos es una realidad en nuestro litoral,
debido por lo general a la masificación turística.
las playas desaparecen poco a poco
Una de las
consecuencias más directas de esta alteración es la erosión costera,
que afecta gravemente al litoral sedimentario español y cuya
expresión más visible es la alarmante desaparición de las playas.
Se calcula que el 90% de nuestro litoral sufre problemas de regresión.
A esta erosión hay que sumar los graves impactos sobre los hábitats
costeros y sobre los sistemas ecológicos relacionados.
Los temporales que azotan cada temporada
el litoral mediterráneo evidencian la fragilidad de nuestras
playas. La solución propuesta desde el Ministerio de Medio Ambiente,
la regeneración por aporte artificial de áridos, no es más que
un parche caro e insostenible, tanto desde el punto de vista
económico, como desde el ambiental que, además, no ataja el origen
real del problema.
La contaminación
es otra de las grandes amenazas a la que se enfrentan las costas
españolas. A la originada por el Prestige hay que añadir
los vertidos de aguas residuales urbanas e industriales sin depurar
que siguen produciéndose. España ocupa un lugar destacado en
cuanto a infracciones referentes a la calidad de sus aguas. Y
lo más preocupante es que no se actúa decididamente para solucionarlo.
polÍticas que favorecen la especulaciÓn
Las actitudes
y políticas observadas tanto por la Dirección General de Costas
y algunas Comunidades Autónomas, ensombrecen el paisaje litoral.
Las actuaciones del Ministerio de Medio Ambiente no presagian
un futuro muy halagüeño para nuestras costas, sirva como ejemplo
la modificación de la Ley de Costas, que se realizó en diciembre
de 2002 encubierta dentro de la Ley de acompañamiento de los
presupuestos generales del Estado, y que fue aprobada gracias
a la mayoría del Partido Popular.
Las modificaciones aprobadas en su momento,
diseñadas al servicio de las empresas constructoras, echan más
leña a la hoguera de la especulación urbanística, olvidándose
completamente de la protección y conservación de nuestras dañadas
y frágiles costas.
Pese
al posterior cambio de gobierno, aquella situación no se ha
revertido. Nuestro privilegiado litoral, desde los acantilados
más abruptos hasta las marismas y playas, es patrimonio común
de todos y así debe ser entendido por Administraciones, agentes
sociales y sectores relacionados con él si queremos conservarlo
y seguir disfrutándolo.
Fuente: Greenpeace