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(15-02-07)Es
otro de los mamíferos que está a
punto de desaparecer del planeta Tierra por la
acción del ser humano. Todo
empezó en
1150, cuando el rey Sancho VI “el Sabio”, el fundador de San Sebastián,
dio el pistoletazo de salida para la caza intensiva de la ballena franca
o de los vascos.
Cuentan
los historiadores que el azar y la interesada influencia de
un poderoso comerciante francés sobre el recién
coronado rey de Navarra, Sancho VI “el Sabio” (1133-1194),
fueron los desencadenantes de que se iniciara una cacería
intensiva de la ballena de los vascos o franca, que ha llevado
la especie al borde de la extinción. Conocida como Eubalaena
glacialis (Müller, 1776), ballena franca septentrional
o de los vascos (ES), bale urdin (EUS), balea vasca (GAL),
northern right whale (ENG), baleine de Biscaye (FRA), Noordkaper
(HOL) o Nördlicher
Glattwal (GER), era abundante en el litoral del Mar Cantábrico
y la cornisa atlántica hasta África. Hace tiempo
que desapareció de nuestras costas y sólo quedan
unos 250 ejemplares en el Atlántico Norte.
Sancho
el Sabio cambió el nombre de Reino de Pamplona por el
de Navarra y su mandato estuvo marcado por los enfrentamientos
con Castilla y Aragón, su participación en la política
europea, la realización de importantes obras arquitectónicas
y la fundación de monasterios cistercienses. Gracias a
sus relaciones con comerciantes vascos, holandeses y franceses,
el fundador de la ciudad de San Sebastián impulsó la
creación de una gran industria ballenera. Por aquellos
tiempos, la ballena de los vascos se convirtió en una
fortuna viviente, sobre todo por su aceite.
LOS
BALLENEROS VASCOS FUERON LOS PRIMEROS ESQUILMADORES
Entre
1150 y 1500, la intensidad con que se cobraban piezas acabó con
la existencia de las ballenas francas en la parte oriental del
Atlántico. Así, en el siglo XVI, los balleneros
vascos ampliaron su zona de captura hacia el oeste, hasta las
costas
de la península de Labrador. Los balleneros de Nueva
Inglaterra y norteamericanos tomaron el testigo de los vascos, y continuaron
la caza, aunque la demanda de aceite de ballena cayó en picado (también
su caza) al utilizarse nuevos recursos para la obtención
de aceites.
Desde
que en 1935 se prohibió a nivel mundial la caza de la
ballena franca y se inició un programa de protección,
los pocos ejemplares que quedan habitan aguas templadas y frías
de los grandes océanos del hemisferio norte y en la costa
americana, desde el sur, en Florida, hasta el norte, en Nueva
Inglaterra. La situación de la población del Pacífico
es muy poco conocida, y se cree que en el Atlántico existen
dos poblaciones de esta especie geográficamente aisladas.
La mayor parte del año no se acercan demasiado a la costa,
pero durante la época de reproducción a menudo
se las ve en ellas. Se alimenta en aguas frías y templadas
y baja a reproducirse a aguas más cálidas, sin
llegar a zonas tropicales.
ALGUNOS EJEMPLARES
ALCANZAN LOS 16 METROS DE LARGO
Existen
al menos dos especies diferentes de este género (E.
glacialis y E. australis), y algunos autores proponen incluso
una tercera más. Las diferencias entre unas y otras son
bastante sutiles, presentando muchas semejanzas. Se trata de
animales corpulentos y grandes que alcanzan tamaños de
14 a 16 m, en ocasiones incluso algo más (como en el resto
de los misticetos, las hembras son de mayor tamaño que
los machos). El peso puede llegar hasta las 80-100 toneladas.
El
cuerpo es rechoncho, con una cabeza de gran tamaño (hasta un tercio
o más de la longitud del cuerpo) normalmente recubierta de muchas
callosidades en el extremo de la mandíbula superior e inferior,
en los labios y sobre los ojos. La forma y la disposición de estas
callosidades son útiles a la hora de identificarlas, pues varía
de un individuo a otro. En el dorso de la cabeza, por detrás de
las callosidades, se
sitúan dos espiráculos muy separados. La mandíbula
superior es estrecha, larga y arqueada; los labios de la mandíbula
inferior son muy grandes y se extienden hasta alcanzar la mandíbula
superior. La cavidad bucal alberga entre 180 y 300 finas y largas
barbas que pueden alcanzar los 3,5 metros de longitud, y que presentan
un color gris oscuro a negro.
No
tiene aleta dorsal y las aletas pectorales son grandes y anchas,
con forma de espátula. La aleta caudal presenta lóbulos
anchos y puntiagudos, separados por una muesca muy profunda.
El color predominante de los individuos de esta especie es negro
o marrón muy oscuro, con presencia de una mancha blanca
irregular en algunos ejemplares. Las aletas pectorales y caudal
son también de color oscuro. Las llamativas callosidades
son de color blanquecino o amarillento.
Texto: Juan
Diego M. Alcaraz.
Fuentes: FAO, Center for Coastal Studies,WHO Institution,
SEC, Ministerio de Medio Ambiente, Cetacean Database |