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MÁS PRESIÓN SOBRE LAS BALLENAS
(26-06-09) La
reunión de la Comisión Ballenera no ha tenido muchos frutos;
de hecho, a duras penas se ha conseguido contener a muchos
países que quieren multiplicar sus capturas de ballenas. La
reanudación de la caza de ballenas a gran escala es un riesgo
latente.
Mientras
se levantan voces para que se amplíe la protección a otros
cetáceos, los 85 países miembros de la Comisión Ballenera Internacional
(CBI) se resignan a continuar un año más la discusión sobre la
posible reanudación de la caza de los grandes cetáceos, al tiempo
que un informe reveló que mantenerlas vivas es muy rentable.
El turismo
relacionado con la observación de ballenas generó 1.400 millones
de euros en 2008 y atrajo a 13 millones de personas de 119 países,
según datos divulgados en la reunión anual de la CBI que se celebra
esta semana en el archipiélago luso de Madeira.
Según fuentes de la Comisión, entre los
delegados asistentes hay acuerdo para prolongar un año más las
discusiones sobre la reapertura de la caza del mamífero marino,
suspendida oficialmente en 1986, aunque cada año se sacrifican
unos 2.000 ejemplares.
Pero los
datos del Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales
y su Hábitat (IFAW) presentados en Funchal, capital de Madeira,
por el ministro de Medio Ambiente de Australia, Peter Garrett,
revelan que las ballenas vivas tienen un gran potencial turístico
y atraen a cientos de miles de visitantes.
las ballenas VALEN MÁS VIVAS QUE
MUERTAS
En el marco
de la 61 reunión plenaria de la CBI, Garrett destacó que ese
estudio demuestra que las "ballenas son más valiosas
vivas que muertas" y resaltó que "los beneficios son
mayores dejando atrás la caza".
Según el informe, esta industria
tiene un gran "potencial" que ya en 1998 supuso nueve
millones de observadores de ballenas en 87 países y beneficios
de 730 millones de euros. Desde entonces, esa nueva industria
ballenera ha crecido a un ritmo de 3,7 por ciento al año y ha
generado alrededor de 13.200 empleos.
Garrett
argumentó con estos datos la postura de Australia, que rechaza
la caza de ballenas, y señaló que son un respaldo para los países
defensores de la preservación de los cetáceos y suponen una "apuesta
económica sostenible".
Sin
embargo, otros países también miembros del organismo creado en
1946, con Rusia, Noruega y Japón a la cabeza, han solicitado
que la Comisión vuelva a sus orígenes y se dedique a gestionar
la caza de los animales y no a protegerlos.
En
esa misma línea está Dinamarca, cuya petición de ampliar la cuota
de capturas destinada a la alimentación de los nativos de su
territorio autónomo de Groenlandia ha sido muy mal acogida por
los mismos países europeos. Los miembros de la UE rechazan la
petición de Dinamarca por considerar "insuficientes" sus
argumentos para justificar la creación de una cuota de caza anual
de 10 ballenas jorobadas, una especie muy amenazada, en los mares
de Groenlandia.
LOS INTERESES CREAN PROFUNDA DIVISIÓN
ENTRE PAÍSES
Ésa
y otras cuestiones debían votarse en la conclusión de los trabajos
de la CBI, aunque los países de la Unión Europea ya manifestaron
su oposición y recordaron que esos animales son una especie protegida
de la caza comercial.
El
61 encuentro de la Comisión Ballenera Internacional, creada primero
por 17 países que se asociaron para regular la caza de los mamíferos
marinos y a la que se han ido sumando los firmantes de la convención
internacional sobre la materia, celebra también sesiones de su
comité científico y los subcomités técnicos.
La reunión de Madeira ha escenificado,
una vez más, la profunda división que hay en el organismo sobre
el futuro de las ballenas y ha servido para que varias organizaciones
ecologistas presentes, entre ellas Greenpeace, carguen contra
los defensores de la caza.
Los japoneses y su caza con "fines
científicos", permitidos por la moratoria de la CBI, han
sido los más criticados por las ONG ambientales, que acusan a
Tokio de influir en otros países para bloquear las votaciones
a favor de ampliar la protección de los cetáceos y crearles un
santuario en el Atlántico Sur.
Texto: Guadalupe Romero |