(12-06-09) Los canadienses ya han matado sus 300.000 focas y llega
la hora de hacer balance. Y resulta que las cifras hablan por sí
solas y la sangrienta masacre no parece muy rentable. Entonces
¿por qué se obstinan en seguir con lo mismo año tras año?
El Gobierno
canadiense sigue sin darse por aludido por las protestas mundiales,
el veto del
Parlamento Europeo, el boicot comercial y la mayoría de sus ciudadanos,
y continúa con la caza de cientos miles de focas al año, cifra
que llega incluso a amenazar la supervivencia de las poblaciones
de estos mamíferos.
En
los últimos 10 años, entre el 33% y el 50% de todas las focas
que nacieron fueron asesinadas. Este dato preocupa a los expertos,
ya que estos animales no alcanzan la edad de reproducción hasta
los seis años, por lo que los efectos de la caza de los ejemplares
más jóvenes, está empezando ahora a resentirse.
Con el paso de los años se confirma el
informe del biólogo investigador de la Universidad de Bristol
(Reino Unido), Stephen Harris, que publicó un informe sobre las
poblaciones de focas arpa en el noroeste atlántico. En su investigación
evaluó los modelos del gobierno de Canadá para estimar el número
de focas existentes.
Harris
explicó que las poblaciones estaban amenazadas porque “muchas
variables como la disponibilidad de comida para las focas, el
cambio climático, y la bioacumulación de toxinas antropogénicas
no se toman en cuenta”. Estas variables reducen el índice
de reproducción de los mamíferos y aumentan su mortalidad. Las
focas paren y amamantan a sus crías sobre un hielo que cada vez
se resquebraja más. En algunas ocasiones la capa de hielo se
deshace antes de que la cría sea capaz de sobrevivir a mar abierto.
El investigador británico critica
que no se valoren los aspectos biológicos de las poblaciones
y que el gobierno se base en estimaciones de poblaciones inciertas
para determinar el número de animales que deben ser sacrificados
cada año. El 80% de las focas podría estar en peligro.
Según los ecologistas, la reducción
de la caza en los años 80 permitió a las poblaciones recuperarse,
pero hoy la cacería es mayor que hace 50 años. Además de huir
de sus predadores naturales (tiburones, ballenas y osos polares),
las focas se enfrentan a los cazadores. (Ver
todo lo publicado en Buceo Virtual)
las cifras de una cacerÍa
cruel e inÚtil
En los últimos cuatro
años, la caza de focas arpa o de Groenlandia (Pagophilus
groenlandicus) se ha saldado con la muerte de un millón
de animales; este año la cifra ha superado las trescientas mil.
Es la mayor matanza de mamíferos marinos del mundo, una agresión
que espeluzna aún más si se conoce este dato: el 97% de las focas
que mueren son crías de menos de tres meses de edad.
El gobierno
de Canadá tiene leyes muy estrictas al respecto para que las
focas eviten el dolor y el sufrimiento al morir. Pero no se cumplen.
El actual Reglamento Canadiense de Mamíferos Marinos obliga a
los cazadores a “golpear directamente en el cráneo para producir
la muerte inmediata y esperar al menos un minuto hasta que la
foca se desangre para desollarla”. No obstante, los veterinarios
y los zoólogos informan de que los cadáveres de las focas muestran
numerosas heridas en todo el cuerpo, y que en el 66% de los casos
el animal es despellejado vivo y consciente.
Ante
esas circunstancias, el senador canadiense Marc Harb fue el primer
parlamentario en presentar el pasado marzo un proyecto de ley
que prohíbe la caza de focas arpa. No tuvo el apoyo de ningún
partido político –ni siquiera el suyo-, pero sí el de organizaciones
no gubernamentales como Humane Society International (HSI)
A pesar de que el
Gobierno asegura que las focas no sufren, “este tipo de caza
no es viable sin crueldad”, explica Rebecca Aldworth, directora
de HSI Canadá. “Las imágenes que se han filmado en la campaña
de este año demuestran que la matanza es tan cruel e inhumana
como siempre ha sido”, apunta la ecologista que lleva más
de 11 años mostrando la realidad sangrienta del hielo del Golfo
de San Lorenzo donde dice haber visto “las peores atrocidades.
un comercio que ya no es rentable
Este
año han sido más de 300.000 las focas que han muerto a manos
del ser humano, pero a un precio que muchos cuestionan. El gobierno
canadiense estima que son entre 5.000 y 6.000 cazadores canadienses
quienes obtienen ingresos de la caza de focas, pero sus ingresos
anuales con esta práctica no llegan al 5%. Según Aldworth, “ésta
no es la mejor manera de crear empleo; se puede hacer mejor”.
En 2008 los cazadores ganaron el 2,5%
de sus ingresos anuales con la matanza de focas, en total, siete
millones de dólares canadienses para Canadá, una ínfima parte
si se compara con los 2.500 millones de dólares de beneficio
anual que aporta la exportación del 66% de su marisco a EE UU.
Aunque
Canadá insiste en que el mercado de la caza de focas arpa es “de
vital importancia para la economía de las poblaciones costeras
del Atlántico”, los datos demuestran lo contrario. El comercio
de productos derivados de estos mamíferos es una actividad económica
“marginal”. El Estado de Newfoundland ejemplifica bien esto:
la matanza de focas aporta menos del 1% a su economía. Además,
aunque cada año se emiten 11.000 licencias para cazar, por cinco
dólares canadienses cada una, sólo la mitad se utilizan.
La caza de focas responde a un
mercado concreto, el de las pieles, ya que la carne de los animales
permanece en el hielo hasta que desaparece. Sin embargo, este
comercio de lujo encuentra cada vez menos compradores; desde
2006 el precio de las pieles ha disminuido un 86%, hasta situarse
en 15 dólares canadienses por piel.
“Si se tiene en cuenta la
realidad económica de esta cacería y la ausencia de mercados
para la compra de productos lujosos como las pieles, el comercio
nunca será rentable”, señala Harb. Además, el Departamento
de Pesca y Océanos de Canadá ya ha advertido a los cazadores
de no matar a las focas si no hay compradores para sus pieles.
Texto: Guadalupe Romero.
Con información de SINC,
Animalnaturalis, Seal Research Canadá
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