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La gran catÁstrofe que no vemos
(14-06-10) Galletas gigantes de crudo mezcladas con metano se extienden por las profundidades del océano con consecuencias devastadoras. A día de hoy podemos ver la catástrofe en la superficie, pero debemos estar también preocupados por el gran desastre submarino, los efectos en la vida marina que aún no podemos ver.
A mediados de mayo los científicos detectaron las enormes galletas de crudo submarinas que se extienden sin control desde el pozo de petróleo del Golfo de México. Inmediatamente, BP desestimó los informes y también las autoridades federales dijeron que las informaciones de los científicos eran “engañosas, prematuras y, en algunos casos, inexactas”.
Ahora está cada vez más claro que los informes iniciales del petróleo bajo el mar eran correctos, que la vida que da oxígeno a la columna de agua se está agotando, y que las leyes de la química hayan sido derogadas, los dispersantes están empeorando los tentáculos de crudo submarino. Lo que podría haber sido otra marea negra –terrible en sí misma- se ha convertido en algo sin precedentes.
La catástrofe del Deepwater Horizon entrará en el libro de los records no por “cuánto” sino por “dónde”: un enorme escape de petróleo que ha llegado no sólo a los vulnerables litorales y las frágiles marismas, sino a las profundidades inexploradas del mar.
Las consecuencias para el delicado equilibrio de la existencia en los vulnerables ecosistemas del golfo y para los ciclos de la naturaleza que sostienen la vida allí y más allá son incalculables, puesto que son potencialmente devastadoras.
Debemos preocuparnos sobre el petróleo en la superficie. Va a causar un daño muy grave –pérdida de marismas y erosión de la costa, impacto en la pesquería, aves muertas, tortugas muertas- pero sabremos lo que es. Son las cosas que no sabemos las que nos deben preocupar más que ninguna otra. ¿Qué ocurre si se acaba con todas las medusas de las profundidades? No sabemos cuál es su papel en el medio ambiente. Pero la madre Naturaleza las puso ahí por una razón y muchas de ellas están en los caminos de las manchas.
FEA ALQUIMIA A 1.500 METROS DE PROFUNDIDAD
Su presencia ha acabado con el cliché de que el aceite flota en el agua. Esa regla describe correctamente lo que sucede cuando hay un vertido de crudo puro en el mar, proveniente de un pozo que está a poca profundidad o un petrolero en la superficie, como sucedió con el Exxon Valdez. Pero cuando un pozo de petróleo está a 1.500 metros de profundidad, donde hay una mezcla de crudo y metano disuelto a enorme presión y temperatura, los estudios predicen que las propiedades físicas y químicas del vertido serán sometidas a una fea alquimia.
Los dispersantes están cambiando la química y la física del petróleo, creando microcapas del mismo que están siendo transportadas por las corrientes profundas. Incluso sin los dispersantes, el crudo se rompe en millones y millones de gotas que quedan suspendidas y encerradas en la columna de agua, lo que impide que lleguen a la superficie. El resultado son las plumas o galletas submarinas detectadas por primera vez por el buque de investigación Pelican tres semanas después de la explosión.
Para empeorar las cosas, los dispersantes químicos que funcionan bastante bien en los vertidos en la superficie, que dividen el petróleo en gotas que degradan más rápidamente que una capa contigua, pueden estar agrandando el problema bajo el mar.
Un informe de 2007 del Minerals Management Service –que dio el visto bueno a las concesiones petroleras y de gas- sobre las consecuencias medio ambientales del la extracción de petróleo y gas fuera de la plataforma continental concluían que las plumas submarinas eran una posibilidad real. El uso de dispersantes en las mareas negras podría hacer que estos componentes llegaran a alcanzar las aguas más profundas de las zonas de arrecife.
BP ha bombeado 700.000 litros de dispersante en la boca del pozo fuera de control (más 3.000 en la superficie). Esto está haciendo que más crudo se divida y hace más improbable que llegue a la superficie. No ha habido teorías sobre que BP intentara dejar lo peor del vertido fuera de la vista.
En cuanto a lo que los científicos pueden decir, el petróleo submarino es en realidad una mezcla de crudo con metano disuelto que se extiende por 24 km. de longitud y 8 de anchura y tiene 90 metros de espesor en el caso de la pluma detectada por el Pelican, y 35 km. de longitud, 10 de anchura y 900 metros de espesor en el caso de la pluma descubierta por los investigadores de la Universidad del Sur de Florida (USF) a bordo del WeatherBird II la semana pasada. Esta pluma llega hasta la superficie.
SÓLO DETECTADA POR INSTRUMENTOS SOFISTICADOS
El escepticismo de la NOAA sobre las plumas es correcto en un punto. Contrariamente a los que podría parecer, las plumas de petróleo no son enormes serpentinas negras. Los investigadores de la USF consiguieron tomar imágenes de una la semana pasada, pero en general sólo son detectadas mediante sofisticados instrumentos bajados a las profundidades. Las muestras ni siquiera se ven negras, aunque cuando se pasan por un filtro se descubren manchas negras.
Estos ríos submarinos de petróleo, aunque están tan concentrados como el petróleo en la superficie, van a afectar al golfo de dos maneras; la primera es la reducción de oxígeno, que se ha estimado en el 30% en las plumas; la otra serán los efectos tóxicos directos causados por el petróleo y el metano.
Las tortugas laúd y los cachalotes bucean a una profundidad de 100 metros, donde aún no se han detectado plumas, y no son lo suficientemente inteligentes como para realizar una acción evasiva. No reconocen las plumas como algo peligroso. Los tiburones, gambas y calamares son habitantes de las profundidades, que los protegerían de un vertido como el de Valdez en la superficie, pero ahora están en el punto de mira.
Los marlines, pargos y meros nadan a cientos de metros de profundidad. Una de las pérdidas más grandes puede ser la del atún rojo. Ya en peligro debido a la sobrepesca, la especie sólo se reproduce en el Mediterráneo y el Golfo. Esto puede significar el fin de la especie. Incluso la ingestión de pequeñas partículas de crudo, como las de las plumas, pueden ahogar al pez al salir por las branquias.
Otras especies en peligro por las plumas de las profundidades son las que migran hacia abajo desde la superficie y otras que se desplazan cada día en sentido contrario. Hay plancton que va de la superficie al medio de la columna de agua. Unos animales lo comen y se desplazan más abajo, y otros lo comen y van al fondo. Todas las zonas de vida interaccionan y ahora todas están siendo dañadas.
El peor efecto de muerte a gran escala en el suelo del golfo no es tan fotogénico como los pelícanos muertos, pero sí mucho más pernicioso. Los organismos que con toda probabilidad van a morir a causa de las plumas de petróleo son los que se encuentran en la base de la cadena alimenticia. La mayoría de los productores primaros, como el fitoplancton, viven por toda la columna de agua. Los efectos sobre ellos irán en cascada a las especies más grandes, por las que nos preocupamos.
En el punto de mira hay sólo especies que viven en o junto al lecho marino: los corales de las profundidades, medusas y peces como la corvina del Atlántico, la trucha de arena, el casabe, el rubio y el serrano arenero. Hay tres arrecifes de coral en el área cercano a la superficie del vertido, y dos están cerca de una pluma que los científicos rastrearon la semana pasada. El petróleo podría ser letal para los arrecifes.
Una preocupación especial son los cientos de comunidades de filtradores del golfo, enclaves de crustáceos, gusanos de tubo, peces diminutos, mejillones y cangrejos que viven cerca de cortes naturales del lecho marino. Estos cortes liberan hidrocarbonos, que podrían sugerir que las plumas de petróleo y metano podrían ser buenas para estas criaturas.
El petróleo de la superficie del océano se evapora finalmente, es degradado por la luz del sol, consumido por los microbios y limpiado en playas, donde puede ser recogido. El destino y los efectos del petróleo bajo el mar son en gran parte desconocidos.
Texto: Guadalupe Romero
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