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(29-04-09) Reproducimos un artículo sobre
los mares esquilmados por la sobrepesca y el sombrío futuro de
muchas especies a punto de desaparecer, publicado por José Carlos
García Fajardo en el Portal del Medio Ambiente.
La FAO alerta
de que el 80% de los caladeros mundiales están sobreexplotados.
El 30% de las especies marinas están por debajo del límite biológico
de seguridad. Cada día crece el temor de que no puedan regenerarse.
En pocos años, los mares quedarán esquilmados y desaparecerá
el sector pesquero como agente económico. Como ya ha sucedido
con los caladeros europeos.
Desde los
mares del Norte, al golfo de Vizcaya, Cantábrico y el Mediterráneo
han agotado y destrozado el hábitat de la mayoría de especies.
Este agotamiento se debe a la pesca de arrastre con redes kilométricas,
los cercos que atrapan hasta a las crías, uso de luces potentes,
del sonar, del radar y del servicio de los satélites que buscan
vida en los mares para destruirla. De niño, yo oía hablar de
la pesca con dinamita en las rías gallegas, con luces y con artes
prohibidas.
Por eso nuestras
flotas europeas se fueron en busca de ricos caladeros de África,
Latinoamérica y Asia. En muchos países se sirvieron de gobernantes
sin escrúpulos, de la falta de medios para defender la pesca
en sus aguas, o de falsas empresas mixtas que esquilmaban sus
riquezas y se servían de una mano de obra explotada y que viven
como exiliados en sus propios mares.
¿Acaso no
hemos esquilmado los caladeros del Gran Sol, mar de Barents y
otros muchos? ¿No es cierto que el 93% del bacalao del mar del
Norte es capturado antes de desovar y que, desde 2005, no hay
pesca de anchoa en el Cantábrico en un intento desesperado de
devolver la especie a niveles de explotación viables?
arrasamos allÁ por donde pasamos
No se han respetado las vedas, ni
los tamaños, ni sus migraciones, ni la regeneración de sus espacios
naturales. Hemos arrasado allá por donde hemos pasado, no sólo
europeos, sino rusos, norteamericanos, chinos y japoneses, junto
a empresas de otros países que pescan, preparan y envasan con sus
marcas propias.
Hemos
visto el exterminio de gran parte de ballenas y otros cetáceos,
aunque el 90% de su carne sirviera para fabricar piensos para
cerdos, aves y otros animales. Japón se escuda en la “investigación
científica” para cazar millares de ejemplares cada año, aunque
sólo utilicen para sus exquisiteces gastronómicas, como sucede
con las aletas de tiburón. Los científicos alertaban, organizaciones
de la sociedad civil denunciaban y se arriesgaban en la defensa
de esos espacios marinos. Pero los gobiernos y los medios cerraban
los ojos porque se trataba de los intereses económicos de los
más “desarrollados”.
Ahora todos
se echan las manos a la cabeza mientras las grandes potencias,
España incluida, envían sus flotas de guerra con decenas de miles
de marinos y de soldados, aviones, helicópteros, armas y las
más modernas tecnologías espaciales para proteger a los corsarios
de nuestro tiempo: las flotas pesqueras que esquilman desde hace
décadas las aguas de Somalia bajo la farsa de que están en “aguas
internacionales”. No hay que olvidar que, en Djibuti, Estados
Unidos tiene una de sus mayores bases militares y que el Golfo
de Adén es crucial en la estrategia occidental.
Hay
pruebas de que han faenado en las cercanías del litoral africano.
Los modernos piratas han invadido y esquilmado aprovechándose
de la falta de gobiernos y de administraciones eficaces en esos
países. La Unión Europea, el G8 y la ONU tienen graves responsabilidades
por no ayudar a restaurar la convivencia cívica y política en
esos países.
interesan los polÍticos corruptos
Sucede
como en países con reservas de petróleo, gas, bauxita, coltán,
oro, diamantes y ricas maderas. Les interesa la corrupción de
los políticos para seguir actuando como durante las conquistas
y las colonias, pero ahora sin la responsabilidad de “Cristianizarlos,
Civilizarlos y abrirlos al Comercio”, las tres Ces de la Conferencia
de Berlín.
La
Comisión Europea pretende atajar un problema derivado de una
flota pesquera con exceso de capacidad, unos recursos pesqueros
cada vez más reducidos y una enorme demanda. Y no se les ocurre
más que crear un sistema de derechos de pesca transferibles,
como ha sucedido con la contaminación, como si existiera un derecho
a contaminar y a mercadear con esas cuotas de muerte.
Ahora pretenden potenciar la acuicultura
para mantener el ecosistema marino y una actividad de la que
dependen millones de empleos en la Unión Europea. ¿Acaso los
naturales de esos países esquilmados no tienen derechos? Nadie
justifica los crímenes de esos piratas actuales que se aprovechan
del desastre. Pero es preciso buscar las causas de esa situación
antes de anatematizarlos.
Enviamos a los soldados para combatir
a los piratas de turno, olvidando a los auténticos corsarios
al servicio de los intereses de siempre. ¿No habría otro destino
más justo y seguro para ese ingente dinero empleado en la custodia
de unos buques?.
Texto: José Carlos García
Fajardo. Profesor emérito de la Universidad Complutense de
Madrid
y director del Centro de Colaboraciones Solidaria. Publicado
en el Portal del Medioambiente |