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(02-02-11) El Mar de los Sargazos ha sido, y es, un lugar lleno de enigmas y misterios que poco a poco se van desvelando. Allí se juntan tres fenómenos biológicos y una inquietante fama de naufragios y desapariciones.
En la parte noroccidental del Atlántico existe un extraño mar de aguas tranquilas, no limitado por tierra alguna, en el que ocurren misteriosas desapariciones de barcos, aviones y personas, y se dan tres excepcionales fenómenos biológicos: la superficie cubierta de algas Sargassun natan, el “año perdido” de la tortuga boba (Caretta caretta) y la procreación, nacimiento, y muerte de la anguila (Anguilla anguilla).
Esta masa ovalada de agua, que ocupa una superficie equivalente a dos tercios de la extensión de los EE.UU., gira en torno a las islas Bermudas, cuyas magníficas playas son la única tierra que bañan las aguas del mar de los Sargazos. El mar de los Sargazos se encuentra rodeado por importantes corrientes oceánicas: la corriente del Golfo por el norte, y las corrientes que circulan hacia el oeste a lo largo del trópico de Cáncer, por el sur.
Las fuerzas de rotación de las corrientes circundantes hacen que el nivel en el centro del mar de los Sargazos sea casi un metro más alto que el de las aguas del Atlántico que lo rodea. Este acorralamiento da como resultado un sistema de aguas superficiales relativamente cálidas que gira lentamente, en el sentido de las agujas del reloj, sobre las aguas profundas del océano, mucho más frías y densas.
Esta estratificación del agua por densidades, provocada por la diferencia de temperatura, tiene importantes consecuencias ecológicas. En las aguas superficiales, donde llega la luz, abunda el plancton vegetal, que consume sales como los fosfatos y nitratos.
Debido a la diferencia de densidad, el agua de la superficie apenas se mezcla con el agua fría y rica en minerales de las capas inferiores, que podría reponer las sales consumidas. Por esta razón, en las regiones superiores del mar de los Sargazos apenas existe vida animal, y carecería de interés biológico si no fuera por el alga que le da el nombre, el sargazo, que forma grandes campos, rebosantes de organismos marinos.
SARGAZOS, UN MAR DENTRO DE UN OCÉANO
La principal característica de esta enorme zona, de la que viene su nombre, es la presencia de una especie de alga flotante, el sargazo, que marca los límites de este mar dentro de un océano, ya sea flotando en forma separada o en grandes masas.
Cuando Colón contempló todas aquellas algas en su primer viaje, dedujo erróneamente que la tierra estaba cerca, y se sintió muy reconfortado. Por cierto, su tripulación no compartía del todo aquel sentimiento.
El límite norte de este mar de algas está constituido por la Corriente del Golfo, que avanza primero hacia el Nordeste y luego hacia el Este. Por el Oeste y el Sur limita con la misma Corriente del Golfo, en su desplazamiento de regreso, y con la Corriente Nord-Ecuatorial. Aunque es algo amorfo, se extiende desde los 37° de latitud Norte, aproximadamente, hasta los 27° de latitud Norte, y desde los 75° Oeste hasta los 40° Oeste.
Bajo sus profundas aguas yacen las llanuras abismales de Hatteras y Nares, la abrupta elevación de Bermuda, numerosas e intrigantes montañas marinas, que se elevan hacia la superficie, pero terminan en cumbres planas, como si en alguna época hubiesen sido islas.
En sus límites orientales se encuentra una parte de la cordillera del Atlántico Norte, enorme cadena montañosa en medio del océano Atlántico, cuyas altas cumbres irrumpen a través de la superficie marina para constituir las islas Azores.
Visto de otra manera; se trata de un mar casi estancado y desprovisto de corrientes, excepto en sus límites. Se extiende desde unos 320 km al norte de las Grandes Antillas hasta la Florida y la costa Atlántica; permanece a una distancia de tierra que generalmente no llega a los 320 km, y se desplaza hacia los alrededores del cabo Hatteras, siguiendo luego en dirección de la Península Ibérica y África, hasta la cordillera del Atlántico Norte, para regresar por fin hacia las Américas.
“CALMAS DE MUERTE”, ORIGEN DE LEYENDAS
Otra de las características de este mar está constituida por sus calmas de muerte, que pueden estar en el origen de la leyendas pintorescas pero inquietantes que se refieren a los Sargazos como el "Mar de los Barcos Perdidos", el "Cementerio de los Barcos Perdidos" o el "Mar del Miedo".
Cuenta esta creencia de los marinos, que existe un gran cementerio en la superficie del Atlántico que contendría barcos de todas las edades de la navegación humana, capturados e inmovilizados en campos de algas y sufriendo una lenta descomposición, pero gobernados todavía por tripulaciones esqueléticas, o más bien por tripulaciones de esqueletos integradas por los infortunados que no consiguieron escapar y debieron así compartir el destino de sus navíos...
En esta zona de la muerte habrían de encontrarse buques de vapor, yates, balleneros, clippers, paquebotes, bergantines, barcos piratas y, para que la historia resulte mejor, galeones españoles repletos de tesoros.
En sus nuevas y entusiastas versiones de los relatos, los marinos incluían otros barcos que, para la época de la nueva narración ya estaban podridos y desaparecidos, como por ejemplo los dragones de los Vikingos, que se quedaron llenos de esqueletos al mando de los remos, galeras árabes, trirremes romanos, con sus grandes bancos de remeros, navíos de comercio fenicios con anclas de plata e incluso las grandes embarcaciones de la perdida Atlántida, con sus remos cubiertos de láminas de oro. Todos condenados a pudrirse durante siglos en un océano inmóvil.
Las primeras leyendas sobre el Mar de los Sargazos podrían haberse originado entre fenicios y cartagineses, quienes tal vez lo cruzaron hace milenios, llegando hasta las Américas, como lo señalan las numerosas inscripciones pétreas halladas en Brasil y en los Estados Unidos, los tesoros de monedas fenicias encontrados en las Azores, las monedas cartaginesas descubiertas luego en Venezuela y en la costa sudoriental de los Estados Unidos, y las antiguas representaciones pictóricas de los que parecen ser visitantes semitas a México.
Texto: Guadalupe Romero |