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(17-04-07) Las
dos familias de tortugas marinas que existen en la
actualidad aparecieron hace más de 200 millones de años
y han estado en continuo proceso de adaptación al medio,
hasta que la acción del hombre las ha empujado al abismo
de las especies en peligro de extinción.
Uno
de los grupos de reptiles más antiguo y llamativo es el
de las tortugas marinas, unos seres que en su evolución
se han adaptado al medio marino y que tienen características
como la respiración pulmonar y la puesta de huevos en
playas, que nos recuerdan su origen terrestre. Las primeras tortugas
marinas aparecieron en el Jurásico y, en el período
Cretácico (hace 130 millones de años), las tortugas
marinas eran muy comunes, representadas por cuatro familias: Toxochelyidae,
Protostegidae, Cheloniidae y Dermochelyidae, y sólo
estas dos últimas han llegado hasta nuestros días.
Científicos y estudiosos del tema no terminan de ponerse
de acuerdo si son siete las especies que existen hoy día,
y si hay una octava o se considera a ésta como subespecie.
La polémica se centra en la tortuga verde (Chelonia
mydas); existen dudas sobre si la tortuga negra (Chelonia
agassizii) es una subespecie de la mydas o bien
es una especie aparte. Las otras seis especies que viven hoy son:
tortuga boba (Caretta caretta), tortuga carey (Eretmochelys
imbricata), tortuga bastarda (Lepidochelys kempy),
tortuga golfina u olivácea (Lepidochelys olivacea),
tortuga franca oriental (Natator depressus) y la tortuga
laúd (Dermochelys coriacea).
Las
tortugas son animales de sangre fría y, dado que no son capaces de
mantener una temperatura corporal constante, su distribución se restringe
a zonas tropicales o subtropicales, entre los paralelos 20 norte y sur. Pero
hay una excepción a la regla: debido a su tamaño, aislamiento
térmico y flujo sanguíneo, la tortuga laúd es capaz de
regular su temperatura corporal lo suficiente
como para adentrarse en aguas frías y bucear
a grandes profundidades
buscar alimento.
En
general, las tortugas de las siete especies tienen un ciclo de
vida muy similar y son animales solitarios, aunque realizan migraciones
comunitarias de miles de kilómetros (a veces más
de 13.000) en sus viajes a sus zonas de alimentación, reproducción
o cría. Los recién nacidos también hacen largos
viajes, desde sus playas hasta las zonas de alimentación,
utilizando los mismos medios de orientación de los adultos
que hasta ahora conocemos: detección de campos magnéticos,
corrientes marinas y oleaje, así como estímulos olfatorios
y visuales que les sirven de guía.
QUEDA MUCHO
POR CONOCER SOBRE LAS TORTUGAS
Hay
grandes lagunas en el conocimiento de las tortugas, especialmente
en lo que se refiere a su ciclo de vida. Por ejemplo, después
de la eclosión de los huevos, las pequeñas tortugas
se adentran en el mar y nadan buscando las corrientes marinas.
Es la fase de vida menos conocida de las tortugas marinas, que
se conoce como “the lost years”, “los años perdidos”,
un período que dura más de una década, hasta
que tienen unos 35 cm de longitud de caparazón.
Todas
las tortugas marinas tienen un aspecto bastante parecido, con la excepción de la tortuga laúd, que tiene un caparazón
muy diferente al de las demás especies, compuesto por un mosaico
de pequeños huesos y cartílago cubiertos por una capa de
piel parecida al cuero. En general, en las tortugas marinas el caparazón
es más aplanado que el de las terrestres y está compuesto
también por una serie de placas óseas desarrolladas entorno
a la caja torácica que protege los órganos vitales.
En
su adaptación al medio marino, las extremidades se han transformado
en aletas y han desarrollado una potente musculatura que las permite
nadar a gran velocidad. Tanto en la forma de la cabeza como en
las variaciones del caparazón se centran las diferencias
entre especies, pero coinciden en que tienen una gran capacidad
natatoria, surcando las aguas como planeadores, con movimientos
armoniosos. Además, son capaces de bucear a grandes profundidades
en busca de comida y aguantan sin subir a respirar a la superficie
entre 20 y 40 minutos, según especies, aunque algunos científicos
sugieren que algunas especies hibernan en aguas profundas y pueden
pasar semanas sin subir a respirar.
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WEBS Y BIBLIOGRAFÍA
* CRAM (Fundación
para la Conservación y Recuperación de Animales Marinos) www.cram.org
* SEC (Sociedad Española de Cetáceos): www.cetaceos.com/
* Proyecto Tamar sobre conservación de tortugas marinas
www.tamar.org.br/espanhol/default.htm
* Conservación e investigación sobre tortugas marinas: www.seaturtles.org
* Página europea sobre biología, conservación
y educación de tortugas marinas:
www.euroturtle.org
www.fishbase.org
* WWF/Adena 2002: “Tortuga boba: situación, amenazas y
medidas de conservación”
* WWF (2000): “Marine turtles in the wild”
* WWF (1998): “Marine turtle conservation managent in the Mediterranean”
* Bjorndal K. (1995): “Biology and conservation of sea turtles”
Texto: Juan Diego
M. Alcaraz.
Con información de: WWF/Adena,
Fundación CRAM, Tamar.org, euroturtle.org |