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(05-02-08) Según WWF/Adena,
varias especies de tortugas en peligro de extinción y capturadas
ilegalmente, alcanzan los precios más altos en los mercados
de Indonesia.
Más
de la mitad de las especies de tortugas terrestres y de agua
dulce vendidas por los comerciantes de mascotas en los mercados
de Yakarta (Indonesia) están amenazadas y casi todas son
obtenidas ilegalmente, según un estudio de TRAFFIC, la
red de seguimiento del comercio de vida silvestre de WWF/Adena
y la UICN.
Los comerciantes
confesaron al equipo que realizó el estudio que, si una
especie de tortuga terrestre o de agua dulce tiene el estatus
de protegida, su venta se ve favorecida y se puede pedir un precio
más alto por ella. Los tratantes veían con buenos
ojos que la mayor parte de las existencias provinieran de capturas
ilegales o de importaciones.
El estudio que ha hecho TRAFFIC en el Sureste asiático
analizó a 20 minoristas de animales en el área
de Yakarta y encontró que vendían 48 especies de
tortugas terrestres y de agua dulce, tanto autóctonas
como exóticas. De estas, 26 eran especies incluidas como
amenazadas en la Lista Roja de la Unión Mundial para la
Naturaleza (UICN).
Puesto que ni las tortugas autóctonas ni las exóticas
se crían de manera comercial en Indonesia, se deduce que
todos los ejemplares del mercado habían sido importados
o capturados en estado salvaje en Indonesia.
La demanda de tortugas se está incrementando en muchos
países del sudeste asiático, porque la clase social
alta y la creciente clase media están deseando comprar
especies raras para tenerlas como mascotas. No obstante, la mayoría
de las tortugas todavía se destinan a mercados localizados
en Norte América, Europa y Japón. Incluso si los
comerciantes son completamente conscientes de la ley, la mayoría
del comercio no se realiza de acuerdo con
la legislación nacional de Indonesia o con la Convención
Sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna
y Flora Silvestres (CITES).
“Animamos
al gobierno de Indonesia a que se le dé una alta prioridad
a combatir el crimen contra la vida silvestre, y que cada esfuerzo
realizado se oriente a tomar fuertes medidas contra los criminales
involucrados en ello”, indica Chris Shepherd, técnico
del programa TRAFFIC en el Sudeste asiático.
Como no
hay una evidencia científica del impacto que tienen las
capturas en las poblaciones salvajes, TRAFFIC recomienda aplicar
el principio de precaución y disminuir todas las cuotas
de exportación a cero hasta que se complete la necesaria
evaluación de la sostenibilidad de los niveles comerciales.
APLICAR LA LEY Y PERSEGUIR A LOS
TRAFICANTES ILEGALES
Además,
las ONG implicadas y las agencias gubernamentales deberían
realizar con regularidad un seguimiento y
unos informes del mercado de las tortugas terrestres y de agua
dulce. Esto debería combinarse con la aplicación
de la ley y la capacitación y el entrenamiento de los
técnicos del gobierno responsables del seguimiento del
mercado. Asimismo, es necesario que los tratantes que, de forma
ilegal, comercian o capturan fauna salvaje sean castigados por
la ley de Indonesia.
Cabe recordar que emplear animales exóticos y salvajes
como mascota puede suponer un grave problema para la conservación
de la biodiversidad, no sólo por el impacto que produce
en las poblaciones la captura descontrolada de individuos, sino
también por la posible liberación posterior de
especies exóticas que compiten con nuestra fauna autóctona.
Un
buen ejemplo de esta situación se ha producido en España
con el galápago de Florida. Importado masivamente para
su uso como mascota (se estima que en años anteriores
a la
prohibición se vendieron en España cerca de un
millón de ejemplares), numerosos ejemplares fueron soltados
por sus propietarios en estanques, lagunas y ríos, donde
ha proliferado compitiendo con otras especies autóctonas
como el galápago leproso, a las que desplaza por su mayor
envergadura y agresividad. Ya a principios de esta década
se pudo comprobar su presencia en más de 100 localidades
de toda España.
Según
Luis Suárez, responsable del Programa de Especies de WWF/Adena: “Es
fundamental que la gente comprenda la enorme responsabilidad
que conlleva tener una mascota exótica en casa y el grave
impacto que puede suponer para la conservación de la biodiversidad
en el caso de que se trate de una especie protegida o cuyo comercio
esté prohibido”, y concluye: “Otra
gravísima consecuencia para el medio ambiente, incluso
constituye un delito, es la liberación de animales exóticos,
que compiten con las especies autóctonas desplazándolas
y provocando incluso su extinción".
Texto: Cristina Rabadán (WWF/Adena) |