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Cazadores japoneses de ballenas en apuros
(Mark Montoya / 18-02-07) Para unos pocos, mala suerte. Para la gran mayoría, un alivio, aunque marcado por la tragedia. La muerte de un cazador de ballenas y el incendio en el buque-nodriza de la flota ballenera japonesa, han puesto en peligro la campaña pesquera ilegal que todos los años emprenden. Esta temporada se planteaba como “una guerra” abierta entre Japón y los defensores de los derechos de los animales y por ahora se ha saldado con la muerte de un marinero que cayó al agua desde uno de los balleneros y fue rescatado, sin vida, días después. Es lo menos que podía haber pasado hasta ahora en esta rocambolesca historia.
El Océano Glaciar Ártico ha sido el escenario de otro episodio de la terquedad del ser humano. Japón puso en marcha su flota ilegal para capturar un millar de ballenas ante la protesta de casi todo el Mundo, y la acción de unos pocos, que pusieron su vida en peligro para defender a las ballenas. La colisión entre uno de los balleneros japoneses, el Kaiko Maru, y el buque Robert Hunter, de la fundación Sea Shepherd pudo acabar en tragedia. Los capitanes de los barcos se acusan mutuamente de haber chocado deliberadamente, los testigos afirman que el japonés abordó repentinamente al buque ecologista, mientras que desde Japón califican de “piratas terroristas” a todo el que proteste por su “pesca científica” de ballenas.
Entre comunicados y contraofensivas, en el Antártico los japoneses tratan de mantener el tipo y su orgullo a salvo, rechazando cualquier tipo de ayuda, venga de donde venga. Cuando se produjo el incendio a bordo del buque factoría Nisshin Maru, el buque Esperanza de la organización Greenpeace había relevado al Robert Hunter en su misión de hostigamiento y estaba muy cerca. Pero los japoneses, con fuego en el principal barco de su flota, rechazaron las reiteradas ofertas de ayuda por parte de ecologistas y otras organizaciones y gobiernos.
Los daños provocados por el fuego han dejado malparado el buque que hace las funciones de intendencia, almacén y factoría. Sin el Nisshin Maru, la flota ballenera no es operativa para las metas fijadas, con lo que, según el portavoz de Sea Shepherd: “se están replanteando volver a puerto. El barco dañado puede navegar, sus principales sistemas funcionan, pero el humo y los daños eléctricos no permiten el almacenamiento y procesado de las ballenas, ni el abastecimiento de víveres y combustible al resto de la flota. Parece que esta vez han perdido la partida y los elementos se han puesto en su contra. Casi estamos seguros de que en esta ocasión, cerca de 900 ballenas han tenido mucha suerte”. |