Los primeros filtradores gigantes
(UWT / 20-02-10) Las ballenas gigantes son conocidas por el filtro de comida que es su boca abierta, pero la técnica fue probablemente ideada por peces gigantescos que vivieron durante el Mesozoico.
Las ballenas están entre los animales más grandes, pero fósiles recientemente identificados revelan que fueron precedidas por peces que se alimentaban por filtración, con bocas del tamaño de una camioneta, que emergieron durante el período Jurásico, hace 170 millones de años, y que vivieron hasta la extinción que también se llevó a los dinosaurios y a otras muchas especies.
Aunque los peces ahora extintos, llamados “pachycormiformes”, no estaban directamente emparentados con las ballenas, su desaparición dejó un nicho ecológico vacío que llenaron las ballenas, los tiburones y las rayas hace 56 millones de años, ayudando a explicar la parte superior de la cadena alimentaria marina de hoy.
Los peces fósiles descritos en el último número de ‘Science’, prueban que los filtradores emergieron mucho antes que las primeras ballenas. Por este método de alimentación el comensal se suspende en el agua con la boca abierta. El agua sale por las hendiduras branquiales dejando atrás la comida filtrada. Tener una boca grande puede ayudar, y muchos de estos enormes peces debieron de tenerla.
El co-autor Kenshy Shimada, investigador asociado en paleontología del Museo de Historia Natural de Sternberg, ha dicho en Discovery News que uno de los peces que él y sus colegas han identificado, el Bonnerichthys, crecía hasta los 6m de longitud y nadaba un recorrido que cubría lo que hoy es el Estado de Kansas.
“Una especie previamente descrita, el Leedsichthys, del Jurásico europeo que pertenece a la misma línea que incluye al Bonnerichthy era aún más largo, alcanzando probablemente los 9m de longitud, lo que lo convierte en el pez óseo más grande de todos los tiempos” ha añadido Shimada, quien también es profesor asociado en el Programa de Ciencias Medio Ambientales y en el Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad DePaul.
Para el estudio, liderado por el científico de la Universidad de Oxford Matt Friedman, los investigadores analizaron tanto los fósiles viejos como los nuevos que han sido encontrados en Inglaterra, EE. UU. y Japón. El pez de Kansas se pensó que había sido como un pez espada gigante, con dientes como colmillos en sus mandíbulas.
“Sin embargo, nuestro examen detallado del ejemplar mostró que no tenía ni una nariz larga ni dientes como colmillos”, ha dicho Shimada. “Más bien, con una gran cabeza roma, el pez tenía mandíbulas sin dientes y grandes huesos para soportar las branquias, huesos que son característicos de los peces que comen plancton”.
Mientras que este pez y los demás filtradores de la Era de los dinosaurios disfrutaban de una larga existencia en el planeta, no eran rival para la extinción que a finales del Cretácico mató al 70% de las especies que vivían en la Tierra.
“Los filtradores pachycormiformes, confiando en una alimentación basada en organismos de la parte inferior de la cadena trófica, tenían el perfil perfecto para ser víctimas de la extinción” escribe Lionel Cavin en un comentario que también aparece en ‘Science’. Cavin es cuidador en el Departamento de Geología y Paleontología del Museo de Historia Natural de Ginebra.
Cavin añade: “El nicho tropical fue rellenado más adelante, primero con los tiburones y las rayas hace unos 56 millones de años, y luego con los cetáceos modernos (ballenas, delfines y marsopas) hace 34 millones de años”.
En otro artículo en el último número de ‘Science’, firmado por Felix Marx de la Universdad de Otago y Mark Uhen de la Universidad George Mason, se cuenta que las diatomeas, un tipo común de fitoplancton, junto con los cambios climáticos, influyeron en la evolución de los cetáceos una vez que aparecieron en el agua.
Marx y Uhen creen que “un gran incremento de la productividad basada en diatomeas, posiblemente por el aumento de la disponibilidad de sílice y otros nutrientes en el Océano Austral y en las zonas costeras de surgencia alrededor del mundo a través de la mezcla en profundidad ocurrida en torno a la Antártida”, provocó la evolución de las barbas de las ballenas en particular.
Los investigadores arrojan luz sobre la cuestión de por qué los mamíferos marinos, que pesan más de 190 toneladas y crecen hasta los 33 metros, pueden subsistir a base de minúsculas diatomeas y otros seres diminutos que viven en el agua como el krill. |