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(04-11-08) Utilizadas desde tiempos
ancestrales en oriente, ahora son reconocidas como fuente óptima
de alimento. El consumo de algas marinas empieza a ocupar un importante
espacio en la cultura culinaria occidental.
Desde la antigüedad,
los usos culinarios de las algas han sido especialmente conocidos
y desarrollados por los países asiáticos, aunque éstos no poseen,
ni mucho menos, la exclusiva sobre estos alimentos marinos. Países
como Islandia o Escocia siempre las han utilizado en su gastronomía,
y desde hace décadas en Alemania y Austria se elabora un pan
con algas desecadas llamado algenbrot.
Poco a
poco estos alimentos se han ido incorporando a todas las gastronomías
del mundo, no sólo por su sabor y su alto valor nutritivo, sino
también por las numerosas propiedades beneficiosas para el organismo
que contienen.
Se cree que estas plantas acuáticas se
incorporaron a la alimentación humana hace cerca de 10.000 años.
A la cuenca mediterránea tardaron algo más en llegar; el desembarco
se produjo aproximadamente en el año 600 A.C.
De unos
años a esta parte, la cultura oriental, en concreto la japonesa,
ha adquirido popularidad en los países occidentales. Esta popularización
se ha producido en todos los campos, y la gastronomía no ha sido
una excepción.
Uno de los mayores beneficios de
esta expansión culinaria es la sana costumbre de consumir algas.
Esta práctica está fuertemente arraigada en Japón, el territorio
con mayor consumo de algas por habitante, donde pueden llegar
a constituir el 25% de la dieta. El país nipón es, además, el
mayor productor y exportador del mundo de este producto.
galicia, la huerta marina de europa
Las costas de Galicia representan el
35% del litoral español. Es una región de gran abundancia y diversidad
de especies marinas y con una tradición marinera muy arraigada.
Una de las razones es su estratégica situación: entre los paralelos
42 y 44, curiosamente, una latitud semejante a la de otras costas
de gran riqueza como las de Japón.
La riqueza
excepcional del mar de Galicia se debe a su situación geográfica
y la morfología de su costa, en forma de esquina que entra en
el mar, donde confluyen las grandes corrientes oceánicas que
han moldeado y recortado de forma caprichosa su costa a lo largo
de los siglos.
Su capacidad
de producción anual de materia viva es tal que se asemeja a las
selvas ecuatoriales y la convierte en uno de los medios marinos
más ricos del mundo. En cuanto a las algas, aquí se encuentran
los mejores recursos del sur de Europa, formando frondosos jardines
submarinos, de formas y colores muy variados.
En la actualidad,
el uso de las algas se ha extendido a gran parte de los países
de nuestro entorno. El sabor y la especial textura de este producto
son dos poderosas razones de su creciente popularización, pero
no todas: las algas, además, poseen una serie de nada desdeñables
propiedades nutritivas.
Aunque cada
vez son más comunes en restaurantes y tiendas especializadas,
gran parte de la población no sabe qué son exactamente. Pues
bien, se puede decir que las algas son algo así como las verduras
del mar, es decir, plantas que crecen en agua, tanto dulce como
salada.
igual que las plantas terrestres
Y aunque
parezcan algo extraño y desconocido, como ajeno a nuestro mundo,
tienen los mismos ciclos que las plantas terrestres. Es decir,
crecen, se reproducen y mueren, sin que tengan que intervenir
para ello siembras, trasplantes, abonos, riegos...
Pero hay
que tener claro que no todas las algas que nos encontramos en
el mar pueden ser utilizadas en gastronomía y algunas especies
causan serios
problemas. De hecho, sólo son comestibles unas 50 especies,
del total de 26.900 (Wilson 2002) que hasta ahora se conocen.
Una de
las razones de la diferenciación entre las numerosas especies
es que a lo largo de sus 2.000 millones de años de vida han ido
evolucionando y diversificándose hasta adaptarse a las diferentes
circunstancias ecológicas de su hábitat, esto es, el mar.
Aunque en la actualidad es bastante
fácil encontrar algas españolas en restaurantes, tiendas especializadas
e internet, hasta hace poco parecían ser patrimonio nipón. De
hecho, Japón es el país donde más se consumen por habitante,
y el que más produce y exporta. Tal vez esa es la razón de que
la mayoría de las especies que conocemos y utilizamos tengan
nombres de origen japonés.
En España, la principal fuente
de algas está en las costas gallegas, donde se asientan las más
importantes empresas dedicadas al cultivo, elaboración y comercialización
de las algas. Una de ellas es Algamar, pionera en presentar algas
autóctonas en forma deshidratada, que es un método tradicional
y seguro de conservación arraigado en las culturas de los pueblos
consumidores de algas.
Una vez recolectadas, las algas
se secan a baja temperatura para preservar al máximo su valor
nutricional y así se mantienen en perfecto estado durante años
y son muy fáciles de transportar y de almacenar a temperatura
ambiente. No necesita conservantes específicos y hay que explicar
que las manchas blanquecinas que pueden aparecer en las algas
no son moho, sino sus propias sales, que afloran a la superficie
y que actúan precisamente de conservante natural.
fuente mundial de alimento
Aparte de
sus aplicaciones agropecuarias, farmacéuticas, cosméticas y en
un futuro energéticas,
las algas marinas están reconocidas científicamente como un alimento
de alto valor nutricional gracias a su bajo contenido en calorías
y grasas, alta concentración de minerales, vitaminas y proteínas
(aminoácidos esenciales). Además destacan por su nivel de fibra
dietética y su elevado contenido en nutrientes; características
que las convierten en una óptima fuente mundial de alimento según
el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España
(CSIC)
.
Todos los
elementos que necesita el ser humano se encuentran en las algas
en cantidades suficientes y son un recurso natural que se renueva
anualmente en el mar y por ello significa un alimento estable
y sostenible.
Entre las
propiedades de las Algas Atlánticas que se recolectan en las
costas gallegas hay que destacar que disuelven el exceso de grasas,
son la mayor fuente de sales minerales (calcio y hierro, fósforo,
magnesio, etc.) y oligoelementos (prácticamente todos, destacando:
yodo, silicio, cinc, manganeso, cobre, selenio, etc.)
Su abundante fibra es saciante
y ligeramente laxante por lo que facilita el tránsito intestinal.
Sus aminoácidos complementan las proteínas de los demás alimentos;
contienen todos los aminoácidos esenciales y 9 no esenciales.
Además, activan las defensas, limpian el cuerpo de toxinas y
fortalecen los huesos, cabello y uñas.
Texto: Juan Diego M. Alcaraz.
Con información de Algamar, FAO,
Xunta de Galicia, CSIC, Universidad de Berkeley |