(25-05-07)
Pánico es ese súbito sentimiento de miedo irracional
que ataca a las personas al enfrentarse a un peligro, ya sea
real o imaginario. El pánico ha causado la muerte de muchos
buceadores, especialmente en cuevas, cuando podían haber
resuelto su situación de no haber perdido el autocontrol.
“Evita
el pánico adquiriendo experiencia poco a poco y estando
preparado para las emergencias”. Son palabras de uno de
los más expertos buceadores en cueva, Shech Exley (1/4/1949
- 6/4/1994), que fue instructor en la National Speleological
Society (NSS) y perfeccionista comunicador de todo cuanto sabía
del espeleobuceo. Exley perdió la vida en el cenote
Zacatón en una inmersión en la que desafiaba
todos los récord establecidos. No se sabe exactamente
qué ocurrió en su accidente, pero sí es
seguro que una (o varias) causas que lo llevaron a la muerte
están recogidas en su manual “Basic Cavern Diving”,
que fue editado por la NSS.
En
el apartado dedicado al pánico, el manual dice que a través
de los análisis efectuados tras accidentes fatales
en cuevas, no sólo ir demasiado lejos, no usar la línea
de guía o no seguir la regla de los dos tercios para el
suministro de aire, son las principales causas; aunque se
respeten
esas reglas de seguridad siempre se está expuesto a sufrir
una emergencia de impredecibles consecuencias.
De
hecho, en muchos casos en que los buceadores violaron estas
tres normas de seguridad, probablemente hubieran podido salir
vivos tan sólo si hubieran podido pensar con claridad
y racionalmente. Desgraciadamente, se ahogaron porque no estaban
pensando con claridad y durante la inmersión fueron
presa de reacciones irracionales ante peligros reales o psicológicos;
lo que comúnmente llamamos pánico.
Algunos
investigadores sostienen que, en casos de extrema ansiedad, los
buzos pueden morir de pánico y de los cambios psicológicos
que conlleva este estado mental. Esta teoría puede explicar
misteriosos casos de víctimas halladas en relativa poca
profundidad o pequeñas cuevas, que aún tenían
aire en sus botellas.
MIEDO A LO DESCONOCIDO, UNA SENSACIÓN
NATURAL
La prevención
del pánico es simple; basta con remediar sus causas, reales
o imaginarias. Los peligros reales pueden ser manejados teniendo
cuidado de que tanto el buceador, como sus compañeros,
tienen el entrenamiento y el equipo adecuado para solucionar
cualquier imprevisto.
A
base
de incrementar el conocimiento y la seguridad en las cuevas,
gradualmente puede llegar a dominarse ese sentimiento sin tener
que enfrentarse de lleno a una situación de catastróficas
consecuencias. Antes de realizar inmersiones en cuevas hay que
incrementar las habilidades y destrezas en inmersiones de aguas
abiertas, nocturnas, penetración de cuevas secas, etc.
Cuando
se inicien buceadas en cuevas, se debe empezar por cavernas grandes,
bien iluminadas, con poco sedimento y pocos pasillos adyacentes,
y continuar gradualmente en otras cuevas aumentando el nivel
de dificultad poco a poco. En
cada ocasión que se entra en una cueva no hay que pretender
explorarla toda en un solo intento; hay que hacerlo extendiendo
gradualmente la distancia, la profundidad, el conocimiento del
entorno, poco a poco y en el transcurso de varis inmersiones.
Es muy importante estar siempre acompañado de un buzo
experimentado que conozca la cueva en la que entramos por primera
vez.
Otra
buena terapia de prevención del pánico es evitar
sumergirse cuando se está más susceptible a sentir
miedo por cualquier causa, real o imaginaria, como cuando nos
sentimos cansados, inseguros, etc. Hay que entender que la angustia,
el miedo y la ira son sentimientos con sutiles fronteras entre
sí, por lo que las personas en las que simplemente afloren
esos sentimientos, deberían evitar el bucear en cuevas.
Texto: B-V, basado en “Basic Cave Diving”
de Sheck Exley