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en busca de libertad

Clara con su titulo de buceo Clara con su titulo de buceo Getaria   (28/07/08) Esta es la historia de Clara, una persona con discapacidad física que, guiada por profesionales, ha encontrado otra dimensión de la vida en el mundo subacuático. Las buenas gentes del Club de Buceo Narval, con Antonio Marcos al frente, han hecho posible que Clara saque su título de buceadora y pueda disfrutar de esa ansiada libertad que no tiene fuera del agua.

  El mayor sueño de la humanidad es ser libre, nos pasamos la vida buscando libertad y nos volvemos esclavos de ese sueño, yo lo he conseguido, sé cómo sentirme libre.

    Hay muchos tipos de no libertad, está la censura, están los jefes, los padres, el dinero, los prejuicios y también existen las limitaciones físicas. Ese último es mi caso, estoy encerrada en un cuerpo que no me responde mientras que mi mente vuela y ya ha dado la vuelta al mundo millones de veces.

    La verdad es que no sé porque la vida nos da o nos quita cosas, sólo sé que la historia no la han hecho los cobardes y yo no quiero rendirme ante nada.Clara haciendo realidad su sueño de bucear Clara haciendo realidad su sueño de bucear

    Desde bien enana empecé a nadar, y descubrí que en ese medio no necesitaba ayuda para moverme, dentro del agua podía bailar, dar volteretas, hacer aguadillas y ser un poco más trasto de lo que ya lo era fuera. Siempre he envidiado a los delfines, estoy segura de que algún día tendré la oportunidad de nadar a su lado.

    Normalmente, la gente no se puede imaginar que yo sea independiente en el agua, y más de un susto y de dos se han llevado al verme en el agua, porque es cierto que mi estilo nadando es muy peculiar, es, simplemente, “estilo Clara”.

     No sólo nadar me apasiona, sino que bucear en apnea me emociona, es como que eres parte del agua y no hay nada de ti que te relacione con la tierra, pero eso se me quedaba pequeño y entonces apareció una oportunidad que cambió mi vida.

Clara con sus monitores Clara con sus monitores    En mi piscina de toda la vida, “la piscina del Rayo”, para la navidad del 2007 instalaron un belén subacuático para que los niños entre ciertas edades pudieran bajar a verlo acompañados por un miembro de Bomberos Sin Fronteras. Yo no entraba en ese rango de edad, pero mis monitores Vanessa y Carlos, que saben mi pasión por bucear, intercedieron para ayudarme a cumplir un sueño, y allí estaba yo con un bombero-buzo que se atrevió conmigo porque había hecho un curso para ser instructor de buceo de personas con discapacidad, Julio fue el culpable de esta aventura, y le estaré agradecida toda la vida por ello.

   Fueron diez minutos de estar en otro mundo, eso era más que la libertad que había experimentado antes porque ya no tenía que salir a la superficie a respirar, era magia, y me quedé impregnada de ella.

Clara con sus compañeros Clara con sus compañeros    Al salir, Julio, que estaba igual de emocionado que yo, me comentó que él pertenecía al Club de Buceo Narval y que si me apetecía continuar esta aventura fuese a hacerles una visita.

   Dicho y hecho, al martes siguiente allí estaba yo dispuesta a zambullirme en el mar (si es que lo hubiera en Madrid). Julio, no se esperaba que yo fuese inmediatamente, pero allí estaba y todos me veían como una oportunidad de aprender, pero a la vez yo veía caras incrédulas, y a pesar de que Julio contaba con que yo controlaba en el agua, Antonio, mi futuro maestro, no lo creyó hasta que meses más tarde tuve mi primer contacto serio con el buceo.

   Cuando vi la botella de 12 litros, el jacket, el regulador, las gafas, las aletas y tres monitores estudiando mis movimientos, he de confesar que pensé “vaya jaleo” y eso que aún no me había dado cuenta de algo más complicado: el traje, cómo ponerlo y cómo moverse con él.

   Es complicado mantener el equilibrio, manejar la traquea sino estás vertical, la primera vez no sale vaciar las gafas y algún que otro trago de agua me he llevado, pero sentirte parte del agua es alucinante y no niego que me asusta el mar, aunque el solo hecho de poder compartir el mismo espacio donde viven los delfines me da fuerzas y deja el miedo para cuando aparezcan los tiburones.

Clara con sus compañeros Clara con sus compañeros    Creo que mis ganas pueden con mis limitaciones, y también me ayuda el entusiasmo de Antonio, Rafa, Jaime, Julio, Antonio, Raquel y Ana. Estos días previos al curso les han servido para estudiar las adaptaciones que necesito para conseguir que yo vaya, ante todo, segura debajo del agua.

   No sabré nunca cómo agradecer a todo el mundo el esfuerzo que hacen porque yo me sienta libre, pero, como muy bien dice Antonio, la cara de felicidad que tengo en el agua espero que sea la mejor recompensa.

   Ojala yo sea la primera de una larga cola de gente en busca de la libertad que nos falta en la tierra que acuden al Club Narval, donde además de su pasión por el buceo te enseñan que la familia no sólo es la que tiene tu misma sangre.

Texto: Clara Gonzalo
Fotos: Antonio González

 
 

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