(05-12-07)Australia
tiene tres animales emblemáticos, dos que despiertan ternura:
el canguro y el koala, y uno que
provoca pavor: el cocodrilo de agua salada. Una de las maquinas
mas perfectas creadas por la naturaleza para matar. El equivalente
al tiburón blanco en reptil. El gran predador.
Cuando
visitas Australia tienes bastantes oportunidades de observar
este atractivo animal, pues el morbo que causa en la gente es
similar al que crean los tiburones, y bastantes empresas australianas
lo tienen claro. Todo lo que da miedo, atrae al mismo tiempo.
Se
pueden observar en varios tipos de situaciones. La primera en libertad.
Y no es difícil, pues observando los márgenes de
algunos ríos se les puede ver sesteando indolentemente
al sol y, circunstancialmente, nadando en busca de presas. También
se pueden “disfrutar” en los llamados “billabong”,
lagunas que se forman en el interior (a veces de agua dulce,
otras salobre) fruto de las lluvias o como resultado de ríos
parcialmente secos. Aunque es ya cada vez más extraño,
pues los rangers se ocupan de capturarlos en dichos
lagos, pues suponen un peligro potencial para los turistas y
campistas. Posteriormente los trasladan a parajes inhóspitos
o a granjas.
La posibilidad
de un ataque no es remota si andamos por las riberas de los
ríos, terrenos pantanosos o en zonas cubiertas de vegetación
baja. Prueba de ello es que se ven innumerables carteles de peligro
con la silueta de un cocodrilo sobre fondo amarillo.
El mejor
medio para verlos -a salvo- en su salsa, es embarcarse en algún
crucero o en botes de alquiler, de los muchos que surcan los
ríos australianos. Otra manera muy fácil de tomar
buenos primeros planos, es acudir a las granjas de cocodrilos,
donde son criados con propósitos comerciales y de exhibición.
También resulta una especie de destierro para aquellos
reptiles que se han caracterizado por atacar a seres humanos.
Y por supuesto
también en zoológicos. En este artículo
vamos a tratar de las dos posibilidades más emocionantes.
GALLINA VIEJA HACE BUEN CALDO
Existen varias
granjas o mini-zoos en la Gran Isla, que presentan espectáculos
con cocodrilos. A un hora determinada, un par de cuidadores se
dirigen a un recinto vallado donde en su interior hay varios
ejemplares. Después de explicar al numeroso publico que
se agolpa en el exterior de la valla las características
del saurio y sus peligros, empieza el espectáculo.
Uno de los miembros del staff, se acerca cauteloso al animal
que parece dormitar en el agua; en su mano, una gallina entera.
El animal mueve ligeramente su poderosa cola y enfila al cuidador.
Se acerca silenciosamente al borde del agua. De repente, en un
segundo, tiene medio cuerpo fuera y sus poderosas mandíbulas
abiertas de par en par. La gallina desaparece entera en el interior
de su boca, mientras el hombre retira la mano ágilmente
en el último momento. En otro segundo, el cocodrilo ha
reculado de nuevo hacia el agua y solo se ve un ligero movimiento
en la superficie. Son los últimos espasmos del reptil
mientras deglute su pequeño aperitivo… No vimos
ningún cuidador manco, y eso que nos fijamos.
Y como “grand
finale” le lanzan al animal una pieza grande de carne atada
con una gruesa cuerda; este muerde el cebo, y siguiendo una técnica
aprendida hace millones de años, se retuerce sobre si
mismo hasta que la cuerda queda segada y la carne es tragada
de un bocado. El chapoteo es brutal. Lo habréis visto
alguna vez en las viejas películas de Tarzán. Es
un comportamiento que también he observado, bajo el mar,
en los congrios y en las morenas.
EL SALTO DEL COCODRILO
Y si
queremos algo aun más fuerte, hay que desplazarse a la
zona del Adelaida, un enorme río de 190 Km que desemboca
en el norte de Australia, cerca de Darwin. Un río que
es de agua dulce durante 9 meses y salobre
durante el resto del año.
Escogemos
alguna de las empresas que se dedican a los Jumping Crocodiles,
y nos desplazamos a ella. Veremos que los barcos tienen dos cubiertas,
la inferior está protegida por un grueso cristal para
evitar que los animales al saltar incrementen la lista del pasaje.
En la de arriba se sitúa un miembro de la tripulación
con una larga pértiga, al final de ella cuelga un trozo
de carne de cerdo. Cuando el capitán observa algún
cocodrilo nadando o sesteando en las riberas del ancho Adelaida,
detiene momentáneamente los motores. Es la señal.
Los saurios
con poderosos movimientos de su larga cola, se dirigen en perpendicular
al costado del barco donde pende su almuerzo, cuando lo alcanzan
se sitúan debajo. Observan el cebo un segundo, y calculan
la trayectoria. Después llega la parte más espectacular.
Cuando el animal saca su cuerpo fuera del agua, la persona que
maneja la pértiga tira hacia arriba de la carne, el cocodrilo
hace un esfuerzo para alcanzarla y llega a sacar hasta
3/4 partes de su cuerpo fuera de la turbulenta y parda agua del
río. Se pueden llegar a observar sus patas traseras en
alguno de los saltos más bestiales.
En el aire, abre sus poderosas mandíbulas, y se mantiene
suspendido por un breve espacio de tiempo, después de
un formidable chasquido de sus quijadas, desaparece de nuevo
en las cenagosas aguas. Es la hora de la digestión. Casi
todos los especimenes tienen su propio nombre. Los mas grandes
son Hannibal (en honor al Doctor Lecter), Marrakai o Apollo.
Casi todos los bichos tienen otorgados un apelativo, incluso
los nombres de toda la familia real británica. Dios salve
a la reina.
Los animales
no están amaestrados, pues viven en total libertad. Simplemente
están acostumbrados. Además el saltar fuera del
agua es una de sus habituales técnicas de caza para atrapar
pájaros, murciélagos o serpientes situados en los árboles
cercanos a la orilla. Incluso se les ha visto cazar pájaros
en vuelo.
Desde
luego, si alguien quiere emociones aun más fuertes, solo
tiene que coger su patito-flotador y darse un bañito en
el río Adelaida. Adrenalina asegurada.