buceo milenario
(21-01-09) Han pasado casi siete milenios desde que
el hombre puso a prueba su resistencia física e hizo las primeras
inmersiones en el mar, y no forzado por la necesidad de pescar,
sino para elaborar joyas y ornamentar sus palacios.
La
prueba de que el hombre se sumergía en tiempos ancestrales la
tenemos en antiquísimos restos arqueológicos de distintas culturas
asiáticas y mediterráneas, de joyas elaboradas con perlas, coral,
conchas y nácar, que atestiguan las primeras incursiones del
hombre bajo el mar.
Por ejemplo,
3200 años a. de C. se utilizaban en Tebas (Egipto) grandes cantidades
de conchas de madreperla por los artesanos talladores. Aguantando
la respiración y descendiendo agarrados a grandes piedras que abandonaban
para ascender, los primeros buceadores recolectaban diversos objetos
que posteriormente comercializaban.
La isla de Creta y en concreto las poblaciones
de Kuphonisis y Palaikastra, fueron importantes centros comerciales
de los productos que los buceadores extraían del mar, como el caracol (Murex
trunculus) y otras especies que se utilizaron para teñir con
su pulpa de color púrpura las ropas de los reyes de la antigüedad.
También
existe una representación de una escena de recolección submarina,
en el año 4500 a. de C. realizada con incrustaciones de nácar en
los muros de la antigua ciudad de Bismaya, o textos del 2250 a.
de C. que hablan de la utilización de perlas como pago de tributos
a un emperador chino. Estos restos y las referencias literarias
de distintos clásicos griegos como Aristóteles, Herodoto o Plutarco,
sitúan estas primeras inmersiones del hombre en el mar entre el
año 5000 y el 4500 a. de C.
imagen de un rey persa en plena
inmersiÓn
La primera
ilustración de una inmersión data del año 880 a. de C. y consiste
en un bajorrelieve en madera (actualmente en el Museo Británico
de Londres), encontrado en el palacio del rey persa Assurbanipal
II, que muestra al monarca sumergido atravesando un río, respirando
con ayuda de un odre (recipiente hecho con la piel de un carnero
y lleno de aire), al frente de un grupo de soldados. Algunas interpretaciones
de esta ilustración manifiestan que el odre pudo utilizarse como
flotador y no como fuente de aire, y que el pesado rey se hundía
en las aguas a pesar del flotador...
También
se encontró otro bajorrelieve que muestra una escena donde un grupo
de fenicios huye por el río Tigris, cuna de las civilizaciones
mediterráneas, de los arqueros asirios con la misma técnica de
buceo.
Pero, ¿qué
empuja a la Humanidad a sumergirse bajo las aguas? Sus infinitos
recursos, estrategias militares o curiosidad científica pueden
ser algunas de las razones. Existen numerosas teorías para tratar
de explicar las razones, que desde tiempos inmemoriales, han empujado
al hombre a interesarse por el mundo submarino.
A
lo largo de siglos, el hombre ha conquistado los mares y océanos
tratando de explorar todos los rincones del mundo. Ulises, los
héroes de periplos y odiseas, los navegantes fenicios, los antiguos
exploradores vikingos, los descubridores de las Américas y de las
Indias occidentales durante el dominio de los mares de los marineros
españoles y portugueses... La supremacía tecnológica, económica
y militar ha pasado siempre por el dominio de los mares.
navegantes antes que buceadores
Desde los primeros navegantes, la
humanidad ha buscado respuestas que explicasen los principios por
los que se rige la naturaleza de los mares y lo que acontece bajo
su superficie. Previo a la necesidad de bucear, surge un profundo
conocimiento de la navegación, a vela o impulsada por la fuerza
que el hombre era capaz de generar mediante los remos.
Es
posible que una de las finalidades de su interés fuese la explotación
de los infinitos recursos que el mar le ofrecía. Recolectar y pescar
numerosas especies para su comercio, tanto para alimentarse como
para su uso ornamental en la creación de joyas y bellos objetos,
ha sido el objetivo de muchos pueblos costeros.
De
esa faceta de navegante, surge la necesidad de recuperar los restos
de las naves que, por muy diversas causas, terminaban yéndose a
pique o parte de su carga caía al mar. Cuando esto sucedía en aguas
someras, muchos eran los que se apresuraban a tratar de recuperar
su cargamento. Lo cual era sumamente complicado cuando les separaban
unos metros de agua, que impedían acceder a los restos sumergidos.
Tampoco debemos olvidar, la finalidad
militar como objetivo de las primeras inmersiones. El ataque a
las naves enemigas sin ser detectados por los soldados, requería
un acercamiento con suma cautela bajo las aguas.
¿una vuelta a los orÍgenes?
Otros
científicos apuntan, como respuesta a la fascinación del hombre
por el mar, la posibilidad de satisfacer la necesidad de volver
a sus orígenes. El origen y la evolución de las especies sobre
la tierra proceden de una transformación durante millones de años
de formas de vida, procedentes de los mares, que poblaban la tierra.
Ese antiguo legado puede explicar la atracción que, desde siempre,
ha sentido el hombre por descubrir qué hay bajo las aguas.
Nuestra naturaleza de mamíferos
hace necesaria una continua renovación del aire que respiramos
para poder vivir. Las aguas que componen los mares no son nuestro
medio, y, por tanto, las primeras incursiones se limitaban a cortos
períodos en los que aguantaban la respiración en apnea.
Otro inconveniente muy importante
era la escasa visibilidad debido a la refracción de la luz bajo
el agua, lo que complicaba, enormemente, la recolección de objetos
y la captura de los peces con flechas y lanzas. El largo camino
que ha marcado la evolución de las técnicas y materiales de inmersión,
comienza hace más de 7000 años y continúa cada día con nuevos avances...
En la actualidad, aún estamos lejos
de colonizar los fondos subacuáticos y, en el futuro, se producirán
numerosos e increíbles descubrimientos en la conquista submarina,
que ampliarán el limitado tiempo de permanencia del que disponemos
todavía.
Conocemos más del espacio exterior
que de nuestro propio mundo y es que no hemos explorado aún gran
parte de la inmensidad de los océanos. Lo poco que sabemos es que,
lo que está a nuestro alcance, lo estamos contaminando y alterando
a tal velocidad, que destruiremos los mares sin llegar a haberlos
conocido.