|
(03-09-09) Una interesante reflexión sobre el ser humano y su relación
con la vida marina, donde es regla de oro el “no tocar”. Es la
lucha contra un impulso natural que nos convierte en invasores
del medio marino.
  
Cuando comenzamos a bucear un magnífico mundo aparece ante nosotros. Su grandiosidad nos deja perplejos al mismo tiempo que su fascinante vida marina.
Estas sensaciones son difíciles de describir
con palabras, lo que está claro es que el Océano crea adicción.
Descubrimos la ingravidez, la falta de sonido, el azul, el arrecife
y la fauna marina. Cautivados por un mundo que hasta ahora nos era
desconocido, ansiamos formar parte de él, interactuar con él.
Y casi sin darnos cuenta, el
primer impulso instintivo es tocar. Atraídos por la proximidad
y la docilidad de muchos de sus habitantes nos encontramos tocando
a todo bicho viviente. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez? Yo la
primera.
Es un acto
reflejo, impulsivo, natural, querer tocar, acariciar una morena,
agarrar el caparazón de una tortuga, tocar una manta... ¡Qué sensación!
DE INVITADOS A INVASORES
 
Y casi sin darnos cuenta, acabamos comportándonos como un invasor. De invitado de honor pasamos a invadir el espacio de nuestros anfitriones.
Pero, ¿Qué entendemos por interacción? Según la RAE: “Acción que
se ejerce recíprocamente entre dos o más objetos, agentes, fuerzas,
funciones, etc.”
Desde luego no significa ir tocándolo todo. Hay muchas maneras de entablar conexión con la fauna marina, pero todas ellas deben pasar por respetar su espacio, no intimidar y por supuesto no tocar.
Los animales siente también curiosidad por nosotros, a la vez que temor, si conseguimos que pierdan ese temor, los más curiosos se acercarán queriendo descifrar qué somos.
Si nos paramos a observar su comportamiento,
nos aproximamos con cuidado, y esperamos un poco, en muchos casos,
su curiosidad será superior a su miedo. En pocos minutos será el
propio animal quien se acerque a nosotros.
SI NOS SABEMOS COMPORTAR,
SE APROXIMARÁN
   
Por poner un ejemplo, la cabrilla,
habitante de nuestras aguas, de la familia de los serránidos, es
una gran curiosa, casi siempre termina acercándose! Es divertido
ver como te observa, moviendo sus ojos, ¡casi pegada a las gafas!
A veces juegan con las burbujas que soltamos, te mira atentamente,
como si te analizara. Los meros, los abades, son también animales
muy cercanos, si nos sabemos comportar suelen aproximarse, es una
sensación divertida de mutuo descubrimiento, es una interacción.
Con esta reflexión no pretendo
quemar en la hoguera a todo aquel que ha tocado a algún animal,
como decía al principio del artículo, es un acto reflejo, casi
instintivo, ¿quién no lo ha hecho?
Pero debemos tomar conciencia
de lo que está bien hecho y de lo que no. Ir tocando animales no
es la manera de conectar con tan fascinante mundo, ¡incluso es
perjudicial para ellos! Este mundo que tanto nos gusta espera de
nosotros un respeto y un cuidado, y a su vez debemos poner nuestro
granito de arena para transmitir esta idea. Si queremos preservar
este apasionante medio tendremos que implicarnos con el mismo.
Es una tarea vital que conlleva
cierto esfuerzo. Algunos medios de comunicación no contribuyen
mucho con esta labor. Las revistas, las agencias de viaje incluso
muchos fotógrafos “venden” impactantes imágenes tocando animales.
Imágenes que te sugieren “ven tú también a tocarlo, a vivir esta
experiencia... nosotros te vendemos el viaje”, “compra esta revista”…algunos
incluso los llaman eco-turismo, hacen un reportaje impactante de
tiburones inmovilizados, reseñando el centro de buceo con el que
hacer ese viaje, una manera fácil de bucear gratis…
SIEMPRE HAY INTERESES ECONÓMICOS
OCULTOS
Que nadie nos confunda ¡Éstas son
formas de vender el negocio! Cuando veáis imágenes
de ese estilo, observad atentamente, seguro que encontráis un interés
económico detrás. Marketing, venta, no interacción ni respeto ni
desarrollo sostenible ni formación pedagógica, y muchas veces ni
siquiera solidaridad y altruismo.
El mensaje que pretendo transmitir
con este artículo es claro y conciso: si amas el mundo marino,
respétalo, interactúa con él pero siempre desde el respeto
y el cuidado.
No malinterpretemos la publicidad
que nos venden, eso es sólo una manera de vender el negocio, ondeando
banderas falsas, camuflando los verdaderos intereses, económicos.
Quien se
sumerge por primera vez y es capaz de admirar la belleza y la grandiosidad
del mundo marino, seguirá una evolución lógica que le llevará a
la admiración, al respeto, al “enamoramiento” y a la necesidad
de hacer algo más por preservar aquello que le ha cautivado. Y
esa evolución pasa por el “no tocar”.
  
Texto y Fotos: Loli Alcarria
Si quieres comentar algo sobre este artículo puedes escribirnos
a loli@buceo-virtual.com
|