(17-09-07) Nos cuentan la historia reciente de
un buceador que estuvo a la deriva durante doce horas, por exceso
de confianza durante una inmersión nocturna. Al final tuvo
suerte y fue rescatado vivo a más de 40 kilómetros
de donde inició la inmersión.
Un
buceador de nacionalidad japonesa estuvo perdido a la deriva
durante 12 horas tras separarse de su compañero durante
una sesión fotográfica nocturna en el Estrecho
de Malaca. Maku Miyazawa, de 32 años, y su amigo
y fotógrafo malayo Kota Endau, partieron de Bagan Datuk
en una embarcación del Resort Datuk junto a otros cuatro
buceadores y el objetivo era una inmersión nocturna en
una zona coralífera a una profundidad máxima programada
de 25 metros.
Las fuertes corrientes,
tanto en superficie como sumergidos, les complicaron las cosas
y a los 10 minutos de inmersión, Endau perdió de
vista a Miyazawa, a pesar de que iban perfectamente equipados con
linternas, focos y señalizadores de posición de emergencia.
Tras una búsqueda inútil por los alrededores y en
superficie, dieron aviso de emergencia y se pusieron en marcha
equipos de rescate, que poco o nada podían hacer en plena
noche.
A la luz del amanecer se duplicaron los
medios para buscar al japonés, mientras que éste
era rescatado por un pesquero a más de 40 kilómetros
del punto de inmersión. Miyazawa sufría una importante
hipotermia, deshidratación y desorientación; no sabía
dónde estaba ni quéhacía allí. El pesquero
puso rumbo al puerto más cercano y allí la Policía
se hizo cargo del caso, hasta que poco después se supo quién
era.
En el hospital de Kuala Lumpur
donde fue trasladado relató su odisea. Simplemente se distrajo
unos segundos y mientras se reajustaba la máscara, que se
le escapó de las manos, se sintió arrastrado por
una fuerte corriente. Cuando se dio cuenta de que había
perdido contacto con el resto del grupo, activó sus luces
flash de emergencia, soltó su cinturón de lastre
y subió a la superficie.
Así lo relataba a
la agencia Bernama News: “Ya en la superficie, cuando
conseguí quitarme la sal de los ojos y mirar a mi alrededor
no había nada más que agua. Oscuridad total. Solo
el chorro de luz de mi linterna y los flashes de emergencia. Me
di cuenta de que estaba muy lejos del barco y que una fuerte corriente
me arrastraba hacia no sabía dónde”.
recorriÓ 42 kilÓmetros durante la noche
Las doce horas
que estuvo a la deriva, recorrió unos 42 kilómetros
hacia el sur, todo un récord (la búsqueda se extendió en
un radio de sólo 8 kilómetros desde el punto de
inmersión) y, durante el “viaje”, su mayor
preocupación fueron los tiburones, aunque lo peor fue
el dilema de las luces: “La luz de la interna y los
flashes me reconfortaron mucho en los primeros momentos. Sabía
que era fundamental hacerme ver, pero al cabo de media hora me
entró el pánico al pensar en mí como en
una especie de sabroso cebo en un escaparate iluminado en medio
de la oscuridad. Pensaba en los tiburones y hasta en los calamares
gigantes que podían detectar mi presencia desde cientos
de metros de profundidad”.
Miyazawa apagaba sus luces
durante un rato y volvía a encenderlas, hasta que se terminaron
las pilas: “Cuando apagaba todo me quedaba muy quieto
y me dejaba llevar. Cada cinco minutos encendía y comenzaba
la angustia de ser detectado por algún bicho. Así una
y otra vez hasta que se acabaron las pilas. Llevaba cuatro horas
y estaba muerto de frío. Además, tenía mucha
sed. Cuando me quería quedar quieto temblaba y cuando movía
los acalambrados miembros temía llamar la atención
de los tiburones”.
Según cuenta, la segunda
parte de la noche fue la más dura, ya que tenía hipotermia
y el estrés le pasó factura: “A pesar de
que estaba seguro de que iba a ser rescatado me intenté mentalizar
que sería por la mañana y que tenía que ahorrar
energías hasta entonces. El chaleco parecía que perdía
aire por algún sitio, de vez en cuando tenía que
inflarlo; menos mal que tenía aire de sobra. Pero los temblores
eran incontrolables y a veces tenía ataques de pánico
cuanto notaba algún roce… El manómetro me
dio más de un susto”. (Al final, no recuerda
haber visto un solo bicho viviente durante su odisea).
un pesquero pasÓ muy cerca, pero no le vieron
En la séptima hora
el náufrago estuvo muy cerca de un barco de pesca, pero
no lo vieron: “Lo que terminó de desmoralizarme
y me dejó en una especie de letargo fue el esfuerzo por
hacerme oír por los tripulantes de un barco pesquero que
pasó muy lentamente cerca de mi. Oía sus risas y
comentarios entre el ruido del motor y los tornos de las redes,
estaban muy ocupados en lo suyo y nadie escuchó mis gritos
(no sé cuando perdí el silbato). Nadé con
todas mis fuerzas tras la estela del barco hasta que se alejó,
lo perdí de vista y dejé de oirlo”.
Desde aquél momento,
Miyazawa se sumió en una especie de letargo o “nube
confusa” como él dijo, de la que salió después
de ingresar en el hospital (fue dado de alta a los tres días).
El patrón del pesquero que lo rescató declaró a
la policía de Kuala Lumpur que lo avistaron desde muy lejos
gracias al amarillo de su chaleco y por que estaba en el curso
que llevaban, cuando navegaban a toda máquina hacia puerto.
El japonés estaba
en un estado de gran confusión, no sabía ni cómo
se llamaba ni qué había pasado. Sufría una
importante hipotermia y estaba firmemente aferrado a la linterna,
que le tuvieron que quitar casi a la fuerza. Miyazawa dijo en el
hospital que “la enorme linterna era mi única
arma defensiva ya que el cuchillo lo perdí en una de las
ocasiones en que me sentí atacado… por el manómetro
y su tubería...”.
Texto y Fotos: Ishiro Wang