RELACIÓN INSTRUCTOR-ALUMNO
(08/01/10)
Durante el proceso de aprendizaje, la formación de un futuro buceador
pasa por diferentes estadios en la relación entre instructor y
alumno. De cómo vayan evolucionando y desarrollándose dichas etapas,
dependerá en cierta medida la estabilidad y seguridad del buceador
hacia sí mismo, y especialmente influirá en su capacidad futura
de disfrutar plenamente de la actividad subacuatica.
Como veremos,
un desarrollo exitoso del proceso de formación será clave para
manejar las ansiedades que se desencadenan en esta actividad en
particular, y en cualquier proceso de formación, en general. De
esto se trata en estas líneas, de ver como, en este maravilloso
proceso de relación uno se convierte, o no, en verdadero buceador
en el futuro.
Como en toda relación entre el profesor
o instructor y su alumno, deben quedar bien establecidos los Objetivos
y Metas a alcanzar. También establecer claramente las diferencias
entre uno y otro. En el momento de comenzar con las clases que
le permitirá al alumno tener conocimiento sobre las técnicas de
manejo de las herramientas y accesorios del equipo de buceo, estaremos
frente a una situación de “tabla lisa”, en foja cero, sin tener
ningún tipo de conocimiento sobre la materia.
A partir de este momento
comienza el trabajo del instructor, que a diferencia del alumno,
tiene mayor experiencia práctica y cuenta con todas las herramientas
teórico-prácticas para poder explayarse de la mejor manera y llegar
a lograr que el alumno pueda entender lo que se le está explicando.
Todo docente, tanto en el campo del buceo
como en cualquier otro, debe tener y poseer ciertas características
como tener ética de enseñanza, ponerse en el lugar del alumno,
demostrar entereza y comportamiento modélico frente a todas las
circunstancias, poseer el don de la paciencia ante las dudas o
incertidumbres que presenten sus alumnos, ya que en todos los niveles
de enseñanza estos tienen distintos niveles, expectativas, no todos
son iguales, no tienen la misma personalidad, por ende van a captar
los conocimientos de diferentes maneras, en diferentes lapsos de
tiempo, algunos más rápido, otros más lento.
El objetivo más importante
para todo tipo de enseñanza mediante los cursos de capacitación
es que el alumno reciba la mayor cantidad de conocimientos, los
interprete e incorpore y que luego, pueda llevarlos a cabo en la
práctica, en este caso en particular del buceo en las profundidades
de las aguas.
MUY IMPORTANTE: LA RELACIÓN ENTRE AMBOS
Sabemos que en el proceso “enseñanza-aprendizaje”
inciden múltiples factores para el éxito o fracaso del mismo que
determinarán la calidad de los resultados. En la interacción del
proceso participan dos elementos de vital importancia como son
el maestro (Instructor o similar) y el alumno, quienes de acuerdo
a sus expectativas hacia el aprendizaje desarrollarán una buena
o mala relación.
El Instructor, como líder
y coordinador de las actividades, propiciará que el alumno pueda
adquirir sentimientos de superación, de valor personal, de estimación,
un concepto de sí mismo o todo lo contrario, sentimientos de minusvalía,
frustración, apatía e inadecuación. Los instructores, como parte
esencial de la relación educativa, están obligados a promover un
ambiente óptimo para que se generen buenas relaciones instructor-alumno
basadas en la confianza y respeto mutuos.
Por ejemplo, en investigaciones
recientes a cerca del fenómeno de la deserción en establecimientos
educativos, se encontró que los maestros de matemáticas, física
y química (materias muy relacionadas con nuestra actividad): Tienen
mejor perfil para impartir la asignatura. Pero son los que presentan
la mayor problemática de deficiencias en el rendimiento escolar
de sus alumnos. Se observó que tienen la menor calificación en
preparación personal en aspectos didácticos.
"Uno de los aspectos del diálogo didáctico
lo constituye la falta de empatía por parte del maestro y una inadecuada
relación que se establece entre él y sus alumnos". Teniendo
como base las anteriores investigaciones, se observa la necesidad
que el maestro tiene de conocer e implementar las teorías de la
motivación en l a relación maestro-alumno como motivadora del aprendizaje.
AUTISMO SUBACUÁTICO
Podemos considerar que en el primer momento,
el fuerte impacto psicológico que produce sentirse debajo del agua
respirando por el regulador ya sea en un entorno de agua confinada
-como una piscina o un entorno de aguas abiertas- como lagos o
similares, hace pasar al futuro buzo por un estadio denominado
“de autismo transitorio”. Es debido a la fuerte desorientación
que siente ante la nueva experiencia en un entorno diferente al
cotidiano, quedando la persona muy fijado en las sensaciones corporales
que va sintiendo en su nuevo status, y atendiendo muy poco a su
entorno.
Esta fase puede durar minutos
o ser extremadamente corta, superándose en el momento en que el
alumno reconoce y se fija en su instructor y establece con él un
vínculo relacional de confianza que nos lleva al siguiente paso.
Aquí también juega la predisposición del alumno frente a un escenario
nuevo. Temores existen, pero una buena cuota de ellos la podemos
eliminar si enfrentamos todo lo nuevo con una ACTITUD POSITIVA.
SIMBIOSIS INSTRUCTOR-ALUMNO
En el momento en que el alumno comienza
a confiar en su instructor, le proyecta y reconoce una capacidad
protectora, estableciendo una relación de confianza que el futuro
buceador siente como garante de su seguridad y aprendizaje. Empieza
en este momento una relación donde si ésta sigue un cauce positivo,
instructor y alumno se estimulan mutuamente; el alumno percibe,
actúa y aprende a través de su instructor, y éste procura que su
alumno disfrute de sus nuevas experiencias, y adquiera las habilidades
necesarias para la actividad.
El alumno aún no es capaz
de percibir ni diferenciar entre su propias sensaciones, entre
ellas la angustia y las sensaciones nuevas que está viviendo propias
de la actividad en sí, y necesita de su instructor para poder diferenciarlas
y obtener la tranquilidad necesaria. El alumno reaccionará especialmente
al principio con extrema sensibilidad a las respuestas de su instructor,
no solo de tipo racional, sino de carácter emocional. Un instructor
ansioso, fóbico u obsesivo, puede trasmitir sus propios miedos
y ansiedades, comprometiendo su formación.
Hay que tener en cuenta que en este punto el alumno
emite muchas señales de cómo está viviendo el proceso de formación.
De cómo y a cuales respuestas reaccione su instructor, va a depender
también como será el futuro buzo, ya que este irá adaptando su
conducta según dichas respuestas selectivas. Podemos afirmar en
este sentido que el tacto personal y formativo del instructor tendrá
gran influencia en cómo será y se comportará el futuro buzo.
el desprendimiento
Llega un momento en que el alumno comienza
a separarse de su instructor, deja de ser pasivo a las órdenes
estrictas de él y se aventura a pequeñas incursiones, aunque sin
perder de vista su fuente de seguridad. Si los dos estadios anteriores
han sido exitosos, el alumno puede abandonar progresivamente “el
halo protector” de su instructor, y superará con éxito su fase
formativa, disfrutando de conocer con detalle el nuevo mundo de
sensaciones que se abre ante sus ojos.
El objetivo de este proceso,
es el de poder alcanzar al final de la etapa formativa, una sensación
de seguridad técnica, pero también emocional, de forma suficiente
y que le permita ir evolucionando de manera progresiva en el buceo.
Una vez conseguido esto, el alumno está preparado para seguir su
desarrollo de manera autónoma.
El proceso puede finalizar
con el curso de iniciación (Open Water, o similar), o requerir
de un tiempo adicional. Instructor y alumno deben ser conscientes
de que en ocasiones, la finalización del curso no implica aún un
funcionamiento autónomo, pero en cualquier caso deben poner los
medios para que el proceso de desprendimiento se realice y el alumno
no quede literalmente “enganchado” a su instructor, lo que implica
una entera dependencia para poder sumergirse.
Durante este estadio, llega un momento en que el
futuro bufador ya no necesita de su instructor exclusivamente como
fuente de seguridad y estímulo, sino como alguien que se ofrezca
para mantener una comunicación que refuerce y/o module de forma
conveniente los comportamientos que el buceador ya titulado va
desarrollando en base a su reciente aprendizaje. Al final de este
proceso el futuro buzo se percibe asimismo como independiente,
seguro de sí, si ha podido interiorizar de su instructor una adecuada
contención emocional y la formación técnica.
Todo buzo debe saber que una correcta formación
y desarrollo significa poder bucear disfrutando y sin ansiedades
intensas, más allá de la que se necesita para alcanzar el nivel
optimo de activación mental que se requiere en una actividad donde
hay que estar atento a los actos que realizamos.
algunas conclusiones
Como se desprende de la “teoría de motivación”,
la actitud y trato del maestro (Instructor) es esencial para la
construcción de una sana relación educativa entre él y el alumno.
Es conveniente que los Instructores estén atentos para evitar homogeneizar
y estandarizar a los alumnos.
Como educadores, los Instructores
deben tratar de tener siempre una actitud positiva, desindividualizada
y entonces no conducirse como si estuviéramos frente a objetos,
sino a sujetos. No puede darse auténtica acción educativa sin el
binomio maestro-alumno, precisamente porque al educar se da una
relación intrapersonal e interpersonal.
Intrapersonal,
porque el proceso educativo debe originarse y desarrollarse desde
dentro de las personas. Interpersonal, porque el objetivo de la
misma es la interacción de las personas. El genuino educador es
aquel que provoca crecimiento, porque es capaz de ver, de descubrir
y valorar la potencialidad que se encuentra en la interioridad
del educando. Así lograremos no solo buenos buzos, responsables
y autosuficientes sino también buenas personas.
Texto: Antonio Bermejo / Marcelo Pierini