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(21-06-06)
Aruba, a veinte kilómetros al norte de Venezuela (es visible
desde el Cabo San Román, en la península de Paraguaná)
emerge de las azules aguas como una mancha blanca en el Mar del
Caribe. Es una bella isla, llana y sin ríos, de 184 kilómetros
cuadrados, que el escritor y periodista Alejo Carpentier (Cuba,
1904-1980) describió así: “... la pequeña
isla de Aruba, situada cerca de Curaçao, es isla singularísima,
isla que casi no tiene vegetación, isla donde las lavas
volcánicas removidas por siglos y siglos de vientos encarnizados
han sido esculpidas como verdaderos árboles. En la isla
de Aruba casi no hay árboles vegetales, pero hay árboles
de piedra de una extraordinaria belleza, con troncos, con encrespamientos
de hojarasca...".
Uno
de los símbolos de la Isla, el árbol divi-divi,
caprichosamente esculpido por los vientos alisios ,
impactó al escritor cubano a su paso por la isla, tanto
como a todo viajero que descubre la singular topografía
y vegetación de Aruba, que no se parece mucho a la de
una isla del caribe, como si quisiera distinguirse del resto
de las islas de la cadena de Las Antillas.
Su
máxima elevación es el Monte Jamanota (188 m) y
el interior, de aspecto desértico, está salpicado
de distintas variedades de cactus, entre ellos el aloe, formaciones
rocosas fantasmales y el singular árbol watapana o divi-divi,
de troncos retorcidos y copas esculpidas que señalan al
sur y poniente, hacia donde sopla el viento Alisio dominante.
En la costa sur y la occidental están las playas más
bellas del mundo, de arenas blancas bañadas por cristalina
agua azul. La costa oriental es la más accidentada y escarpada,
la que recibe los vientos de mar abierto.
LOS ESPAÑOLES "CONQUISTARON" ARUBA
Sobre
el año 1000 AC, los primeros pobladores de Aruba fueron
los miembros de una tribu de la etnia arawak, los
indios caquetíos, que procedían del
resto de las islas que forman la cadena de Las Antillas y
de la cercana costa. Allí vivían en sus poblados
hasta la llegada de los primeros europeos con ansias de colonización,
en 1499. Fue el explorador conquense Alonso de Ojeda quien,
a espaldas de Cristóbal Colón y con el beneplácito
de los Reyes Católicos, zarpó en una expedición
con el cartógrafo Juan de la Cosa y el navegante italiano
Américo Vespucio, rumbo al Nuevo Mundo.
Cerca
de su destino, la flota se desmembró ante la falta de
entendimiento
entre los socios y las perspectivas de reparto de lo que se consiguiera
en sus “saqueos colonizadores”. El italiano puso rumbo sur camino
de su primera gesta en el continente americano, hacia Brasil,
mientras que el de Cuenca arribó en la desembocadura del
Orinoco, iniciando un recorrido de saqueo hacia el norte, en
busca de perlas y esclavos por toda la costa y sus islas cercanas.
Así,
pasó por Trinidad, Margarita y por Curaçao, donde
no desembarcó porque se asustó de los “indígenas
de gran estatura que estaban apostados en la costa ”. Tras
bordear la península de Paraguaná se adentró en
un golfo que llamó Pequeña Venecia por
el poblado de casas de madera sobre el agua, que los indígenas
llamaban hasta ese momento Veniçuela.
Desde
allí partió con su botín hacia el norte
no sin antes recalar en la Isla de Aruba, capturar los fornidos
indígenas que pudo y anotar las coordenadas de la isla
(12º/30'N, 69º/58'W) en su cuaderno de posesiones.
Con objetivos más ambiciosos y pensando en una segunda
expedición a la región, los colonizadores españoles
no dieron más importancia a la isla, ni la reclamaron,
hasta muchos años después. En 1636, mientras se
resolvía la Guerra de los Ocho Años entre España
y Holanda, los holandeses se hicieron con el control de la Isla
y allí se mantuvieron casi dos siglos, hasta las Guerras
Napoleónicas, época (1805-1816) en que Aruba estuvo
momentáneamente controlada por los ingleses hasta que
la devolvieron al Reino de Holanda, al cual pertenece desde entonces
como provincia independiente. En 1986, Aruba obtuvo su separación
e independencia de la administración de las Antillas Holandesas.
MEZCLA DE RAZAS
Aunque
algunas fuentes del Gobierno aseguran que en la Isla viven fijas
unas 150.000 personas, en julio de 2005 estaban censados 71.566
arubeños, una población que muestra claramente un
cruce de razas, la mezcla de caquetios, europeos y africanos. La
Aruba de hoy día vive fundamentalmente del turismo; después
de ser el primer exportador mundial de aloe y tener una gran refinería
de petróleo que daba importantes ingresos, el exitoso desarrollo
del turismo que llevaron a cabo las autoridades en su momento y
los altos estándares de calidad que se han implantado en
todos los servicios hosteleros, atrajeron cerca de 750.000 visitantes
durante la temporada de 2005.
Lo
bueno de Aruba es que se puede visitar en cualquier época
del año. Su climatología, típica del trópico
marino, tiene pocas variaciones de temperatura (27º de media),
predominan los vientos, a veces fuertes, del atlántico
y el cambio de las estaciones sólo lo recuerdan el paso
de las tormentas tropicales.
Aruba
está acostumbrada al casi constante viento que bate la
parte oriental de la isla, y donde el mar ha moldeado una costa
con zonas abruptas y accidentadas, escenario de múltiples
naufrágios, que es centro de atención para el visitante
por sus grandes cuevas y caprichosas esculturas naturales. La
costa occidental es radicalmente distinta. Hacia el norte se
concentra la zona hotelera, una costa de arena blanca y mar azul
desde Orajenstad hasta “la proa” de la Isla, California Sands
y sus dunas. Desde la capital hacia el sur los arrecifes de coral
son el paraíso del buceador, que encontrará todo
tipo de facilidades para practicar submarinismo en los múltiples
centros que pueblan la costa oeste.
Texto: Alejandra
Licintuña - Fotos: OTW of Aruba / Archivo BV
Con información de Official Tourisn Website of Aruba |