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(24-07-06)
En aguas australianas se encuentra uno de los más
espectaculares rincones de la Tierra, considerado como la Octava
Maravilla del Mundo y declarado Patrimonio de la Humanidad.
Se puede calificar como el ser vivo más grande del mundo,
visible incluso desde la Luna, es la Gran Barrera de Arrecifes
de coral, un lugar sin igual.
Mientras
el primer hombre que pisó la Luna, Neil Armstrong, volvía
a la Tierra a bordo del Apolo 11, aún en plena euforia
por su hazaña y la de su compañero Aldrin, desde
el módulo Columbia realizaron varias transmisiones de
televisión que prácticamente se vieron en todo
el mundo. En una de ellas, Neil relataba sus experiencias y el
locutor en tierra, en un momento determinado le preguntó: “Y
ahora, Neil, tras este increíble viaje, ¿qué te
queda por hacer?” La respuesta del astronauta sorprendió a
muchos: “Visitar un lugar que en este momento
vemos perfectamente, que desde aquí parece
maravilloso y que no está muy lejos de casa, los arrecifes
de la costa este australiana”.
El
21 de julio se han cumplido 37 años desde aquellas palabras,
que despertaron el interés de muchos terrícolas
sobre lo que años después sería referenciado
como la Octava Maravilla del Mundo y más tarde (1981),
declarado Patrimonio de la Humanidad. La Gran Barrera de Arrecifes
de Australia ocupa una superficie de 347.000 kilómetros
cuadrados, se extiende en una línea de 2.300 km con una
anchura que varía entre 90 y 300 kilómetros y contiene
una quinta parte de todo el coral del mundo. Sus bajíos
de coral (unos 350), 3.400 arrecifes individuales, 600 islotes
continentales y casi 1.000 islas dan cobijo a la más increíble
variedad de especies en el mundo: hay unas 2.800 de peces, 4.000
de moluscos, 10.000 de esponjas, 500 de
algas, 215 de pájaros, 15 de serpientes marinas y 6
de tortugas, que viven entre 400 tipos diferentes de coral.
El
Parque Marino de la Gran Barrera de Arrecifes se sitúa al
noreste de Australia, frente a la línea de costa de Queensland
y, desde el 1 de julio de 2004, está delimitado por zonas
muy controladas para preservar en la medida de lo posible la biodiversidad
de su ecosistema. De hecho, hay miles de kilómetros cuadrados
en los que está prohibido el acceso y otros tantos a los
que solo se puede acceder con permisos especiales u operadores
autorizados. Por supuesto, la navegación y pesca también
está regulada y en un 40% de la Gran Barrera está prohibido
pescar o realizar actividades extractivas. No cabe duda de que
es el destino nº1 del mundo para los amantes del buceo.
PARA BUCEAR TODO EL
AÑo
Con
aguas que oscilan entre los 22 y 30 grados de temperatura
y visibilidad
de más de 40 metros, el submarinismo
es viable durante todo el año, aunque cada estación
tiene su particularidad. Por ejemplo, entre mayo y agosto
es la época en que se concentran grandes cetáceos
en la zona; allí se juntan miles de ballenas para
parir sus crías antes de sus migraciones hacia el
norte.
Otro
momento especial en los arrecifes de coral es el momento del
desove de los corales, que se produce en el mes de noviembre.
Es difícil precisar el momento exacto en que el coral
comienza a expulsar su semen, que convierte los arrecifes en
un “supermercado del sexo”. Depende de las condiciones medioambientales,
temperatura del agua, corrientes y la fase de la luna, según
quieren demostrar los científicos, que desde el primer
estudio
serio realizado en 1981, no terminan de concretar las condiciones exactas
para que se produzca esa espectacular explosión de sexo a gran escala.
La única forma de asistir a ese espectáculo nocturno en directo
es pasar unos días a bordo de uno de los muchos barcos que los operadores
de la zona ponen a disposición de los buceadores.
Desde
luego que el atractivo de Queensland no solo está en sus
aguas. El clima en este estado es benigno, varía desde
el tropical en el norte hasta templado en el sur, con un verano
muy largo y un invierno suave. En verano las temperaturas fluctúan
entre 20 y 36 grados y en invierno, entre 8 y 22 grados. Al norte
de este enorme estado que tiene 1.727.200 kilómetros cuadrados
(el segundo más grande de Australia, con poco más
de 4 millones de habitantes), se encuentran las selvas más
arcaicas del mundo.
UNA SELVA DE 135 MILLONES
DE AÑOS
Su antigüedad se estima en más de 135 millones
de años y allí se pueden encontrar algunas de las
plantas más primitivas que se conocen; entre su exótica
vegetación de intensos verdes destacan las hojas de tamaño
descomunal. Esta selva está atravesada por el río
Daintree que, en su desembocadura al norte de Port Douglas y la
ciudad de Cairns, se convierte gradualmente en un manglar infestado
de enormes cocodrilos de agua dulce y salada. Dicen los expertos
en biología que la interacción de los ecosistemas
tiene especial importancia en esta zona, ya que los arrecifes se
encuentran aquí en su punto más cercano al continente.
Hay
que visitar el Parque Nacional Cabo Tribulación, por ejemplo
desde Cairns, de donde salen excursiones guiadas. Si no, en el
Daintree Rainforest hay un centro de información para
saber qué rutas están practicables para adentrarse
en el Parque o seguir el curso del río. Desde Tribulación
hasta Cabo York, en el norte, se extiende una región aislada
a la que no es fácil de acceder, en época de lluvias
(entre noviembre y mayo) o
después de alguna tormenta tropical.
Cerca
del Cabo Tribulación es donde el intrépido capitán
James Cook (1728-1779) encontró un paso a través
de los arrecifes el 11 de junio de 1770 y sufrió serios
daños en su nave Endeavour de la Marina Real
Británica. Durante su obligada parada en la playa para
reparar el barco, al lado de lo que son los actuales muelles
de la ciudad de Cooktown, fue el primer europeo en toparse con
un canguro australiano. Cuenta la historia que en su contacto
con la tribu local Guugu Yimithirr fue cuando se tradujo al inglés
la palabra kangaroo , derivada de la local gangaroo ,
aunque en realidad no designaba el nombre del animal, sino la
expresión “no le entiendo” con que respondían
los aborígenes a las preguntas de los ingleses.
OBLIGADA VISITA AL
INTERIOR
Otro de los atractivos de Queensland es el “outback”, la llanura árida
de zonas mineras y aldeas aborígenes que salpican el interior
del estado. Lo ideal es recorrerlo en coche (mejor con un 4x4)
por la Matilda Highway , desde Karumba, en el norte, hasta Cunnamulla,
en el sur. Hay que tener en cuenta que las distancias entre poblaciones
son enormes y durante muchos días del año con temperaturas
muy altas y extremo calor. Sin embargo, por sorpresa y en medio
de la nada, encontraremos de vez en cuando una especie de bares
de carretera donde siempre hay refrescos y cervezas frías.
En
el sur está la capital del estado, Brisbane, una ciudad
soleada y tranquila que es el centro neurálgico del turismo
en Australia, plagada de museos y orientada al ocio y relax de
sus visitantes. Tiene dos millones de habitantes, pero es una
ciudad “de reposo” gracias a su extensión y grandes zonas
verdes. Hay que visitar su centro histórico a pié,
pero también es muy recomendable verlo desde el río
que atraviesa la ciudad, en alguno de los transbordadores que
continuamente navegan por la zona, como el CityCat que tiene
su base en los muelles de Tagle.
Más
al sur de la capital se extiende el zona de costa preferida por
los australianos para sus vacaciones: Gold Coast, 45 kilómetros de hermosas playas, aunque muchos
kilómetros de esas hermosas playas de palmerales están
plagadas de enormes rascacielos que recuerdan con horror las masificaciones
a pie de playa de Benidorm o Torremolinos en España.
La
mejor opción para encontrar tranquilidad, alojamiento de
cualquier tipo, parajes ideales para excursiones a pie y largas
playas con muy poca gente, es la Isla Faser, donde el buceador
o amante de los deportes náuticos encontrará todo
lo que necesite sin problema y sin aglomeraciones. Otro tanto de
lo mismo encontraremos en las Islas Whitsunday, un precioso archipiélago
en el centro de la Gran Barrera de Coral.
Texto: Alejandra
Licintuña,
con información de Queensland Government y Dive Advisory
Fotos: BV, qld.gob.au y diveadvisory.org |