(29-09-08) Hemos viajado
al corazón de Indonesia, a Sulawesi, y nos sumergimos en uno de
los volcanes activos del “Cinturón de fuego”, un mundo extraño
lleno de contrastes, en el que nos encontramos cambiantes paisajes
y lugares en los que las condiciones de vida marina son difíciles.
Después de
unos días de turismo en Yakarta y Manado, llegamos al Mar de
Célebes, que baña con sus cristalinas aguas las Islas Sangihe,
al norte de Sulawesi. Es el final del llamado Anillo de Fuego,
en la cadena de islas de origen volcánico que arranca en el Indo-Pacífico
y atraviesa toda Indonesia.
Son muy pocos los volcanes submarinos conocidos
como este Banua Wuhu, en relación con los que hay sobre la superficie
de la tierra; se han documentado a lo largo de la historia unos
1.500 volcanes terrestres, mientras que muchos científicos aseguran
que bajo la superficie de los mares podría haber cientos de miles.
Desde el pasado
siglo se han descubierto unos doscientos volcanes sumergidos
y, las apenas dos décadas de conocimiento de fenómenos como las
corrientes hidrotermales o fumarolas, han dado paso a una nueva
etapa de investigación y conocimiento más exhaustivo de los océanos
y sus profundidades. Es un mundo del que sabemos muy poco y sobre
el que se formulan gran cantidad de hipótesis, como las que aseguran
que los volcanes submarinos son el origen de la vida en el planeta
Tierra.
Vamos a sumergirnos en uno de
los volcanes submarinos activos de Indonesia; el Banua Wuhu,
junto a la Isla de Manhengetang. En el año 1835 su cima formaba
una isla que se levantaba 90 metros por encima de la superficie,
pero sucesivas erupciones y movimientos sísmicos, el último en
1935, terminaron por hundir el volcán en el mar. Ahora, el cráter
está sumergido a cinco metros y sus laderas descienden hasta
el abismo.
al principio de la inmersiÓn,
vemos gran variedad de especies
Alrededor de los volcanes submarinos
hay áreas biológicamente productivas que son el hábitat de multitud
de corales, esponjas madréporas y gran variedad de especies animales.
Iniciando la inmersión por el sur de la cima del volcán, en sentido
contrario a las agujas del reloj, una pradera de coral tipo mesa
nos da la bienvenida a un escenario en que destaca el color verde
pardo de los restos sulfurosos procedentes del interior del volcán.
El fondo de tonos oscuros, producto
de los sedimentos volcánicos, contrasta con la explosión de vida
que se esconde en cada rincón. Aquí conviven, la anémona anfitrión
y el pez payaso, junto a esponjas oreja de elefante y ascidias
negras, mientras que el coral blando sirve de refugio para los
nudibranquios negros picudos.
Y sobre ellos, nada un inmenso
pez loro de cabeza jorobada, también conocido como el búfalo
del arrecife, que con su poderosa dentadura machaca los corales
alimentándose de sus tejidos vivos. Aquí hay ejemplares de peces
loro que llegan a medir un metro veinte de largo y, según algunos
científicos, la expectativa de vida de esta especie es de unos
30 años.
las laderas descienden hasta
los 400 metros
A medida que vamos bordeando el volcán,
cuyas laderas descienden hasta los 400 metros de profundidad,
el paisaje cambia y sobre el inmenso azul se recortan las siluetas
de bancos de peces de distintas especies, peleando por alimentarse
de los nutrientes que proporcionan las ricas paredes del volcán.
Vemos, junto a otras muchas especies típicas de arrecife, variedad
de peces ballesta, cirujanos, damiselas y ángeles amarillos.
Tras
las distintas erupciones y terremotos que han sacudido el Banua
Wuhu, los sedimentos y rocas expulsadas de sus entrañas, poco
a poco han moldeado las laderas del volcán, sobre las que se
asientan colonias de distintas especies de coral, que conviven
con gorgonias y esponjas de todos los tamaños y formas.
Pero las esponjas barril son
las que protagonizan el paisaje de esta parte del volcán, las
encontramos según buceamos hacia el Este y son como artísticas
esculturas, que decoran un gran escenario. Algunas alcanzan medio
metro de diámetro y, muchas de ellas, dan cobijo a especies oportunistas,
que se refugian en su interior.
Las esponjas barril sirven de
escondite para los más pequeños y asustadizos, para indolentes
peces globo, que nos miran amenazantes desde el interior y también
para huéspedes de mayor tamaño, como un enorme mero, que contempla
plácidamente la intensa vida del acuario que le rodea.
Cuando dejamos atrás las formaciones
de esponja barril, continúa el cambio de paisaje, y ya no se
ve tanta variedad de especies de gran tamaño. De las rocas grises
nacen algunas variedades de esponjas que son sorprendentemente
duras al tacto, como las esponjas chimenea. La fina capa verdosa
que las cubre son de algas y nutrientes, que sirven de alimento
a pequeñas damiselas, peces mariposa, ballestas y vistosas castañuelas.
coral mesa gigante en un bosque
de anÉmonas y esponjas
A mitad
de camino, y como en un mirador sobre el abismo, nos encontramos
con todo tipo de anémonas, corales y esponjas que se disputan
el mejor lugar, presididos por un enorme y llamativo ejemplar
de coral mesa. Esta especie se caracteriza por sus bandejas,
cuyas plataformas laminadas pueden alcanzar los tres metros de
diámetro. Son corales de crecimiento rápido y, probablemente,
los que menos tardan en regenerarse.
A medida que avanzamos, siempre bordeando
el volcán en sentido anti-horario, el panorama sigue evolucionando,
esta vez de manera más evidente. El fondo gris amarillento y
los estratos sueltos de roca volcánica indican un cambio importante
en el entorno.
Ya se
nota un sensible aumento de la temperatura; empezamos la inmersión
con el agua a 26 grados y nuestro termómetro indica que ya estamos
a 30. La vida animal es más escasa, los peces de talla grande
han desaparecido y sólo se ve algún ejemplar de emperador de
nariz larga y algunos más pequeños, como el pez mariposa picudo,
ángeles y antías de aleta rosa.
La cara
oriental del volcán muestra claramente las fuerzas telúricas
que han moldeado las rocas, y los cascotes de piedra negra anuncian
que nos acercamos al verdadero cráter del Banua Wuhu. Unos metros
más adelante, estamos sobre lo que sería la chimenea de salida,
en la plataforma de su cráter, de donde surgen burbujas de gases
que proceden del interior del volcán.
es como un crater en marte,
sumergido en agua hirviendo
Una fina capa de algas y sedimentos
sulfurosos cubren los gigantescos cascotes que el volcán expulsó
incandescentes en su última erupción. El paisaje que nos rodea
es espectacular por su coloración y lo agreste que parece. Es
como un cráter del planeta Marte sumergido en un mar de agua
hirviendo.
Mientras percibimos que el ruido
de las burbujas de los gases se confunde con el de nuestra respiración,
nos preguntamos, cómo bancos de pequeñas damiselas, que picotean
de las rocas el poco alimento que hay, pueden sobrevivir en un
ambiente tan hostil. Un entorno lleno de burbujas de gases tóxicos,
en el que el oxígeno del agua disminuye en un 30 por ciento,
la salinidad se triplica, el ph del agua se dispara y la temperatura
sube hasta los 34 grados centígrados.
Entre las burbujas y mecidos
por los movimientos del oleaje (estamos a 5 metros de profundidad),
es momento de preguntarse cuándo volverá a mostrar su furia de
fuego este volcán. Eso sí, cuando eso ocurra, sabremos a ciencia
cierta que será exactamente donde estamos buceando...
Texto y fotos: Jorge Keller, con
información de
la Embajada de Indonesia en España, archivo BV,
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