(26-06-06) La
isla más pequeña del Archipiélago Canario,
declarada Reserva
Mundial de la Biosfera, ofrece a sus visitantes, además
de su tradicional hospitalidad, inmersiones inolvidables y todo
un mundo de contrastes envuelto en un clima de eterna primavera.
En
el extremo sudoeste del Archipiélago Canario está la
Isla de El Hierro y, en su superficie de 280 kilómetros
cuadrados, la diversidad paisajística cobra especial protagonismo
y se convierte en el principal atractivo para el viajero. Todo
son contrastes; desde las áridas tierras de Los Lajiares
y las formaciones volcánicas del Sur y el Oeste, hasta
las verdes y fértiles tierras del Valle de El Golfo, pasando
por los densos pinares y neblinosos bosques de laurisilva en
la zona central de la isla.
El clima suave y uniforme de El Hierro está determinado
por la interacción de los vientos alisios y las corrientes
marinas del banco sahariano. Casi siempre hace viento, de moderado
a fuerte, y la temperatura en las poblaciones costeras oscila entre
los 19 y 23 grados centígrados.
La época de lluvias
suele concentrarse de noviembre a marzo y los alisios aportan el
resto del año un elevado grado de humedad que se condensa
en las laderas, dando vida a los bosques de laurisilva, formaciones
arbóreas siempre verdes de tipo subtropical.
El
Hierro surgió del océano tras una gran convulsión
del fondo marino hace unos 100 millones de años. Las fuerzas
de la naturaleza hicieron emerger una formidable pirámide
de tres lados cuya punta era la boca de un volcán a 2.000
metros de altura. Con el paso del tiempo, la acción de
la lava formó tres cordilleras sobre las que aparecieron
cientos de conos volcánicos.
DESLIZAMIENTO GIGANTESCO
La actual fisonomía de El Hierro tiene tan sólo 50.000
años. Un gran seísmo rompió un gran pedazo
de la isla y un deslizamiento de proporción gigantesca hundió en
el océano 400 kilómetros cuadrados de acantilados
y se formó el actual Golfo, entre el Oeste y el Norte. Expertos
geólogos aseguran que la ola devastadora (tsunami)
que provocó el hundimiento de parte de la isla, superaba
los cien metros de altura y su poder llegó a sentirse en
el continente americano.
La
mayor densidad de volcanes en Las Canarias se concentra en esta
isla. Hay más de 500 conos a cielo abierto y se calcula
que unos 300 más que quedaron cubiertos por la lava. Aún
no han sido explorados en su gran mayoría y; de hecho, sólo
se han estudiado a fondo y catalogado unos 80. En la línea
“dorsal” que atraviesa la isla de este a oeste se concentran las
mayores alturas de El Hierro, con el pico del Malpaso ( 1.503 metros
) como cota máxima, desde donde se domina gran parte de
la isla. Aunque no está tan alto ( 642 metros ) sí es
muy
espectacular la vista desde el Mirador de la Peña , que
domina el fértil Valle del Golfo, y que tiene un interés
añadido: el aprovechamiento del enclave fue diseñado
por el artista lanzaroteño César Manrique.
Las
zonas costeras están formadas por grandes extensiones de
lavas abruptas (malpaises) que llegan a formar gigantescos y espectaculares
acantilados de hasta mil metros de altura. Una orografía
que no deja espacio para grandes playas de arena como en las otras
islas del archipiélago, pero las hay en pequeñas
y solitarias calas de acceso algo complicado. Hay muchos entrantes
del mar que forman hermosas piscinas naturales ideales para baño
y ocio, como las de La Maceta en Frontera, Tacorón (cerca
de La Restinga ), o Las Calcosas en la costa de El Mocanal.
FLORA Y FAUNA MUY PARTICULARES
Dicen los viajeros que los grandes bosques de
coníferas de El Hierro son los más vistosos de Las Canarias.
En las zonas altas abunda la laurisilva, símbolo viviente de los bosques
predominantes en tiempos muy remotos, que comparte el entorno con laureles,
helechos y musgos. Junto a las encinas, hayas y el tieso pino canario aparecen
los eucaliptos no autóctonos como claro vestigio de la intervención
del hombre en la flora de la isla.
En
el oeste, las condiciones climáticas y los vientos que
azotan a veces con violencia han condicionado la formación
de sabinas de formas retorcidas. Moldeadas durante cientos de
años, son un símbolo característico de El
Hierro. El Sabinar fue incluido en 1975 en el
Inventario de Espacios Naturales objeto de Protección Especial
de Medio Ambiente.
La
escasa vegetación marca el paisaje de las zonas bajas
de la isla. El clima es más seco y árboles, arbustos,
matas, hierbas euforbiáceas son las especies predominantes,
entre las que aparecen algunos ejemplares de palmera canaria
o plantas como el drago. Sin embargo, destacan algunas no autóctonas
como las piteras (agaves), tuneras o chumberas con sus deliciosos
y empalagosos frutos. El toque de color más abundante
es el que dan los cardones y las tabaibas que, con sus peculiares
formas, llaman la atención allá donde estén.
INVASIÓN DE LA
HORMIGA ROJA
El
rey de la fauna terrestre en la isla es sin duda el lagarto gigante
de El Hierro ( Galliota simonyi ),
que durante un tiempo se creyó extinto y ahora está en
plena fase de recuperación. Prácticamente no existen
especies que nidifiquen en el suelo, desde que en los años
70 se introdujo en la isla la temible hormiga roja americana, que
acabó con la mayoría de las especie.
Entre
las aves destaca el cantarín de El Hierro, el canario
silvestre, un pájaro enjuto, entre gris y verde, que nunca
pasará desapercibido a causa de su continuado y estridente
trino. También hay abundancia de herrerillos y una especie
autóctona de pinzón, así como mochuelos,
cernícalos, tabobas (vistosas abubillas de alocado vuelo),
palomas y cuervos. En la isla también se pueden ver un
par de veces al año gran cantidad de aves
migratorias en sus viajes entre el continente africano y Europa.
Naturalmente, en las costas viven una gran variedad de especies
de gaviota y en los acantilados nidifican parejas sueltas de águilas
pescadoras.
La
rica variedad de artrópodos convierte El Hierro en un
inmenso parque de estudio para los biólogos. Decenas de
especies de mariposas, coleópteros y especialmente las
arañas constituyen un foco de atención, en el que
destaca el único ser viviente venenoso: una pequeña
araña que vive bajo las piedras y no es fácil de
detectar porque no produce telaraña. Allí se la
conoce como “la viuda negra” y su picadura produce lesiones que
pueden llegar a ser muy graves para el sistema nervioso del ser
humano.
Texto e imágenes: Juan Diego
M. Alcaraz, con información del
Excmo. Cabildo de El Hierro, Medio Ambiente Canarias y ecoturismocanarias.com |