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(21-06-06)
Al sur de Granada, en un fértil valle arropado por Sierra
Nevada y el Mediterráneo, está enclavada la capital
turística de la Costa Tropical: Almuñécar,
que tiene muy cerca el núcleo urbano de La Herradura.
Entre los límites de la Costa del Sol y la Costa de Almería,
19 kilómetros de litoral para explorar, con 26 playas
para todos los gustos: urbanas con todos los servicios (junto
a las poblaciones de La Herradura, Almuñécar, Velilla
y Taramay), calas solitarias entre acantilados, playas de gravilla,
de arena negra y naturistas.
Almuñécar
no es sólo sol y mar. Es obligado para el visitante un recorrido
por el rico patrimonio cultural, legado de su dilatada historia
que se remonta a los fenicios y que amalgama un crisol de culturas.
Restos púnicos, romanos y árabes salpican el entorno
urbano de monumentos, castillos, edificaciones y tradiciones. Son
vestigios del esplendor de las civilizaciones más poderosas
de la historia que pasaron
por allí.
Por
su climatología privilegiada, es uno de los centros turísticos
más atractivos de la costa andaluza y, por las muchas
opciones que ofrece, lugar ideal para la práctica del
buceo. Con una temperatura media anual de 18º, la denominación
de “Costa Tropical” es bastante exacta. Los inviernos son cortos
y suaves gracias a la protección de la cadena de montañas
que bordea el litoral y la época estival se alarga desde
la primavera hasta bien entrado el otoño. El Mar Mediterráneo
hace de efecto “termostato” y contribuye decisivamente a esas
temperaturas suaves y moderadas casi todo el año, en el
lugar más soleado de Europa.
En Almuñecar-La Herradura
el submarinista va a encontrar su centro de buceo sin problema;
es el deporte náutico estrella y la oferta es variada
y de calidad, porque en su costa se pueden practicar todo tipo
de inmersiones y es posible realizar cursos desde iniciación
a los más avanzados. En el entorno natural de Almuñécar
destaca La Herradura, donde está el Parque Natural de
los Acantilados de Maro-Cerro Gordo, un relieve costero de casi
400 hectáreas con fondos marinos de gran valor en los
que praderas de poseidonia, gorgonias, corales amarillos y rojos,
dan un toque de color tropical y albergan gran cantidad de vida.
Existen numerosas cuevas submarinas que cobijan especies de entornos
más profundos y con poca luz, además de infinidad
de coloristas nudibranquios, platelmintos, esponjas y briozoos,
que forman un patrimonio natural por su belleza y sensibilidad.
Otra
de las características de esta zona es su accidentada
costa en la que, sople de donde sople el viento, siempre se puede
bucear resguardado incluso en condiciones climatológicas
adversas. Sus fondos
aún conservan gran riqueza de especies de peces e invertebrados
y lo mejor se encuentra en las paredes verticales que son las prolongaciones
de los acantilados, con pendientes más o menos acusadas.
No
faltan los fondos rocosos, muy heterogéneos, con pequeñas
cavernas y gran cantidad de huecos. En sus cristalinas aguas
siempre se encuentran algunas especies pelágicas como
doradas, pargos, seriolas y dentones. Aunque la estrella más
famosa del lugar y uno de los mayores atractivos de la zona es
la presencia del “tranquilón” pez Luna, que parece vivir
en un mundo aparte.
La
Herradura es el segundo núcleo de población de
Almuñécar, con unos 3.000 habitantes de derecho.
Se puede decir que los herradureños viven del sector servicios
relacionado con el turismo, construcción y otro de cierta
importancia, el de la agricultura. La Herradura es un pueblo
antiguo pero joven. Sus característica orografía,
con el puerto natural que forma su bahía (reservada a
levante por la Punta de la Mona y a poniente por Cerro Gordo),
hizo del lugar un enclave estratégico para el tránsito
de las expediciones marítimas de distintas civilizaciones
a lo largo de la historia.
Aquí se
produjo uno de los acontecimientos históricos más
relevantes que hicieron "popular" esta localidad. Fue
en el siglo XVI, el 19 de octubre de 1562, reinando Felipe II,
cuando una expedición que navegaba entre Málaga
y el Reino de Nápoles fue sorprendida por un fuerte temporal
de levante. La flota buscó el abrigo de la bahía
de La Punta de la Mona, pero en la maniobra repentinamente roló el
viento a sur y sorprendió a la mayoría de la escuadra
que mandaba el ilustre marino Juan de Mendoza. Fue tal la fuerza
del viento que las naves chocaron unas contra otras y se hundieron
arrastrando al fondo a unas 5.000 personas y el precioso cargamento
que transportaban.
Con
información de: www.almunecar.info |