(19-11-07)
Viajamos
a Malta y sus pequeñas islas, donde hemos encontrado un remanso de paz y tranquilidad para bucear en aguas cristalinas. Un entorno en el que ocio y cultura se funden en un mar de leyendas alimentadas por siete mil años de historia..
Pocos lugares pueden vanagloriarse como Malta de haber protagonizado tantos episodios de la historia y la religión de la humanidad. Son tantos, que algunos han llegado a convertirse en leyendas que transmiten a este pequeño y luminoso rincón del Mediterráneo un halo mágico, capaz de sumergirnos en el pasado para exaltar el lado más romántico de nuestros corazones.
Las tres islas que forman el archipiélago de Malta conmovieron el corazón del Mediterráneo en el que surgieron. Éste, las convirtió en la puerta natural entre Oriente y Occidente y las acunó en sus aguas. Malta, Gozo y Comino fueron, desde el inicio de sus siete mil años de historia, objeto de la ambición de fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos, árabes, normandos, españoles, franceses e ingleses.
Ambicionaron
su privilegiada situación. Conquistaron su independencia, se hicieron señores del territorio ajeno pero, sin embargo no pudieron robarle al Mediterráneo la identidad de su corazón: en septiembre de 1964 se proclamaba la independencia de Malta y comenzaba a latir en solitario.
Hoy, el archipiélago de Malta es un lugar ideal para pasar unas largas y tranquilas vacaciones, hacer cursos de buceo, aprender inglés y poder vivir unos días llenos de visitas históricas, paseos bañados por un sol que brilla todo el año, con multitud de deportes acuáticos, entre gentes hospitalarias y amables, que nos ofrecen una riquísima gastronomía al más puro estilo mediterráneo. Y todo esto, a menos de tres horas de vuelo desde España.
VALETTA, LA "CIUDAD DE LOS PALACIOS"
La capital de la Isla de Malta es Valetta. Conocida como la “Ciudad de los Palacios”, está considerada como la gran heredera de Malta. Fue fundada por el Gran Maestre francés Jean de la Vallette, líder de la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan, quien, tras defenderla del gran asedio de las tropas turcas en 1565, decidió crear una nueva ciudad, siguiendo con exactitud
las directrices trazadas en un plano.
Hasta entonces, las ciudades en Europa habían crecido de forma fortuita, sin un plan trazado, pero Valetta debía ser una ciudad construida por caballeros y para caballeros. No cabían, dentro de los muros de la ciudad, imperfecciones arquitectónicas o urbanísticas de ningún tipo. En 1566, el Gran Maestre en persona colocaba la primera piedra que llevaba la inscripción “razón de ser” de la nueva ciudad. Y la razón de ser de la nueva ciudad fue llenarse de la belleza que, más de 400 años después, es posible admirar en la capital maltesa.
La Valetta de hoy cuenta con numerosos lugares de interés que merecen un lento paseo a pie por sus románticas calles con escaleras, en las que siempre es posible descubrir entre las piedras de sus edificios monumentales ese olor a mar que nos trae el mejor puerto natural de Europa, el histórico Grand Harbour.
GRANDES TESOROS ARTÍSTICOS
Una de las visitas obligadas en Valetta es la Co-Catedral y Museo de San Juan. Frente a su severo exterior, el interior de esta obra maestra es grandioso: tumbas de mármol de colores, pinturas al fresco y numerosas capillas llenas de tesoros artísticos. En su oratorio se puede ver, entre otras obras de relevancia, La Decapitación de San Juan de Caravaggio.
La historia de la Orden de los Caballeros de San Juan está recogida en el Palacio del Gran Maestre. Sus salones están adornados con frisos que recorren numerosos episodios de la Orden, y parecen invadidos aún por los fantasmas del pasado que continúan defendiendo la identidad de Malta.
Una buena manera de terminar un paseo por La Valetta es acercándonos a los Jardines Barraca. Desde ahí las vistas abarcan las Tres Ciudades (Cospicua, Senglea y Victoriosa), que forman una línea de fortificaciones denominada Cottonera. Sus límites acogen a multitud de pequeños pueblos de pescadores llenos de encanto y, sobre todo, de la alegría que caracteriza a los habitantes de Malta.
EL TIEMPO SE DETIENE EN LA "CIUDAD DEL SILENCIO"
Otra visita impresionante es la que nos lleva a la que fue capital medieval de Malta: Mdina. Situada en plano centro de la isla, es un remanso de paz donde el tiempo parece haberse detenido, y donde el ruido, las prisas y hasta los coches están prohibidos. Tal vez por ello, Mdina sea conocida como “la Ciudad del Silencio”. Hay que verla también al caer la noche, contemplando el sosegado ir y venir de sus habitantes y disfrutando de una agradable cena en una de las terrazas de alguno de sus acogedores restaurantes.
La cocina maltesa es un placer que condensa los sabores mediterráneos. Se basa fundamentalmente en la tradición campesina y en los productos del mar, con un toque exótico de especias orientales, que se sirve en generosas cantidades. Por mucho que digamos “no voy a poder con todo”, seguramente acabaremos repitiendo.
Hay variadas y sabrosas recetas basadas en el conejo de campo maltés (fenek), que se suman a los platillos típicos de la ribera mediterránea y del sur de Italia. El pan, el queso de cabra y el vino de la región siempre forman parte de un aperitivo que nos recuerda la exquisita sencillez del pueblo maltés.
Textos: Guadalupe Romero.
Con información de Malta Tourism Authority