(14-12-09) Los ecosistemas polares se encuentran bastante alejados de nuestras latitudes, pero gracias a la técnica podemos disfrutar de sus habitantes y especialmente de uno de ellos, las belugas, en el Oceanográfico de Valencia.
El buceo con cetáceos siempre es algo especial. Sus comportamientos, conductas y miradas, nos demuestran que estamos mucho más cerca de ellos que de los peces. Pues bien, si a ello le sumamos el poder disfrutar de una especie tan interesante como las belugas, nos encontremos ante una inmersión verdaderamente singular.
Una de las novedades más espectaculares que supuso la creación del Oceanográfico de Valencia fue la recreación de los ecosistemas polares, con todos los problemas técnicos que ello comporta. Se creó una gran cúpula, que recuerda a un inmenso iglú para albergar esta instalación. Contamos con una parte dedicada a la Antártida, cuyos protagonistas son los simpáticos pingüinos de Humboldt, donde se puede ver a los animales deambular por la tierra y nadar bajo el agua.
Otra está dedicada al Ártico, con espectaculares morsas, y uno de los grandes iconos de todo el parque: las belugas. Las ballenas blancas disponen de un gran tanque que recuerda los paisajes helados donde habitan, con cuevas y recovecos y más de 3,5 millones de litros de agua a su disposición.
Las belugas (Delphinaterus leucas) son una especie englobada dentro del suborden de los de Odontocetos, es decir ballenas con dientes y con un típico “melón” (abultamiento de la frente), su más claro ejemplo sería el cachalote. Pertenece a la familia Monodontidae, junto a otra especiemítica como es el narval.
Su nombre proviene del vocablo ruso “byelukha”, que significa blanco, ya que este es el color característico de la especie, como corresponde a un animal que vive entre el hielo. Al nacer son de color oscuro que poco a poco pasa al gris, en la juventud para llegar al blanco puro de la madurez.
PESAN ENTRE 1.000 Y 1.500 KILOS
Poseen pequeñas aletas pectorales, cortas y en forma de espátula, pero muy móviles. No dispone de ninguna dorsal, aunque si de una pequeña cresta, no muy pronunciada. Su cola es grande y redondeada, de donde recibe el impulso para nadar. Los adultos miden alrededor de 5 m, pudiendo llegar hasta un máximo de 7 m. Su peso oscila entre la tonelada y la tonelada y media.
Son animales tremendamente sociales que viven en grupos numerosos, ocupando todas las aguas árticas y subárticos, en una latitud entre 50º y 80º N. Existen cinco poblaciones principales: Mar de Bering, zona septentrional de Canadá y Groenlandia, bahía Hudson, zona de Svalbard y estuario del río San Lorenzo. Se estima una población mundial de entre 50.000 y 70.000 individuos.
A diferencia de otros cetáceos puede alterar sus expresiones faciales, modificando la forma de sus labios y la frente. También puede girar ampliamente la cabeza. Ello es debido a que sus vértebras cervicales no se encuentran fusionadas, lo que permite que se diferencie bien la zona del cuello.
Pero, tal vez, su faceta más llamativa es la amplia gama de sonidos de que disponen, de ahí les viene el apelativo de “canarios de mar”. En efecto poseen un gran repertorio de diferentes sonidos chasquidos, gritos, gorjeos, etc, perfectamente audibles tanto en la superficie como bajo el agua. Es posible que cuente con el más amplio espectro de sonidos de todos los cetáceos. Precisamente es este uno de los principales temas de estudio que con esta especie se llevan a cabo en el Oceanográfico.
Las ballenas del OceanogrÁfico
El oceanográfico de Valencia cuenta con dos ejemplares de esta especie, un macho, de nombre Kairo y de unos 16 años de edad y una joven hembra llamada Yulka de 8 años. Ambos ejemplares proceden del acuario Mar del Plata en Argentina. El macho de mayor tamaño y edad presenta una librea espectacularmente blanca, mientras que la hembra, todavía tiene un colorido más grisáceo, en consonancia con su más joven edad.
Además del impacto mediático de tener estos dos ejemplares, estas ballenas saltaron a la noticias por el embarazo que se produjo de manera natural, al poco tiempo de estar aquí, siendo el primer caso registrado en Europa. Así Yulka dio a luz aun ballenato de 90 kg de peso y una longitud de 1,20 m. Pese a los denodados esfuerzos de los equipos técnicos del parque (asesorados por varios centros de Canadá y Estados Unidos), dada la inexperiencia de la madre que nunca llegó a amamantarlo, finalmente murió entre un gran pesar popular.
El carácter de ambos ejemplares es muy diferente, no ya por el sexo, sino por la edad y su “educación”. Así en el caso de Yulka es muy llamativa su sociabilidad y curiosidad, quizás fomentada al haberse criado rodeada de delfines, mientras que el macho es algo más hosco.
Una inmersiÓn de ensueÑo
Con motivo de la realización de una serie de artículos sobre el Oceanográfico, este equipo tuvo la suerte de poder bucear en el tanque con las belugas. Un verdadero lujo, ya que hacerlo en su medio natural siempre es bastante complicado.
Nada más acceder a la instalación por la parte técnica, podemos oír los gritos de las ballenas, especialmente de Yulka. Son verdaderamente estridentes y nos causan un punto de turbación, pues al fin y al cabo vamos a bucear con animales de más de 5 m de longitud.
Nos acompañan sus cuidadores Felipe Cabildo e Iván Soto, a los que queremos agradecer el magnífico trato y ayuda que nos brindaron en todo momento. Comienzan a darnos las instrucciones pertinentes, empezando por alejar a los animales de la orilla por donde vamos a entrar.
Lejos de asustarnos con peligros o complejas instrucciones nos informan del comportamiento que ambos ejemplares van a tener. La verdad, es que a la vista de los posteriores acontecimientos, su conocimiento es milimétrico. Controlan a los animales a la perfección. Tenemos ocasión de ver en primera persona la profunda relación de respeto y cariño que hay entre las ballenas y sus cuidadores. Algo, sin duda especial. En resumen nos dicen que será la hembra, la más curiosa la que esté con nosotros, y que, de alguna forma la tratemos como un “perrillo”, nos sorprende; pero así será.
Buceando con belugas
Nos sumergimos en las frías aguas del tanque (aunque tenemos suerte pues dentro de los ciclos temporales establecidos, se encuentra a unos “calientes” 14º) y rápidamente, tras unos minutos de cierto desasosiego, Yulka aparece y ya no se separará de nuestra compañía durante toda la inmersión. Es un animal tremendamente curioso y en su mundo algo “aburrido”, pese a los esfuerzos por remediarlo del personal, somos una nueva atracción, así que, a pasarlo bien con los visitantes.
Mientras el macho Kairo nada por la piscina sin hacernos mucho caso, Yulka se siente atraída por todo lo que llevamos. Previamente nos hemos desprendido o guardado de partes innecesarias del equipo, para no llevar nada colgando. Pero lo que de verdad atrae a la beluga es su reflejo en las cúpulas de las cámaras, se acerca insistentemente hasta tocarlas.
Ante esta conducta, un poco agobiante para nosotros, al no estar acostumbrados a ellas, Iván nos advierte de que la apartemos con la mano, o incluso que volvamos la cabeza en señal de desdén. Parece increíble, pero el “truco” surte efecto y Yulka se va al otro extremo del tanque, absolutamente contrariada. La oímos gritar en señal de protesta, como se suele decir, si no lo veo no lo creo.
Superado este desencuentro vuelve a nuestro lado, nos empuja suavemente, jugando y nos toca el pelo insistentemente, como si fuéramos su cepillo gigante. Parece mentira la estrecha relación que se puede establecer con un animal así. Esta curiosidad y afán de juego, denotan su gran inteligencia.
El tiempo de juego toca a su fin y nada mejor que acabar con un momento dulce, como es la ingestión de varias sardinas. Salimos del agua, entre numerosos gritos de Yulka, ¿qué ocurre? Simplemente protesta porque os vais, nos comenta Felipe. Nosotros no gritamos, pero también nos vamos tristes por abandonar a estos preciosos e increíbles animales, en lo que ha constituido una inmersión, verdaderamente para recordar.
Texto y fotos: Juan Carlos García