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el Último tesoro canario

(19-05-09) Chinijo, este desconocido conjunto de islas e islotes al norte de Lanzarote, representa una naturaleza todavía virgen, tanto en tierra como en sus fondos marinos.

Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo

    Situado al norte de Lanzarote se encuentra el archipiélago Chinijo, compuesto por las islas de La Graciosa, Montaña Clara, Alegranza y los roques del Este y del Oeste o del Infierno. La mayoría de los turistas se conforman con su contemplación desde el mirador del Río, obra del famoso Cesar Manrique.

    Pero no cabe duda de que merece la pena pasear por las tranquilas calles de arena de La Caleta del Sebo, él único núcleo habitado, con sus casas blancas entre antiguos volcanes. Aquí es posible disfrutar todavía de la verdadera calma y tranquilidad del lugar. Y, por supuesto, descubrir sus ricas aguas llenas de vida.

buceando en el rÍo

Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo

    El Río es el nombre que se da al brazo de mar que separa Lanzarote de La Graciosa. Cuando el viento está en calma, parece efectivamente que estamos ante una corriente fluvial y no ante un mar bravo. Aquí nos encontramos con el punto quizás más conocido de la zona: Veril de las Anclas, que se sitúa perpendicular a las islas como si de algún modo quisieran estar unidas bajo el manto marino. No se trata de una inmersión profunda, el agua suele ser clara y a esa sensación de luminosidad contribuye la arena blanca del fondo.

    Es un buceo muy entretenido pues cada rincón está ocupado por algún inquilino: morenas negras, pico pato, cigarras, centollos, mientras que en el agua las fulas, julias y pequeños jureles nadan sin preocupación.

Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo

    A medida que avanzamos nos encontramos unas enormes anclas, las llamadas anclas de almirantazgo, íntimamente ligadas a la historia de la isla. Con el auge del comercio trasatlántico, tras el descubrimiento de América, toda esta zona se convierte en refugio de piratas. Los barcos quedaban escondidos en el Río a la espera de sus rapiñas. Las sucesivas escaramuzas que se produjeron con la Armada real y el progresivo descubrimiento de este recóndito escondite, hizo que en muchas ocasiones los corsarios tuvieran que huir precipitadamente cortando el cabo del ancla.

el bajÓn encantado

    Montaña Clara es un islote situado entre La Graciosa y Alegranza, donde los materiales volcánicos han adquirido un color más claro del habitual, de donde le viene el nombre. Nos situamos en las proximidades de la Punta de las Aguas zona de reserva integral dentro de los usos de la reserva marina, por lo que aquí, lamentablemente no podemos bucear.

Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo

    Más adelante podemos localizar un bajón situado en su parte más elevada a unos 27 m. Se trata, por lo tanto de una inmersión profunda, sólo apta para buceadores experimentados.

    Tras un emocionante descenso hacia los abismos podemos deleitarnos con la sorpresa que se abre ante nuestros ojos. Nos encontramos ante un verdadero jardín submarino, el jardín de las gorgonias. Los picos y las paredes de esta torre submarina se encuentran repletos de estos cnidarios (Gerardia savaglia) de gran tamaño. Al encender los focos, el espectáculo cromático es absoluto: tonos rojos, amarillos, rosas y violáceos se suceden es ente bosque mágico sumergido.

Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo

    Pero las sorpresas no acaban aquí, ya que varios ejemplares de coral naranja (Dendrophyllia ramea) pueden también observarse y el coral negro (Anthipathes wollastoni) cubre las paredes en las zonas más expuestas a la corriente. La luminosidad del sol y la claridad del agua nos permiten poder atisbar casi el fondo situado a más de 70 m. Increíble.

bajo las aguas de alegranza

   La más lejana de las islas del Chinijo es Alegranza y la que alberga una de las mayores calderas volcánicas de todo Canarias, con un diámetro de más 1,5, km. Cuenta con el único faro de los alrededores y se le da la paradoja de que es de propiedad privada. Tras una larga travesía llegamos por fin a nuestro destino, el veril de Alegranza o del Trabuco.

Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo

    El fondo se sitúa a los 28 m. El acantilado submarino corre paralelo a la costa rodeado de arena, como si fuese una pequeña cordillera que emergiera del desierto, por lo que la vida se concentra en él. Varios meros de un respetable tamaño aparecen como haciendo guardia delante de sus guaridas, en una mezcla de curiosidad y recelo hacia los extraños. Jureles y medregales patrullan por la cornisa sumergida en busca de presas, mientras en la oquedades se esconden los grandes sargos breados y pejeperros (Psedolepidaplois scrofa)

    Pero el espectáculo no sólo se manifiesta aquí, los grandes arenales bullen de anguilas jardineras y multitud de rayas de todos los tamaños corren a esconderse cuando detectan nuestra presencia, enterrándose en el fondo. Mientras, a media agua, varias águilas o ratones (Myliobatis aquila) pasan a nuestro lado con su elegante y pausado aleteo.

viaje al centro de la tierra

Alegranza, esconde también tesoros en su accidentado relieve, como es el caso del jameo, nombre por el que se conoce en Canarias los tubos volcánicos  que se han convertido en cuevas por las diferentes velocidades de la lava.

Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo Archipiélago Chinijo

Se puede acceder a él buceando, nadando, haciendo snorkel o hasta en una pequeña embarcación. En la costa rocosa de la isla justo se abre un gran agujero. Poco a poco penetrando en él, se va estrechando hasta casi tocar los lados de la embarcación. El agua va tomando un matiz verdoso y la oscuridad es mayor, a la vez que apreciamos un punto de luz en la lejanía.

Por fin acaba el túnel y desembocamos en una idílica laguna con una pequeña playa en su interior. Un momento de relax alejado por completo de las grandes fuerzas telúricas que provocaron esta maravilla natural.

La Burrera es un punto situado al norte de la Graciosa, frente a Montaña Clara. En el aspecto paisajístico es un típico fondo de alrededor de 20 m de profundidad, salpicado de grandes bloques que albergan multitud de cuevas y pasadizos. Aquí, a diferencia de otras zonas, sí crece una vegetación densa con numerosas especies de algas.

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Lo que destaca es la abundancia y el tamaño de las especies. Los abades (Mycteroperca fusca) son abundantes y nadan tranquilamente a nuestro alrededor. Vemos varios “capitanes” (ejemplares de coloración amarilla) en una sola inmersión. El nombre del lugar le viene dado por la proliferación de burros o burritos rayados (Parapristipoma octolineatum) que en gran cantidad aparecen en las cuevas.

Bancos de sargos, chopas y salpas oscurecen el cielo con su paso. Mientras, en las cuevas, catalufas (Heteropriacanthus cruentatus) de grandes ojos y rascacios nos examinan y los meros se esconden en lo más recóndito de las cavidades. Un pequeño botón de muestra de las enormes posibilidades que atesora este rincón todavía salvaje y desconocido del Atlántico canario.

Texto y Fotos: Juan Carlos García

 
 

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