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DARWIN Y STAR TREK, UNA MEZCLA EXPLOSIVA

Tiburon Ballena Tiburon Ballena (08-04-08) En nuestro primer viaje a Galápagos, tuve la suerte de admirar este esplendido animal en una sola ocasión, la última inmersión del ultimo día. Me quedó un sabor agridulce en mi mente. Una experiencia única, pero insuficiente. Necesitaba más dosis de tiburón ballena y puse a Neptuno por testigo que algún día volveríamos.

    Han pasado más de 10 años, y aquí estamos de nuevo, a bordo del Galápagos Aggressor I. Volvemos al escenario del crimen. Venimos dispuestos a ver más de un tiburón ballena, e incluso a fotografiarlos...

    Partimos de Baltra junto con su gemelo el Galápagos II, -lleno de americanos, un madrileño y nosotros dos-, hacia nuestro destino final: las lejanas islas de Wolf y Darwin. El tiempo acompaña, a primera hora de la mañana suelen aparecer las brumas típicas de este archipiélago, pero a mediodía el sol se abre y el Lorenzo castiga duramente nuestras calvas.

   Tiburon Ballena Tiburon Ballena  El mar está tranquilito, sobre todo comparándolo con nuestro primer viaje que fue un calvario. ¡Cómo se movía el motovelero en el que zarpamos! Parte de la travesía discurre de noche para hacerlo más llevadero. A la mañana siguiente, con legañas aún en mis miopes ojos, atisbo por el ojo de buey y sólo veo mar... Subo a cubierta, y allá en lo lejos veo una masa de roca gris emergiendo orgullosa entre la niebla matutina. Debe ser Wolf, pienso.

     Poco a poco la majestuosa pared de Wolf, se va haciendo visible. Recuerdo su gran pináculo sobre la bahía, sus escarpados acantilados grises, salpicados del blanco del guano de las numerosas aves marinas que allí anidan. El ruido ensordecedor de las fragatas, los curiosos piqueros patas azules, los imponentes vuelos de los albatros; en fin, naturaleza en estado puro.

    RUMBO AL ARCO DE DARWIN

    El primer día de buceo, después de tres inmersiones de tiburones (pero de los pequeñajos, de 2 a 4 metros), ya tenemos saciada nuestra ansia de bichos con dientes y le pedimos al Capi que nos lleve a nuestro destino final, el mítico arco de Darwin, la mansión de veraneo del tiburón ballena. Uno de los lugares del mundo con más “chance” (como dicen en Ecuador) de ver uno de estos imponentes animales.

     A la mañana siguiente ya hemos anclado en el lado más resguardado de Tiburon Ballena Tiburon Ballena Darwin, el mar está encrespado, pero no mucho para lo que se estila en estas latitudes; eso si, el cielo está encapotado, de un gris plomizo. ¿Neptuno, Neptuno, porque me has abandonado? Bajamos hasta los veintitantos metros y nos situamos pegados al arrecife.

    Hay algo de mar de fondo y el agüita nos zarandea un poco, es un tanto incomodo con toda la parafernalia de un rudo fotosub, pero... estamos en Darwin esperando al tiburón ballena. Muchos submarinistas matarían...  por estar en tu puesto. ¿De que te quejas Carlos? Pasan apenas diez minutos, cuando oigo el bang-bang producido por el golpeteo sobre  una botella de aire comprimido, es el Instructor que señala hacia el azul.

    No veo un “carajo”, pero esto del ballena es una cuestión de fe, como la existencia del Vellocino de Oro, el Santo Grial, o las chicas de Penthouse. Nado como un poseso hacia mar abierto, y de repente, a mi derecha, nadando contracorriente, un magnifico ejemplar de Rhinchodon typus; vamos, un tiburón ballena. Mi respiración se acelera, como mi aleteo. Preparo el equipo de afotos mientras nado en rumbo de intercepción, y cuando tengo su cabeza a solo dos metros de mi, empiezo a darle gusto al gatillo. Es como fotografiar a un autobús que pasa junto a ti: lento, imperturbable, poderoso... Me dejo llevar por la corriente, mientras el bicharraco me sobrepasa. Aprovecho para fotografiar todo su costado, desde la cabeza hasta la cola

LA PRIMERA INMERSIÓN FUE LA MEJOR

    Cansado pero feliz, vuelvo al abrigo del arrecife. ¡Quiero más! Tiburon Ballena Tiburon Ballena Ni me he dado cuenta que había otra gente a mi alrededor, en la pared me reencuentro con Celia, mi mujer y modelo, no hace falta que le pregunte si lo ha visto, puedo leerlo en su cara. Recuperamos el ritmo respiratorio, mientras tanto examino los controles de la cámara a ver si he metido la pata con los nervios.

     La primera inmersión fue sin duda la mejor, no por ver de nuevo a “mis ballenas” sino porque llegamos a contemplar hasta 5 ejemplares ¿distintos? en el mismo buceo. Incluso en una ocasión dos al unísono. Estuvimos varios días hasta saciar nuestra sed de tiburón ballena; en todas las inmersiones, repito, en todas, vimos al menos un ejemplar; siendo el promedio de tres por inmersión.  De nuevo, mi última inmersión en Darwin tuvo su propia magia.

     Nos sumergimos después de comer, es nuestra despedida del arco, las olas baten con fuerza sus columnas, y el agua salpica sus estriadas paredes. El cielo sigue gris y el agua turbia. Dentro de pocas semanas se espera la llegada del temido Niño; los que vengan detrás no tendrán tanta suerte como nosotros. Tiburon Ballena Tiburon Ballena Nos apostamos como siempre en el arrecife esperando al “autobús” y de nuevo el divemaster es el primero en verlo. ¡Que vista tiene el tío¡ Nado raudo hacía él (hacia el ballena, el divemaster como sujeto fotográfico no me interesa...) pero cuando llego, ya me ha sobrepasado medio cuerpo e intentar nadar a su ritmo contracorriente a mi avanzada edad, es tarea harto imposible. ¡Como echo a faltar mis 20 años, cuando era alto, guapo, rubio y sexy...!.

    Me dedico a fotografiarle sin mucha ilusión los “cuartos traseros”, y después de 3 o 4 fotos sin mucho entusiasmo me dejo llevar por la corriente. De repente, oigo un nuevo golpeteo en un tanque, y miro hacia el azul, no veo nada. Insisten. ¡Bang, bang!

ME OBSERVA CON SU MINÚSCULO OJO

    Ahora doy una vuelta de 360º sobre mi mismo, y allí está, viene directo hacia mí. Esta vez lo voy a pillar de frente, y no de lado como siempre. No te escapas “pezqueñín”. Dejo que se acerque, veo su minúsculo ojo como me observa entre curioso y aburrido. Debe pensar: “¿quiénes son estos seres que patosamente me siguen durante unos metros exhalando burbujas, mientras lanzan destellos de luz? Están locos estos romanos..."

    Tiburon Ballena Tiburon Ballena Cuando está solo a medio metro, noto que varía su rumbo hacia aguas abiertas para no arrollarme. No te preocupes Rey, tenía pensado apartarme. Pero en vez de hacerme a un lado, vacío todos mis pulmones de aire y dejo que me pase por encima. La silueta es preciosa, negro sobre azul. Una maquina de nadar y comer plancton. Una criatura única. Llevo el ojo de pez y le meto caña al disparador.

    A veces veo mis propias burbujas en el visor, pues estoy nadando boca arriba y a contracorriente, y no es fácil con una caja estanca y dos flashes. Palabrita del niño Neptunito. Le he “metido” medio carrete y ya estoy satisfecho. Dejo de nadar y su inmensa mole, pasa por encima de mí a solo un metro, como una de las escenas de Star Trek o la Guerra de las Galaxias. Es la nave nodriza. Como la cola puede golpearme, desciendo un metro más y veo como abanica mi entorno, los remolinos que crea me zarandean un poco. Y eso, que el tiburón va al “ralentí”.

    El manómetro protesta, queda poco aire en el tanque, y ello me obliga a subir hacia la cota de descompresión. Allí me encuentro, a la deriva, a uno de los Divemaster y a Celia, los dos con cara de felicidad. La mía debía ser parecida, como la de un Hare Krishna dándole a la pandereta el día de Acción de Gracias.

Texto y Fotos: C. Virgili / Risck

 
 

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