DEL DESIERTO AL ÁRTICO
(14-04-09)
John Laboria, “Team Manager” de National Geographic, acaba
de volver de dos expediciones de buceo completamente distintas,
pero que tienen en común los efectos del cambio climático
y la “evolución” del hombre.
El primer destino fue el Mar Rojo, queríamos comparar como está a como estaba años atrás. El equipo lo formábamos dos buceadores más y un biólogo marino. El punto de partida era Hurghada hasta llegar a Sudán.
Hace años Hurghada era un pequeño pueblo pesquero, ahora se han construido km y km de costa con hoteles, resorts, campos de golf, incluso hay un “Ministry of Sound”, discoteca muy famosa. Es una locura!! Parece que quieran imitar a Dubai.
Por no decir del estado en
que encontramos los corales y que antes se veían muchas especies
animales; ahora solo vimos 4 delfines, un tiburón oceánico
y dos tortugas, y eso llagando a Sudán, donde aún el Mar Rojo
está bastante virgen.
En uno de los pecios ví a un señor mayor con un rebreather y
un traje seco escarbando. Consiguió llevarse hacia la superficie
la suela de goma de una bota, no sé si es un limpiador ecológico
o si lo va a enmarcar en su casa como recuerdo. Todos los pecios
han sido saqueados hasta la saciedad.
Un viento extraño empezó a soplar, y hasta la tripulación,
que eran todos egipcios me dijeron que no lo habían visto nunca.
Las especies que se están multiplicando son los peces león,
escorpión, piedra y la morena gigante, y los corales cuerno
de alce y el de fuego. El planeta está en serio peligro.
EN TIERRA DE FUEGO Y HIELO
El segundo destino después de volver de un sitio en el que estuve a 24 grados y el agua a 22 constantes fue Islandia, la tierra de fuego y hielo. Un contraste total. Fuimos a sumergirnos en una gran brecha que se ha abierto en la isla debido al terremoto más grande de los últimos 20 años y que ha separado placas tectónicas.
En el exterior estábamos a 25 grados bajo cero, excepto un día que empezó a soplar una tormenta de nieve y bajamos a -45. El agua estaba a 0/1ºC. Éramos dos buceadores, todo un equipo de seguridad en la superficie, médicos, medios de comunicación, geólogos, volcanólogos y biólogos.
Primero bajamos un “minirob” para hacernos una idea y después fui el primer hombre en entrar allí, me sentía como el primero que pisó la luna. Combinamos el buceo bajo el hielo, en cuevas y el técnico, las modalidades más extremas que existen todas en una. Bajamos a 200m de profundidad y después íbamos cambiando de cotas.
Había lava aún candente y otra que se había enfriado, lo hicimos en tres partes hasta llegar al mar. Fueron 5 días interminables con 100 kg a la espalda cada día, pero mereció la pena, aunque pagamos su precio ya que Louie, el otro buceador y yo, estuvimos una semana en la cama recuperándonos.
Como anécdota, un día se nos congelaron partes del equipo y no nos quedaba agua caliente, por lo que tuvimos que orinar encima para descongelarlo. También tuvimos oportunidad de ver algún zorro ártico que cómo no, también está en peligro de extinción. Me dejaré la piel para ayudar a salvar a todos los animales a los que amo y la naturaleza de nuestro precioso planeta.
Texto y fotos: John Laboria Wells |