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(05-03-08)
Bueno, en realidad ya no quedan, dicen… Pero el
tema del canibalismo está latente en toda su cultura. Y si
no me creéis, solo hay que visitar las tiendas de souvenirs,
donde venden replicas de los tenedores de madera que usaban para
papearse a sus enemigos, ver sus danzas de guerra, o visitar la tumba
de Udreudre, record Guinness de voracidad antropófaga, pues
se merendó a 872 personas. Y eso que no estaba inventado el
Alka Seltzer… ¡Que aproveche!
Después
de recorrer en coche la costa Sur de Viti Levu (la isla principal
del archipiélago) llegamos a un pueblo pegado a Suva, allí,
en la parte trasera del hotel Trade Winds atraca el Fiji Agresor.
Lo primero que nos llama la atención es que su tamaño
es algo más pequeño que sus hermanos del resto del
mundo.
Pero ello es
una ventaja, pues no solo es más maniobrable, sino que al
albergar menos pasajeros, el buceo es menos “abigarrado”,
más familiar. Nunca hay cola ni empujones. En algunas inmersiones,
cuando el “personal” ya
empezaba a estar cansado, buceábamos solo 4 personas y el
guía (que baja en todas las inmersiones). Todo el mar para
nosotros. Y todos los bichos.
El barco es
cómodo como todos los de la flota, con camarotes con suficiente
espacio para todos nuestros trastos, A/C, la comida abundante y
excelente. Y como siempre, la tripulación muy servicial.
Pero quiero destacar la del Fiji Agresor sobre todos los
otros barcos de la flota que hemos visitado. Se desviven por que
pases una semana perfecta.
Después
de nuestro viaje, tengo entendido que han trasladado el barco que
tenían en Tahití a Fiji, y por tanto, realizan la
ruta ambas naves.
El buceo, se hace casi siempre desde la plataforma trasera del
barco, salvo ocasionalmente que se salta desde la neumática.
El primer sistema es el más cómodo y relajado de
todos. Se hacen, salvo en los días de navegación,
4 inmersiones diarias y la nocturna. Hablando de navegación,
este es el Agresor con el que más millas he hecho (generalmente
de noche), pues el capitán intenta siempre llevarte a los
mejores puntos de buceo, y estos no se suelen repetir, salvo que
los huéspedes lo soliciten. Y algunos puntos valen la pena.
El agua en “nuestro” verano
es fresquita, y lo suyo es bucear con un 5 mm, salvo que estemos
fondones y nuestra capa de grasa nos proteja, entonces puede bastar
un 3 mm. En cambio, la visibilidad en “su” invierno
es mejor que la de la temporada estival. No se puede tener todo...
Buceo tranquilo y relajado
en aguas muy ricas en vida animal
Las
corrientes suelen ser suaves, y la tripulación está siempre
atenta a las mareas para evitarlas. Por tanto, el buceo es tranquilito
y relajado. La cantidad de especies de fauna y flora que os esperan
debajo no os decepcionará, pues las aguas son muy ricas
en vida y colorido. Lo único que se echa en falta son los
grandes ejemplares de peces, puesto que los simpáticos barcos
asiáticos arrasan con sus artes de pesca, sin que el Gobierno
Fijiano haga grandes esfuerzos por impedirlo. (Esto no es un problema únicamente
de Fiji, sino de muchas áreas del planeta, incluso las nuestras,
Canarias por ejemplo)
Los bichejos
que contemplareis son una mezcla de la fauna del Indico con la
del Pacifico. Una de las características de estas aguas
es la abundancia de coral blando y las grandes gorgonias a profundidades
no abisales. Eso permite el contemplarlas y fotografiarlas sin
tener que “meternos” entre pecho y espalda, una aburrida
y larga parada de descompresión. Como además tienen
Nitrox a bordo, no sueles entrar nunca en “deco”.
Las zonas
de buceo, suelen ser casi siempre “boomies” (termino
australiano que define los pináculos submarinos), que nacen
a 20 o 30 metros del fondo, o por el contrario a cientos de metros
de profundidad. Lo suyo pues, es montarse en el tío vivo
y empezando desde la cota más baja ir ascendiendo. No hay
que perderse tampoco el “plateau”, la zona alta del
pináculo, que suele estar a 3/6 metros de la superficie.
La cantidad de corales duros y pececillos de colores es impresionante.
UNA PRADERA HIPNÓTICA
En uno de ellos que han bautizado como Kansas, por el contrario,
parece una enorme pradera de dicho estado, pues las algas se mueven
con el vaivén de las olas, mientras cientos de peces pastan
entre la hierba. Es un espectáculo hipnótico que
hace que la parada de descompresión se alargue voluntariamente.
En la parte inferior del pináculo, encontrareis cientos
de especies diferentes. Un servidor se pasó toda una inmersión
en cuatro palmos cuadrados fundiendo la tarjeta de memoria de 4
Gb. Palabrita del niño Neptunito.
Otra
de las visiones que me impresionó, fue la cantidad de “anthias” que
hay en algunas paredes de estos boomies, cientos, miles,
moviéndose al unísono hacia el azul, o hacia la pared,
para protegerse de los jacks que en patrullas de 2 o 3 ejemplares
pululan alrededor, esperando el momento apropiado para convertirse
en plateados misiles que causan estragos entre las filas de los
rosados pececillos. Y si no me creéis, este Tito Virggi
siempre tan “sagerao”, solo tenéis que ver las
afotos que ilustran este articulete. A las pruebas me remito.
Una de
las inmersiones para no perderse es E-6, un pináculo marino,
con paredes
casi verticales que nacen 1.000 metros más abajo. Mejor
no intentes llegar al fondo. El barco ancla atado en la cima del
pináculo al abrigo del mar, pues se halla en medio del Océano.
Saltamos de la popa y siguiendo la pared, al cabo de unos cuantos
metros, se halla la Catedral, una serie de túneles abiertos
por la parte superior que se hallan tapizados por grandes gorgonias,
coral negro, coral blando y alguna pequeña esponja incrustante
amarilla y roja.
El fondo
debe estar a menos de 10 metros, calculo, ello te permite tomarte
todo el tiempo del mundo para las fotos o el vídeo. Las
gorgonias están casi perfectas y las hay de muchos tipos
distintos. Las entradas de luz cenitales y frontales varían
en función de la hora solar. Es uno de los lugares del mundo,
donde he disfrutado más haciendo fotos con el gran angular.
Y estaba solito. Me caía la babita, regulador abajo.
Texto y Fotos: C. Virgili / Risck |