(08-05-12) Imaginemos un paisaje totalmente diferente, donde los fiordos no son nórdicos, sino rías rodeadas de densas selvas tropicales y sus aguas no son frías, sino cálidas y coralinas. Pues bien este lugar existe en la Tierra y se llama Tufi.
Tufi se localiza en la costa norte de Nueva Guinea Papúa, uno de los territorios más desconocidos, aún hoy, de nuestro planeta. Nos separan cerca de 250 km de la capital del país: Port Moresby. Sólo el avión nos puede llevar hasta allí. Atravesaremos planicies, densas selvas y altos volcanes, hasta que tras pasar el último telón de nubes, se abra ante nuestros atónitos ojos un panorama de increíble belleza, los fiordos tropicales de Tufi.
LOS FIORDOS
La primera impresión parece contradictoria, al hablar de fiordos tropicales. Paisajísticamente el resultado es similar al fenómeno escandinavo; en ambos casos el mar penetra en la tierra firme en forma de numerosos brazos; pero sus orígenes son totalmente dispares. Aquí no son los glaciares y su consiguiente erosión sobre el terreno los responsables de este hecho, sino la acción volcánica.
En efecto, toda esta costa se encuentra presidida por las moles imponentes de varios volcanes, como el monte Trafalgar que se acerca a los 1.500 m de altitud. Sus sucesivas coladas eruptivas y los procesos erosivos crearon estas verdaderas rías, que han permitido que el mar penetre varios cientos de metros tierra adentro. Ello crea unos paisajes de excepcional belleza donde se conjuga el verdor de una vegetación exuberante, con numerosas especies tropicales y largas palmeras, junto al azul del mar.
EXTRAÑAS CRIATURAS
Estos fiordos presentan unas muy buenas condiciones para la práctica del buceo y también del snorkel, muy popular aquí. Sus condiciones de profundidad y resguardo, hacen que se pueda bucear en cualquier momento del año y que presenten una buena variedad de especies de peces, aunque el desarrollo coralino no sea tan exuberante como el de los arrecifes exteriores, que luego veremos.
La gran baza de esta zona es, sin duda, el conocido muck diving que podríamos traducir como buceo sucio o fangoso, ya que se practica en fondos de estas características. Entre restos de palmeras, troncos, raíces y algún que otro residuo humano a medio descomponer, en un fondo de puro fango, podemos descubrir alguna de las criaturas más fascinantes que pueblan los océanos.
Extraños rascacios mimetizados por completo con el sustrato fangoso, pequeñas sepias que parecen hechas de barro o diminutas gambas transparentes que rápidamente se entierran en el fondo aparecen ante nuestros atónitos ojos. Pero sin duda uno de los momentos estelares es el descubrimiento del pez pipa fantasma.
Sorprende su diminuto tamaño real, de apenas unos centímetros, acostumbrados a verlos en grandes ilustraciones. Va nadando en posición vertical, exactamente igual que si fuera una pequeña ramita que lleva la corriente. Es más, una vez localizado, cuesta trabajo distinguirlo y apreciar toda su aparatosidad a simple vista. Es a través del objetivo de nuestra cámara cuando verdaderamente somos capaces de apreciar toda su vistosidad.
LOS RESTOS DE LA GUERRA
La historia de toda Papúa y la de Tufi en particular están ligadas dramáticamente con la Segunda Guerra Mundial. En toda esta zona del Pacífico fue particularmente intensa la confrontación entre americanos y japoneses, lo que significa la presencia de numerosos restos esparcidos por sus costas. La perfecta geografía del fiordo de la zona, donde en la actualidad se asienta el resort y el centro de buceo, hizo que se instalara allí una base americana de lanchas torpederas.
Sin movernos del puerto podemos observar dos pecios curiosos. En el primer caso y a 25 m de profundidad yace un jeep americano en bastante buen estado de conservación, toda una rareza. Casi al lado; pero a mayor profundidad, 45 m, podemos encontrar una de las lanchas torpederas que aquí tenían su base, junto a varios de sus torpedos. En cualquier caso, la mala visibilidad que presenta la zona y la profundidad excesiva hace que sea una inmersión algo problemática.
Si las condiciones del mar lo permiten y tras una prolongada travesía podemos tener acceso a hundimientos de gran interés. Por una parte el bombardero conocido como Black Jack, situado a 45 m de profundidad, pero en un estado de conservación óptimo. Y por otro el carguero artillado St. Jacobs, también profundo pero de una gran belleza por la profusa colonización coralina que ha sufrido a lo largo de los años.
LOS ARRECIFES EXTERIORES
Frente a la costa nos encontramos con una serie de arrecifes, de gran interés. No forman una barrera propiamente dicha, ya que no hay continuidad física, sino que se encuentran diseminados en una amplia zona. Se trata de verdaderas torres de coral de perímetro redondeado o a veces alargado, que se suelen poder recorrer en una sola inmersión.
Mulloway, Cyclone o Dyer´s son algunos de los más clásicos. En las paredes el coral presenta menor desarrollo que en la superficie, pero aparecen grandes matas de coral blando y especialmente enormes esponjas de barril, capaces de “engullir” en su interior a un buceador, convirtiéndose en los verdaderos pulmones del arrecife por su gran capacidad de filtrar agua.
Sobre ellas sobrevuelan cientos de tres colas de diferentes especies. En este tipo de inmersiones hay que estar siempre atento al azul de donde puede surgir, en cualquier momento, un encuentro inesperado.
LOS JARDINES DE CORAL
Si decimos que en las paredes están las emociones de los grandes encuentros, en la cúspide de las torres coralinas estarían la tranquilidad y la placidez de un verdadero jardín. La parte superior del arrecife se sitúa entre los 5 y 3 m de profundidad, perfecta para efectuar la parada de seguridad. En esta zona gracias a la abundancia de luz solar y a los aportes nutricionales de las corrientes, favorecen que el coral se desarrolle con todo su esplendor.
Extensas masas de acroporas y corales cerebro se extienden por la planicie arrecifal con un estado de conservación perfecto. La presencia de buceadores es muy escasa por lo que no se aprecian los tan temidos efectos de las aletas. Por otro lado hay que comentar la buena política que lleva Tufi Dive Resort, de no anclar nunca, para evitar daños a los corales. Un ejemplo que se debería seguir en otros muchos lugares.
La vida bulle en cada palmo de esta zona con millones de peces sobrevolando las estructuras coralinas de las que en muchos casos no se separaran durante toda su vida. Aquí podemos contemplar toda la diversidad del arrecife: tres colas de vivos colores, damiselas, mariposas, ángeles, cirujanos, ballestas y así podríamos seguir hasta recorrer la casi totalidad de las familias de peces tropicales.
Otro de los grandes alicientes de esta zona son los peces payaso. En estas aguas podemos encontrar una gran variedad de especies. Distintos diseños y diferentes anémonas para una de las más clásicas simbiosis del reino animal y un verdadero espectáculo para el observador.
LA GRAN CITA
Nuestro guía nos sorprende con una botella de plástico en la mano. Sería lógico pensar que se la ha encontrado y la recoge para subirla al barco; pero no. Poco a poco comienza a apretarla y a frotarla con las manos, con un ritmo acompasado que poco a poco va creciendo. El sonido es perfectamente audible por nosotros. Es una especie de sonido ronco, como si de una llamada de las profundidades se tratara, que pronto tendrá su respuesta.
Nos encontramos a unos 30 m y del profundo azul, casi negro del fondo surgen, raudas, las figuras de dos tiburones grises ineludiblemente atraídos por el sonido. Una vez descubierto que el extraño eco no tiene aparejado ningún componente alimenticio, se marchan. Es relativamente frecuente el encuentro con escualos, particularmente grises, punta blanca y algún martillo. Suelen ser encuentros fugaces, ya que los animales se muestran bastante esquivos. Según nos comentan su abundancia en un pasado reciente era mucho mayor, pero hasta este perdido rincón del planeta también se han acercado las devastadoras flotas orientales.
Seguimos recorriendo la pared, cuando en esta ocasión es un grupo de carángidos el que llama nuestra tención. Pero no podemos detenernos mucho en su contemplación ya que el Dive Master nos hace ostentosas señales hacia arriba; algo debe suceder cerca de la superficie. Efectivamente, levantamos la vista y podemos ver el majestuoso contraluz del vuelo de tres mantas. Parece que desafían no ya la corriente sino las propias leyes de la física. Por fortuna permanecen varios minutos en nuestra proximidad. Es una verdadera delicia poder asistir a este espectáculo que nos brindan las aguas de Tufi, una pequeña pincelada de los tesoros que encierran estas aguas lejanas y mágicas.
Texto y fotos: Juan Carlos García
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