(30-03-09) Una actividad
que no estaba al alcance de cualquiera, bucear con tiburones,
ahora es posible en Baleares, en el Palma Aquarium. En el enorme
oceanario mallorquín, a la vista del público, podemos sumergirnos
entre varias especies de escualos
En muchas
ocasiones los grandes reportajes y documentales se centran en los
tiburones, sin duda, las especies más emblemáticas del mundo marino.
Pero el aficionado al submarinismo, a menudo se tiene que conformar
con eso, al no poder desplazarse a los lejanos y caros lugares,
donde su avistamiento es más fácil.
Pues bien, mucho más
cerca de lo que pensamos, en Palma de Mallorca, en concreto en
el Palma Aquarium inaugurado reciente, tenemos la posibilidad
de disfrutar de una experiencia única: sumergirnos en su gran oceanario rodeado
de varias especies de escualos. Una aventura única.
Palma Aquarium nos presenta
un interesante recorrido por los diferentes mares del planeta,
con especial atención al Mar Mediterráneo, a cuyas orillas se
encuentra. Allí podemos observar los diferentes ambientes de
este mar, tan castigado como desconocido con especies que, desgraciadamente,
son ya muy raras en nuestras costas. El mundo de los descubridores
nos llevará a los acuarios tropicales del Índico, Pacífico y
del Atlántico, para que la visita acabe en la gran apoteosis
final del Gran Azul, el gran tanque de los tiburones.
Pero, antes de llegar a este momento,
Palma Aquarium nos ofrece un agradable paseo exterior en el que
podemos disfrutar de varios espectaculares espacios, como el
de las tortugas, las rayas o los tiburones martillos, para proseguir
por un paseo por la selva amazónica en un entorno verdaderamente
mágico.
el gran azul
Pero
la gran atracción se denomina el Gran Azul. Nos encontramos
con un acuario de 3,5 millones de litros, 33 m de largo y 25
de ancho, lo que nos da una idea de sus colosales dimensiones.
Quizás uno de los aspectos más interesantes para el visitante;
pero sobre todo para el buceador, es su profundidad de 8,5
m, que lo convierte en el más profundo de Europa, lo que nos
va a evitar cualquier problema de flotabilidad. En cualquier
caso es conveniente ir un poco sobrelastrado.
En esta gran piscina
podemos asistir al gran espectáculo de los grandes tiburones
y también de los pelágicos. Conviven un total de veinte ejemplares.
Destaquemos el tiburón toro o tigre de arena (Carcharias
taurus) con un total de seis ejemplares. Su perfecta adaptación
a la cautividad, además de su lento nadar y “fiero”
aspecto, los hacen inquilinos perfectos para cualquier acuario.
También
podemos disfrutar de la presencia, siempre nerviosa de
una pareja de tiburones grises (Carcharhinus plumbeus)
y diez tiburones de punta negra (C. melanopterus),
varias rayas, águilas y peces guitarra. Así como numerosos
peces: carángidos, corvallos y numerosas morenas. Todo
un espectáculo para la vista.
rodeados de ¡veinte tiburones!
La experiencia comienza con una
pequeña charla informativa sobre los aspectos básicos de la vida de los tiburones
y, lo que es más importante, sobre el comportamiento que debemos tener dentro
de la instalación. En todo momento iremos con un buzo de seguridad para evitar
cualquier posible inconveniente.
Por
mucha experiencia que se tenga, siempre causa cierta impresión
meterse en una piscina repleta de tiburones. Mientras nos vamos
equipando tenemos ocasión de ver pasar las inquietantes siluetas
de las aletas dorsales de los escualos. Es una imagen clásica,
que aquí aparece con toda su cruda realidad.
Comenzamos la inmersión
acompañados por nuestro guía Fidel Careaga, jefe de buzos. Nos
situamos en el fondo y ya podemos disfrutar, en todo su esplendor,
del espectáculo que se brinda a nuestros atónitos ojos. Los toros
recorren tranquilamente el perímetro del tanque, mientras los
grises deambulan por la zona central. Somos objeto preferente
de la atención del público que está expectante tras las cristaleras.
Poco a poco los tiburones van cogiendo confianza
y comienzan a acercarse, especialmente los toros. Su típico aspecto,
con sus clásicos dientes ganchudos sobresaliendo por la mandíbula,
los hace espectaculares en las distancias cortas. En cambio,
los grises se muestran mucho más retraídos y nerviosos.
los otros habitantes
Pero no todo son tiburones. También contamos
con una buena representación de sus parientes las rayas. El fondo
se encuentra repleto de diferentes especies de estos animales,
así como águilas marinas que nos rodean con su elegante vuelo.
Uno de los inquilinos más interesantes del Gran Azul,
son los peces guitarra alguno de buen tamaño que recorren, misteriosos
el fondo.
Muchos más peces pueblan este gigantesco acuario,
que aún nos depara sorpresas. Nuestro guía nos indica que le
sigamos en dirección a un pequeño recoveco donde aparece decorada
una cueva submarina. La escasez de luz y la ambientación están
muy logradas y allí podemos ver varias de las morenas que pueblan
el tanque. Una sorpresa más de este mágico entorno.
la hora de la comida
Aunque no es lo habitual, vamos a ser partícipes
de una sesión de alimentación. Aquí se alimenta a los tiburones
todos los días y verdaderamente con un menú de primera, como
podemos comprobar. El día de hoy tocan salmonetes y caballas,
recién traídas de la cofradía de pescadores y que harían las
delicias de cualquier gourmet.
Para ello se baja un cubo cerrado, del que Fidel
irá sacando los pescados, que, por razones de seguridad, ensarta
en un palo, pues la alimentación se hace a mano, individuo por
individuo.
Nos situamos en el centro de la instalación,
ante la expectación de los visitantes que esperan una demostración
de fuerza y frenesí. Nada más alejado de la realidad. Independientemente
del cierto nerviosismo que puede causarles nuestra presencia
y la de nuestros equipos (especialmente el flash), los tiburones
parecen inapetentes, hay que insistir en gran medida.
Poco a poco, los toros se van acercando. Pero
aún así no se deciden. El apetitoso pescado queda para que las
rayas intenten dar buena cuenta de él. Hay que tener paciencia,
cada vez se acercan más. Nuestro guía, literalmente les pasea
el bocado por delante de sus mandíbulas sin éxito. Quien lo diría,
acostumbrados a las falacias que se suelen decir sobre estos
animales. Por fin, uno de los machos se decide y arranca el pescado
del palo sutilmente. Como si fuera un pistoletazo de salida,
paulatinamente, los distintos ejemplares van pasando por el comedor,
para regocijo del público expectante.
los otros comensales
En cambio los grises no se acercan, parece que
no fuera con ellos. El ejemplar de mayor tamaño parece aproximarse,
pero siempre en el último momento un giro repentino le aleja
de la fuente de alimento. Sólo cuando Fidel deja un pescado en
el fondo, aparece como un relámpago y arrebata el trofeo. Una
velocidad total.
Pasa el turno de los escualos y empieza el de
las rayas, que a diferencia de sus primos no presentan ningún
asomo de “vergüenza”. Con un inmenso cariño, Fidel las abraza
y va dándoles sus pescados, una escena de verdadero amor y respeto
a los animales., que continua con las morenas. Vamos una a una
(son más de una docena en total) para administrarle su ración
diaria, un verdadero hotel de cinco estrellas.
Texto y Fotos: Juan Carlos García