Uno
de los motivos por el que nos embarcamos en la aventura de
hacer un crucero por Komodo es que nos aseguraron avistamiento
de mantas Diablo (Birostris). Sinceramente no las tenía
todas conmigo ya que hace unos años estuve en Maldivas,
donde me habían asegurado lo mismo, y no llegué
a ver ni una. No puedo explicar con palabras la cara que ponían
los amigos de buceo al decirle que no había visto mantas
en Maldivas. Me miraban como un bicho raro, pero es así.
En la vida sólo hay una cosa segura...
Celso, nuestro
guía español toda una suerte porque mi inglés
no pasa del utilizado en la playa para hablar con los guiris,
se afana en indicarnos una serie de normas para que, básicamente,
no asustemos a las mantas. Además nos comenta que
el agua en esta zona es algo más fría, 22º.
Todos estamos atentos a sus comentarios, aunque la imaginación
ya está con ellas. Que si no hay que perseguirlas,
no hacer ruido con sonajeros y demás, etc. El problema
es que cuando llega el momento de la verdad se te olvida
todo. Es como ese momento crítico antes de un examen
y te quedas en blanco.
DE CAMINO
El punto de inmersión está
muy cerca del barco. Salimos en la zodiac hacia una especie
de montaña submarina que sobresale uno 10 m del
agua. Yo aferrado a mi cámara y comentando con
Loli qué fotos podemos hacer. A unos 15 metros
de la montañita Loli y algún compañero
más avisan que hay mantas porque han visto las
puntas de sus aletas salir del agua. En ese momento las
veo y se me dispara la adrenalina. Por fin voy a ver
mantas de cerca. En Gran Canaria se suelen ver las mobulas
bastante parecidas a las birostris, de menor tamaño
y de un color como grisáceo, pero esto no tiene
nada que ver.
Al bajar no
vemos ni una, “a que se ha pirado”. La inmersión
en sí
no tiene mucho que ver, rocas, poco coral, agua turbia
y una profundidad de no más de 15 metros. Ya se
me mete el miedo en el cuerpo, pero afortunadamente aparece
la primera para despejar mis dudas. Que pedazo de bicho,
que majestuosidad. De punta a punta de aletas mide unos
3 m. Da la impresión que vuelan en vez de nadar.
Mi grupo lo
conformamos 5 buceadores y guía, todo un lujo. Salimos
disparados a por las mantas. Si, no se debe hacer, pero la
emoción es así. Con tanta carrera no he sacado
prácticamente fotos. Celso que se da cuenta no avisa
a Loli y a mí para que nos separemos del grupo para
que pueda realizar mejores tomas y sin que seespanten mucho los bichos. Ya separados
del grupo las vemos aparecer una detrás de otra. Ya no se
donde mirar. Desafortunadamente sé, que por el tamaño
de la cúpula o por mi exceso de movimiento no se me acercan
todo lo que yo quisiera, aun así estoy disfrutando como
un enano viendo como hacen las pasadas por encima de Loli.
Cuando nos
queremos dar cuenta ya llevamos una hora de inmersión
y va tocando salir. Como en otras ocasiones nos hemos quedados
los últimos y tenemos a la gente esperando en la barca.
Esto de hacer fotos es lo que tiene. Ya fuera del agua parecemos
cotorras todos intentando explicar la experiencia y lo emocionante
que ha sido. Hasta para el más experimentado buceador
es un encuentro increíble.
EL CONTRAATAQUE
Antes
de llegar al manta point nos habían comentado que
hacía meses que las llevaban viendo y
que si en la primera las encontrábamos podríamos
hacer una segunda. Todo un detalle por parte de la Mariboss,
que era así como llamaban a la australiana responsable
de la gestión del barco.
Estamos deseando
volver y pensando en cuantas vamos a ver ahora. Nada más
bajar empezamos a verlas, pero de una forma diferente, increíble
están danzando. Estamos delante de 6 mantas girando
en círculos. Es muy difícil describir lo que
es ver estas moles “volar”
con esa ligereza. ¡Qué espectáculo! Una
vez se han ido me avisan que una me viene muy cerca y me
escondo detrás de un montículo para pillarla
de lleno. Parece que esto del sigilo no va conmigo. En cuanto
me asomo el bicho hace un giro y me esquiva. Pena de foto.
Anotación mental: hay que ser más paciente.
Entre estos mastodontes aparece una
más pequeña. Así como el resto tienen
la parte superior negra y la inferior blanquecina, pero esta
pequeña es diferente. Completamente negra y con una
sola mancha blanca en el estómago. Es preciosa, como
para llevársela a casa. Otra vez se nos pasa el tiempo
como nada. Con las imágenes grabadas en la retina
y en la tarjeta CF volvemos al barco.
En la hora de la comida los compañeros del otro grupo
nos cuentan que han rodeado la montaña submarina y
que había una corriente impresionante. Eso sí,
como recompensa han visto 10 mantas juntas. Podría
uno pensar en qué exagerados, pero no, a la noche
nos enseña un vídeo con todas ellas. Simplemente
espectacular. Volvemos a revivir tan gratificantes momentos.
Después de todo lo vivido
en este crucero por Komodo no puedo por más que aconsejarlo
y sobre todo a los amantes de la fotografía. Te puedes
encontrar desde minúsculos nudis a grandes mantas.
En la próxima entrega hablaremos de las mejores inmersiones
de Komodo y mientras, para saber más: Mermaid I - http://www.mermaid-liveaboards.com/
Texto y Fotos: Carmelo Andrades
Equipo Fotosub Buceo Virtual