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(19-09-08) En el norte de
la isla Sulawesi (Indonesia) un peculiar destino nos sorprende: Lembeh.
Considerado como la meca del “Muck Diving” descubrimos que es cierto
todo lo que se habla de las peculiares criaturas que viven en sus aguas.
Si alguna vez
te has preguntado de dónde saca Spilberg tanta imaginación para
crear los bichos de sus películas, piensa que seguramente sea buceador
y es muy probable que haya estado en Lembeh! Es un lugar que se
caracteriza por su tipo de buceo denominado “Muck diving” o buceo
en el fango. Si buscas algo diferente o eres fotógrafo, sin duda,
Lembeh es tu destino.
Cámara en mano, ¡es difícil elegir qué fotografiar!
En un momento encontramos al famoso pulpo mimético y a su lado,
un pez sapo camuflado, que pasa perfectamente por una esponja.
Según descendemos desde el barco lo único que se distingue es un
oscuro fondo arenoso, con una no muy buena visibilidad y la apariencia
de un desierto volcánico. Más de uno, en esos instantes, habrá
dudado de lo que hace ahí, si se ha equivocado de destino...
Los más escépticos
no se convencen hasta llegar al fondo, una vez allí comienza el
desfile, los divemaster no tardan en encontrar una “criatura” tras
otra. ¡Mucho cuidado dónde nos apoyamos! Extraños seres se camuflan
en el fondo y tenemos muchas papeletas para recibir un picotazo
si nos despistamos.
parece un "casting" de pelÍculas
de terror:
El pez diablo se gana
su nombre a pulso. Tal y cómo me mira, me disuade de acercarme
un poco mas a hacer la foto, por esta vez nos saltaremos
ese buen consejo fotográfico que dice: “acércate mas”.
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“Snake Eel” puedo leer
en la pizarra de mi divemaster: anguila serpiente; no lo
había oído nunca y, tras la pizarra, descubro en el suelo
una afilada cabeza que sobresale, con un gran ojo, y peor
que el ojo es la mirada! La sensación es tenebrosa, viendo
la cabeza, ¡te sobran las ganas de ver el resto!. |
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Painted Frog fish: lo
hemos visto en algún otro destino, pero aquí hace buen equipo
con sus compañeros de zona, el pequeño pez sapo negro mueve
el curioso cebo que sobresale por encima de su boca, cual
caña de pescar. Esta especie está dotada de un peculiar aparato
que se extiende por encima de la boca y acaba con una forma
que simula un pez: comida de su “comida”. La víctima se acerca
pensando que va a obtener un suculento manjar, lejos de la
realidad, ya que segundos después pasa a ser el manjar de
este astuto pez sapo. |
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Polillas de Mar: otro
curioso habitante de los suelos de Lembeh nos lo encontramos
caminando por la arena en compañía de su pareja. Diminuto
y difícil de ver salvo que se esté moviendo, ya que se mimetiza
fácilmente con el fondo.
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Pigmy SeaHorse o
también conocido por caballito pigmeo que mide entre 1 y
2 cm. Los divemaster tienen la habilidad de identificarlo
en la gorgonia, nuestra vista aun así no alcanza a distinguir
tan pequeño ejemplar, mimetizado con los colores de la gorgonia
en la que habita. También encontramos al caballito de mar
espinoso de talla mas grande que el anterior y residente
de un cabo del fondo, agarrado por su enroscada cola se mueve
al compás de la corriente, destaca por su largo hocico y,
sobre todo, porque es mas sencillo de ver que su primo pigmeo. |
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Dentro de la familia de los peces
escorpión, en Lembeh residen muchas familias y subfamilias
de este género, desde el mencionado pez diablo, pasando
por varios tipos de peces león, de bellísimas aletas,
al temido “padrino” de la familia: el pez piedra y los
frecuentes de ver pez hoja, arrastrándose por el fondo
con la total apariencia de hoja a la deriva.
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También nos encontramos con varios tipos de peces pipa,
al principio tardamos en verlo, después, cuando nuestra
retina se acostumbra al tamaño y color del mismo, nos
damos cuenta de la facilidad con que lo encontramos,
tal vez sea porque suele estar en movimiento, su ávida
mirada parece que siempre anda tras algo, levanta su
pequeña cabeza observando a su alrededor antes de continuar
en su rápido avance.
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"mimic"
Y cómo no vamos a hablar del maestro del mimetismo:
el pulpo mimético, va más allá del camuflaje con el fondo, imitando a otros
animales. Puedes verle nadar como si fuera un lenguado venenoso, moverse con
la forma de un pez león; con sus tentáculos imita las aletas de éste, enterrarse
como un blénido, imitar a una sepia… todo un repertorio de personalidades y
cambios de librea con un único fin: protegerse de sus depredadores. No sólo
imita formas y colores, lo curioso es que también imita los movimientos del
pez al que interpreta.
Este
artífice del mimetismo, como todos los de su especie, también
es curioso, por lo cual no resulta huidizo a nuestra presencia,
parece que se deleita mostrándonos sus variopintas caras, guarda
las distancias pero no se va y nos sorprende con sus cambios.
Esta especie ha sido descubierta no hace mucho y es muy difícil
de ver, aunque en Lembeh nos ha acompañado en varias inmersiones.
Para nuestra satisfacción hemos podido ver varias veces la pizarra
del divemaster con la esperada palabra: “mimic”.
el ritual del mandarÍn
Un curioso
dragoncillo camina a gran velocidad por la arena, al intentar
fotografiarle nos da continuamente la espalda y estira sus pequeñas
y coloridas aletas. Pero sin duda, el dragoncillo que más nos
sorprende es el mandarín, especie muy difícil de ver, que en
Lembeh tenemos perfectamente localizada por los divemaster, con
lo cual está prácticamente garantizado el éxito de la visita.
En grupos de 4 personas máximo nos acercamos al coral
donde reside habitualmente, en una hora estratégica, las 17:30 pm, cuando este
curioso animalito comienza su eufórica actividad de conquista. Una vez situados
esperamos que vaya cayendo la tarde y la luz, poco esperamos cuando percibimos
los bellos colores del mandarín entre los corales. Varias parejas de mandarines
se mueven ajetreadamente; el macho se distingue por su gran tamaño respecto
a la hembra, que es bastante más pequeña, dentro de que ambos son de pequeña
talla, no más de 6 centímetros.
Es un
espectáculo digno de ver, los divemaster llevan luces rojas ,
tenues, para alumbrarlos sin espantarlos, luz que para coger
foco con la cámara ¡es un suplicio!
Los pequeños
mandarines comienzan una especie de juegos de conquista, hasta
el momento que parece que “se ponen de acuerdo”. La pareja junta
sus aletas ventrales, y se elevan lentamente como si de una levitación
se tratara, entonces es cuando se produce el desove, al llegar
a una altura se dejan caer de golpe, como si fuera una lanzadera.
Este ritual lo repiten varias veces y varias parejas de las que
se encuentran en este lugar, durante una media hora nos deleitamos
con el ritual del mandarín, contemplando este bello animalito.
Es curioso, bonito y divertido de ver.
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Texto y Fotos: Loli Alcarria |