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BAJO EL HIELO DEL MAR BLANCO

Bajo el hielo del Mar Blanco Bajo el hielo del Mar Blanco (03-02-10) Cada invierno hordas de buceadores encabezan los destinos congestionados y superdesarrollados del Mar Caribe y el Mar Rojo. Pero hay una opción menos conocida: volar a Moscú, coger un tren durante 27 horas hacia el norte, hasta Belomosk, y conducir dos horas por carreteras cubiertas de nieve a un pueblo que está casi en el Círculo Polar Ártico, a lo largo de una ensenada del Mar Blanco. Luego, coger una moto de nieve hasta un pequeño triángulo negro cortado en el hielo.

Bajo el hielo del Mar Blanco Bajo el hielo del Mar Blanco     Bucear bajo el hielo es una de las últimas aventuras en buceo. Los destinos populares incluyen la Antártida, Newfoundland y algunos lagos en los Alpes austriacos y los Pirineos españoles. Uno de los mejores –y menos conocidos- está en el Mar Blanco en Rusia.

    Allí flotan ctenóforos diáfanos de los colores del arco iris (como medusas sin tentáculos). Estrellas de mar yacen en las rocas y hay ofiuriodeos de todas las formas posibles. Hay ofiuras cuyas largas patas como de araña son a rayas rojo vino y blanco crema, y hay estrellas brillantes de color rojo rubí con patas cortas, cada una con sus delicados tentáculos de filamentos.

Bajo el hielo del Mar Blanco Bajo el hielo del Mar Blanco     Bosques frondosos de grandes anémonas redondas, cada una de marfil o de un rosa anaranjado, parecen una instalación de arte alucinógeno de los 60. Entre ellas viven esponjas multicolores y algas, colonias de percebes y diminutos cangrejos con esqueleto neón – lavanda. Los peces lobo se esconden en las grietas.

    Sobre el lecho marino, hectáreas de algas de bajo crecimiento, cuya ondulación es tan fascinante como una fuga de Bach. Y sobre todo ello, está el hielo, casi vivo, filtrando la luz del sol en variadas sombras de verde esmeralda y oro. Cuando uno finalmente asciende a través del agujero de hielo literalmente está ascendiendo hacia la luz.


El agua estÁ a bajo cero

Bajo el hielo del Mar Blanco Bajo el hielo del Mar Blanco     La vida marina en el Mar Blanco es tan rica en parte porque el agua fría tiene más oxígeno que la caliente, y en invierno está a bajo cero grados. Esto significa que los buceadores necesitan ropa interior, mucha. Un traje seco, al contrario que el más común húmedo, es obligatorio. Con una cremallera proveniente de diseños de la NASA, y cierre hermético en el cuello, mantiene el cuerpo perfectamente seco.

    En mi reciente viaje de buceo de siete días con una empresa rusa llevé puestas tres capas bajo mi traje seco: un traje de unión de polipropileno para evitar el sudor, un johns de espeso polar largo, y un Thinsulate aún más grueso para aislar de la ropa interior que parece un traje para la nieve. Llevaba además dos pares de calcetines y los escarpines Thinsulate, más los calentadores químicos de pies que reaccionan con el aire para generar calor. Las usé en las manos también, donde llevaba tres capas de guantes bajo guantes de goma exterior.

Bajo el hielo del Mar Blanco    En la cabeza tenía dos capuchas de neopreno, una fina bajo una espesa que estaba metida en un collar para protegerme el cuello. Una máscara cubría la piel alrededor de la nariz y los ojos. Sólo los labios, que sujetaban la boquilla conectada a mi suministro de aire, estaban expuestos directamente al agua fría. Los labios tienen tanto flujo de sangre que no se adormecen, sino que simplemente sienten un hormigueo en la entrada.

Bajo el hielo del Mar Blanco Bajo el hielo del Mar Blanco     Vestirse con todo esto, más las aletas, botella y pesos de plomo que ayudan a la flotación, se lleva una media hora. Nos vestimos en refugios móviles sobre esquís, donde los calentadores de gas me hacían sentir como una momia en una sauna. Meterme en el agua fría fue un alivio.

    Pero el frío tiene su peligro. Las válvulas pueden congelarse, dando al buceador un aire libre de flujo o cortando el suministro de aire. Cada botella de aire para buceo bajo hielo tiene dos válvulas, no como el estándar para el buceo de aguas templadas, y la válvula de la boquilla tiene un diseño resistente a congelación.

Emergencia con el chaleco hidrostÁtico

Bajo el hielo del Mar Blanco Bajo el hielo del Mar Blanco     Incluso así, tuve una emergencia. Llevaba puesto un chaleco hidrostático para controlar la flotabilidad, y una válvula en él se congeló, el chaleco se infló como un globo y me envió hacia arriba. Estaba clavado contra el hielo, incapaz de nadar libremente, con el aire de mi botella fluyendo rápidamente. La seguridad del mundo terrenal estaba menos de un pie de distancia, pero me separaba de él un muro de hielo impenetrable.

    Éste el segundo peligro de bucear bajo el hielo: para ascender a la superficie hay que volver al agujero de hielo. Sin aire y vistiendo cerca de 45 kg. de material, incluso 20 metros bajo el agua pueden ser una distancia larga e incluso letal. Cada buceador está asegurado con una cuerda que lo conecta a otras dos personas: un compañero en el agua y otro en la superficie.

Bajo el hielo del Mar Blanco Bajo el hielo del Mar Blanco     Mi compañero me vio en problemas y dio la señal de emergencia: cuatro tirones de la cuerda y la persona del exterior tira de nosotros. Íbamos patinando por la superficie inferior del hielo, una sensación tan divertida y hermosa que olvidé el peligro. Una vez arriba el vigilante echó agua caliente de un termo sobre la válvula y reanudamos la inmersión.

    Viviendo tan de cerca con el hielo uno se da cuenta de que es cualquier cosa menos estática. Un sol radiante brilló los dos primeros días. Pero luego cayó una fuerte nevada, y cuando fuimos al agujero en el hielo se había formando un charco en el hielo. El peso de la nieve había empujado el hielo hacia abajo, forzando al agua a salir hacia arriba a través del agujero. Otro día estábamos buceando cuando se produjo una tormenta. Nuestros guías, preocupados porque se formaran grandes olas en mar abierto capaces de fragmentar el hielo, decidieron que nos marcháramos.

Bajo el hielo del Mar Blanco Bajo el hielo del Mar Blanco     Incluso sin las tormentas, la marea sube y baja casi dos metros, así que el hielo se fragmenta en los bordes continuamente, se vuelve a congelar y a fragmentar. Debajo, la fricción constante esculpe el hielo en formas impresionantes a través de las cuales la luz pasa como si fuera a través de un calidoscopio.

    Arriba, la tenue luz de una tormenta de nieve o el atardecer enseña toda la gama de color del hielo ártico: cada variación imaginable de blanco y gris y un suave azul iridiscente que parece emanar de su interior. Por la noche el viento barre franjas de hielo limpio de nieve y  brillan en un negro obsidiana. La parte inferior del hielo burbujea como una esponja, y en muchos agujeros viven diminutos crustáceos. Se forman burbujas al bucear y caen como si fuera lluvia.

Texto: Mark Montoya

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