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Al sobrevolar
Menorca, una isla del archipiélago Balear de solo 701.80 Km2,
lo primero que nos llama la atención es su frondosa vegetación. Menorca
es verde-árbol. Observando sus pequeñas colinas y su rocosa
orografía (su montaña más alta es el Monte Toro, con 358 metros)
descubriremos rápidamente su origen volcánico, Menorca es negro-lava. Sus
aguas y atmósfera son de un azul hiriente, intensísimo. Menorca
es azul mar y cielo. Y, finalmente, Menorca es blanca.
Sus níveas playas y sus pulcramente encaladas casitas así nos lo
muestran.
La pequeña y
hospitalaria Isla está surcada por una innumerable red de carreteras
y tortuosos caminos polvorientos que nos llevarán a coquetas y
solitarias calas, o que nos conducirán a fascinantes construcciones
monumentales de piedra, erigidas por nuestros primitivos antepasados
en la noche de los tiempos.
Menorca está plagada de cuevas y grutas donde primero habitaron
los animales salvajes, después los primeros pobladores de la Isla, y hoy, aunque
en regresión, lo hacen pequeñas comunidades de “hippies”.
Pero la superficie
de la isla está no solo repleta de cuevas, horadada en sus entrañas
por gigantescas mega-manos, también la zona sumergida de este “gruyere
volcánico” es una exposición sin par de las fuerzas ciclópeas de
la naturaleza.
El fondo menorquín
es un laberinto de cuevas, arcos, pasadizos y túneles sumergidos,
que esperan ser surcados por aquellos afortunados que podemos también
explorar la Menorca más desconocida, la submarina.
En este artículo
me limitaré a describir genéricamente dos zonas de buceo de la
Isla, la Noroeste (la más cercana a Ciutadella, la antigua capital
de la Isla), y la Sureste (próxima a Maó, su capital), y ello
por dos motivos:
Son las que más conozco, ya que en la primera
tuvo lugar el Campeonato del Mundo de Fotografía Submarina, y en
la segunda se celebró el Campeonato de España de igual especialidad,
en ambos participé, siendo mi despedida del mundo de la competición
(federativa). Por algo será que se escogieron estas zonas, donde
me he sumergido en bastantes ocasiones para entrenar y competir.
el viento y el mar pueden llegar a ser imponentes
e invencibles
La 2ª razón,
es que son las zonas mejor dotadas en cuanto a infraestructura
y las más protegidas frente a las inclemencias meteorológicas.
El viento y el mar -nuestros aliados habitualmente- pueden llegar
a ser imponentes e invencibles en ocasiones, cuando se alían para
azotar la tortuosa costa menorquina.
Como esto
no es un artículo de Skin Diver, y creo que el lector
se merece siempre una información veraz y no maquillada por intereses
más o menos inconfesables, hay que explicar que desgraciadamente
los fondos de Menorca tienen un handicap: la falta de peces.
Ello es fruto de una pesca comercial (arrastreros
principalmente) incontrolada; y en determinadas especies, la acción
de los muchos aficionados (y lo que es peor, “profesionales”) a
la pesca submarina que acuden a la isla, ha hecho mella en el número
de individuos que podemos contemplar. Las Islas (en Canarias sucede
algo similar) al estar más alejadas del “Estado fiscalizador” relajan
sus normas y su vigilancia. Ello unido al creciente número de turistas
que demandan pescado fresco y marisco, conlleva el agotamiento
de los recursos costeros. Pan para hoy y hambre para mañana...
Este es
el lado oscuro de Menorca, fuertes tormentas (no muy habituales,
tranquilos) y fauna esquilmada. Pero el reverso de la moneda, bien
vale una y mil visitas a esta Isla. El grado de transparencia de
sus aguas es uno de los mejores de todo el Mediterráneo, y sus
cimbreantes praderas de Posidonia Oceánica hipnotizarán
al buceador con su ondulante movimiento.
La profundidad
de las inmersiones no suele superar nunca los 25-30 metros debido
a la configuración de la plataforma continental, y si a ello añadimos
la casi ausencia de corrientes, hacen que sea un lugar ideal para
buceadores no demasiado experimentados.
Y como plato fuerte de nuestra aventura
la inagotable cantidad de cavernas, cuevas, grutas y túneles que
podemos visitar. La mayoría son cuevas en las que siempre veremos
la salida, pero en las que no hay que olvidar todas las enseñanzas
que nos impartieron en su día. La seguridad es primordial. Hay
que ir con cuidado especialmente en no golpear con nuestras aletas,
o lo que es peor -con nuestra “cabezota”- las paredes y techos
de las cavernas.
cavernas tapizadas de minÚscula
vida
Estas se
hallan tapizadas con una alfombra multicolor de pululante vida
minúscula: pólipos amarillos de coral abriéndose y cerrándose al
compás de la corriente, escórporas camufladas e indetectables para
el ojo no adiestrado, gambas de blancas antenas transitando entre
esponjas y encajes de Neptuno y, por que no, langostas moviendo
rítmicamente sus antenas saludando al extraño y burbujeante visitante.
Un fascinante
microcosmos que se agita en el interior de macrocuevas, iluminadas
por opalescentes ventanales. Nuestra fascinación puede llevar al
cenit, cuando deambulemos ingrávidos entre las estalactitas y estalagmitas
formadas cuando esta parte de la isla no estaba sumergida, hace
6 millones de años.
El agua
dulce mezclándose con la salada forma unas visibles termoclinas
que nos hacen imaginar que nadamos en un vaso de Martini con
hielo (y no sólo por el ocasional frío, sino por las turbulencias
que se crean y afectan a nuestra visión). No, no estamos borrachos,
aunque si ebrios de belleza por tanta ciclópea grandiosidad.
Es también
muy frecuente el hallazgo en fondos arenosos de restos arqueológicos,
especialmente trozos de ánforas (los romanos conquistaron la Isla
en el año 123 a C., denominándola Minórica) e incluso viejos cañones,
cepos o anclas incrustadas en la roca por la acción inexorable
de los milenios. Son las páginas sumergidas de la Historia de ésta
formación rocosa conquistada por fenicios, griegos, cartagineses,
vándalos, árabes, piratas turcos, e incluso franceses e ingleses,
volviendo a dominio Español en 1.802. (Hoy en día han sido conquistadas,
-pacíficamente, eso si- y Marco en mano, por los alemanes…)
En la zona
Norte os recomiendo, entre otras, la zona de Enderrosalls,
Cala Morell, Punta Quintana y el pecio de Malakof o
el Francisquita (sólo para los experimentados) y como
no, Pont D´en Gil, una cueva majestuosa repleta de formaciones
petrificadas, que se puede explorar también a pie en su interior.
Seguramente una de las mejores inmersiones en todo el mundo con
estas características, y bien vale sólo ella un futuro artículo.
Y en el
Sur, el arrecife de Ses Aguiles, el Embudo de S´Algar,
el Campanario de Tomás, la Catedral y casi todas
las zonas de la Isla del Aire (¿futuro parque natural menorquín?),
en esta zona la fauna es más abundante y podemos cruzarnos con
servias, pequeños bancos de barracudas, o salpas.
La Menorca
tranquila y agreste, cálida e inhóspita que yo amo, también puede
ser tuya, aunque sólo sea por unos días... o para siempre.
Texto y Fotos: Carlos Virgili / Risck |