(04-05-09) Nuestros
reporteros nos asoman al Mar Rojo, un paraíso a cuatro horas
de España, lleno de fábulas e historias ancestrales. El gran
atractivo de sus aguas está en peligro por la sobreexplotación
turística, que degrada el medio ambiente.
Hay varias
teorías que intentan explicar como una mar tan azul tiene el nombre
de Mar Rojo, y ninguna de ellas lo consigue. Mar mítico, legendario,
misterioso, lleno de fabulas e historias divinas y testigo de uno
de los episodios más bellos de la Biblia (la otra…) protagonizado
por Moisés.
Para unos el nombre hace referencia a la intensa coloración
rojiza que toman las aguas durante la puesta del sol. Para otros es debido
a la proliferación, en verano, de un tipo de algas que dan un color rojizo
a la superficie del agua.
Otra teoría
afirma que el nombre proviene de los Himaritas y correspondería
a una dirección geográfica. Esta tesis se basa en el hecho de
que algunos idiomas asiáticos usan los colores para referirse a
las orientaciones de una brújula. Pero a lo que nosotros, buceadores,
realmente nos importa es si al cruzar la línea azul de la superficie,
encontraremos unas aguas tan desérticas como los paisajes terrestres
o un gran oasis de vida y color.
El Mar
Rojo tiene una extensión de unos 2.000 kilómetros y puede llegar
también a los dos kilómetros de profundidad en algunos puntos.
(No quiero ni pensar en la parada de descompresión que tocaría…).
A pesar de que sus aguas bañan tanto las costas de Egipto, Jordania,
Israel, Arabia Saudita, Sudán, Etiopia y Yemen, las zonas más populares
para los submarinistas son las que pertenecen a Egipto y que están
situadas en la península del Sinaí (bautizada como la tierra de
las 24 mil millas cuadradas de nada) y la costa Este del país.
Es decir, las conocidas zonas de Sharm El Sheik y Hurgada.
Desde la noche de los tiempos,
la materia prima ya la tenían los ricos fondos marinos; a partir
de aquí era necesario crear las infraestructuras necesarias para
el desarrollo de una industria turística basada en el buceo. Los
egipcios modernos hicieron uso de su gran experiencia en obras
faraónicas y, con la ayuda de millones de dólares, levantaron
aeropuertos, decenas de hoteles, resorts y estaciones de buceo.
Convirtiendo el Mar Rojo en uno de los principales destinos de
inmersión del mundo.
Para los europeos es un verdadero
paraíso encontrarse a sólo 4/5 horas de vuelo un mar tropical,
enmarcado en un exótico país y con todas las comodidades y lujos
del primer mundo, sin contar que la gran oferta lo hace atractivo
para todos tipo de presupuestos y niveles económicos. La ductilidad
del medio: aguas llenas de vida, con mucha visibilidad y muy cálidas,
hacen que el destino sea ideal tanto para novatos como para experimentados
buceadores. Las primeras oleadas empezaron en los años 70 y hoy
en día tenemos vuelos directos a varias zonas de buceo desde algunas
ciudades europeas.
No hemos de olvidar la posibilidad
de hacer excursiones en tierra, aquí también tenemos una oferta
inmensa, solo tenemos que dejar volar nuestra fantasía: las pirámides
de Gizeh, la momia y tesoros de Tutankamon en el Museo de El Cairo,
los templos excavados en roca de de Luxor, las extensiones a la
ciudad navatea de Petra, el desierto de Lawrence de Arabia (Jordania),
etc. Egipto, el viejo Egipto reino de Dioses, Tumbas y Sabios.
fondos y fauna marina del mar
rojo
Se ha hablado largo y tendido sobre
el endemismo de la fauna y flora del Mar Rojo, todo indica
que las altas temperaturas del agua han originado una elevada
salinidad creándose especies únicas que no se pueden ver en
otros mares. Estas especies endémicas conviven con otras tropicales
que encontramos en otros mares, por ejemplo en las lejanas
Maldivas. En cifras resulta que un 30 % de los animales que
vemos llegan a poder verse solo en dicho fascinante mar, pero
en algunas especies de peces llega hasta el 90 %.
Los fondos se caracterizan por unos bellos
jardines de coral repletos de peces multicolores; y lo más sorprendente
es que el espectáculo comienza a tan solo 3 metros de profundidad.
No obstante, hasta las profundidades máximas que los buceadores pueden
alcanzar, se encuentran paisajes y especies interesantes no solo para
el biólogo sino también para el ansioso submarinista.
Junto con
Sharm el Sheik, Hurgada es centro neurálgico del Mar Rojo. En Hurgada
existe un aeropuerto nacional e internacional para salidas y llegadas
en vuelos charter y tenemos hasta un Hard Rock Café para
sentirnos como en casa. El buceo es similar al de Sharm aunque
los fondos son más arenosos. Por su proximidad, se suele partir
de aquí hacia el Estrecho de Gubal para hacer la ruta de los pecios
(barcos hundidos). El espectáculo es interesantísimo, pues cada
naufragio tiene una historia detrás.
Un buen
ejemplo es el Thistlegorm, navío británico de la Segunda
Guerra Mundial. Fue bombardeado por los alemanes y su carga se
encuentra esparcida a 30 metros de profundidad. Podemos encontrar
armamento como camiones o motos, pues la carga que llevaba estaba
destinada a las tropas inglesas del Norte de África. El buque fue
descubierto por Jacques Cousteau en la década
de los 50.
El otro pecio emblemático de la zona es
el Carnatic, era un barco de mercancías que se dirigía
a Bombay desde Suez cuando el 12 de Septiembre de 1869 y, con 230
personas a bordo, chocó con el arrecife y dos tercios del casco
quedaron montados sobre el mismo. En un principio pensaron que
el accidente no era muy grave y esperaron para poder reflotarlo,
pero al empeorar el tiempo empezó a entrar agua en su interior
y dos días más tarde el barco se partió hundiéndose la popa. Otra
tormenta acabó hundiendo la proa en 1.870. La tripulación pudo
salvarse.
El Carnatic es, hoy en día, una
de las inmersiones más famosas de la zona y uno de los pecios más
visitados en el Mar Rojo. Actualmente el barco descansa sobre su
costado de babor a una profundidad máxima de 27 metros. La zona
de proa se encuentra a 20 metros. Todo el barco es de una gran
belleza, aunque todos los buceadores que lo visitan están de acuerdo
en que es la proa la zona más fotogénica, así como sus cuadernas.
Los dos mástiles descansan en la arena.
Texto: Celia Ribera /Risck
Fotos: Carlos Virgili / Risck |