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(18-12-06) El
buceo en pecios es una de las experiencias más
emocionantes que el submarinista puede experimentar.
Infinidad de tormentas, accidentes, sabotajes y
dos guerras mundiales han sembrado los fondos marinos
de todo el planeta de multitud de restos que hoy
son verdaderos oasis de vida y misterio. La costa
mediterránea francesa alberga un buen número
de espectaculares pecios. Hemos estado en algunos
de los mejores.
En
esta serie de cuatro inmersiones en pecios de la costa francesa
empezamos por el TOGO, construido en los astilleros
Robert Thompson & Sons en Newcastle (Inglaterra) en 1882, su
fabricación en acero, cinco compartimentos estancos y doble
casco, le hacían uno de los buques tecnológicamente
más avanzados en su época. Poseía tres mástiles
para la navegación a vela, pero estaba dotado también
de un potente motor. Sus dimensiones, 76 m de eslora,
10´35 m. de manga y casi 15 m de alto, lo capacitaban para
transportar hasta 1.640 barriles y una tripulación
de 28 hombres.
A
pesar de los peligros y las numerosas trampas tendidas en el mar,
el Togo salió indemne
de la I Guerra Mundial. Con todo, fueron las minas liberadas por
un submarino alemán CPU 35 que sellaron su fatídico
destino: el 12 de mayo de 1918, a 6 meses del final de la guerra,
el Togo choca con una de esas minas y queda herido de muerte
hundiéndose en pocos minutos. Cincuenta y nueve años
más tarde, en 1977, el biólogo y submarinista de Cavaliere,
Richard Calmes, lo descubrió de forma casual al señalar
la sonda de su embarcación un eco que sobresalía
del fondo. Creyendo que se trataba de una gran roca, cual fue su
sorpresa al descender y descubrir
que se trataba de un barco cubierto de innumerables
redes de pesca y completamente desconocido por los pescadores
y habitantes de la zona. Después de recuperar algunos objetos
del fondo, se consiguió identificar el pecio. La leyenda del Togo empezaba
a forjarse.
Por
su parte, el DONATOR es toda una referencia
en cuanto al buceo en pecios en el Mediterráneo. Hundido el
10 de noviembre de 1945 al sur de la isla Porquerolles (Francia), tras
chocar con una mina alemana, este
pecio de 80 metros de eslora está considerado como el último
navío hundido en el Mediterráneo durante la II Guerra
Mundial.
HELLCAT: Si
eres un apasionado de los pecios, posiblemente tendrás
pocas oportunidades de bucear entre los restos de un avión,
el Hellcat es, sin duda, uno de los más interesantes
y bonitos del Mediterráneo. Durante los primeros meses
de la II Guerra Mundial, la empresa americana Grumman Aircraft
Engineering comenzó a desarrollar un sucesor del anticuado
caza Wildcat, de la fuerza aérea de los Estados
Unidos. El nuevo modelo se llamaría Hellcat.
Un motor más potente, mejoras en el chasis y cabina de
pilotaje y un amplio aumento de la capacidad de munición
y autonomía de vuelo eran los
cambios más significativos.
Sumamente robusto, poderoso y maniobrable, el Hellcat era
un arma muy potente contra los cazabombarderos del enemigo japonés.
Podía
despegar desde tierra firme o desde un portaviones y estaba provisto
de seis ametralladoras Browning M-2 de calibre 12,7 mm montadas en
las alas. Fue en Julio de 1999 cuando un buceador de Lavandou descubrió el
pecio de un misterioso avión. Tras conocer y localizar al
piloto, fue éste quien le informó de la razón
de la presencia de este avión bajo las aguas del Golfo. El
14 de mayo de 1956, el joven Cat Langin se divertía haciendo
acrobacias a ras de agua, pero un error de pilotaje hizo que el avión
rozase la superficie. El motor falló y el piloto no tuvo otro
remedio que improvisar un amerizaje; consiguió salvarse pero
perdió su aeronave.
El
submarino RUBIS es un pecio único
que encontraremos en el Cabo Camarat, entre Cavalaire y Saint Tropez,
a unas 6 millas desde ambas poblaciones y a poco más de una
milla de la costa. Perteneciente a la Armada francesa, se usó para
torpedear
embarcaciones enemigas y minar las aguas del Mediterráneo
durante la II Guerra Mundial. El Rubis fue el cuarto de
una serie de seis submarinos minadores desarrollados en el periodo
de entre guerras. Los submarinos Saphir, Turquoise, Nautilus,
Diamant, Perle y el Rubis fueron construidos por
el arsenal de Toulon entre los años 1928 y 1935. Las dimensiones
de la nave eran 65,9 m. de eslora, 7,2 m. de manga, 7 m. alto y 4,3
m. de puntal, para un total de 925 toneladas de desplazamiento en
inmersión.
El
armamento principal en
este submarino lo constituían las minas. Para este fin, el “pequeño” Rubis ,
disponía de 2 tubos de 400 mm. y 3 tubos verticales
de 550 mm. alojados en los tanques de lastre, divididos a cada banda,
con posibilidad de lanzar dos minas cada uno, hasta un total de 32
minas de 1.090 kg. cada una. Además poseía un cañón
de 75 mm. y dos ametralladoras de 13 mm.
Con
el estallido de la II Guerra Mundial, comenzó a operar
en el Mar del Norte. Realizó cuatro operaciones de
minado que se llevaron a cabo en las costas noruegas. En
julio de 1940, el armisticio francés sorprendió al Rubis en
el puerto escocés de Dundee. El comandante y su tripulación
decidieron unirse a la Marina de la Francia Libre y continuar
luchando contra Alemania y sus aliados. Por aquellas fechas
el submarino ya se había anotado 11 cargueros y el
cazasubmarinos
alemán UJD.
Con
su nueva situación, continuó operando en aguas noruegas
y en el Golfo de Gascogne formando parte de la 10ª Flotilla
en Harwich. Con el tiempo llegó a convertirse en el submarino
francés de más éxito y, además, ganó el
título de submarino minador más activo y de más éxito
de toda la II Guerra Mundial, llevando a cabo
28 misiones en las que desplegó 683 minas y se anotó un
total de 14 mercantes (con 21.000 toneladas hundidas), un
minador y siete barcos de patrulla, dañando a otros siete.
Fue el submarino francés más condecorado. Distinguido
con la “Croix de la Libération”, recibió también
dos citaciones a “l'Orde de l'Armée”.
El
21 de agosto de 1941 resultó gravemente dañado por
una granada cerca de Egersund. Continuó luchando hasta enero
de 1945 cuando quedó definitivamente apartado del servicio,
siendo finalmente dado de baja en 1949. Posteriormente, el 31 de
enero de 1957, la Marina francesa, necesitando un objetivo de sonar
para prácticas submarinas, decidió sumergirlo definitivamente
como honor y reconocimiento a la labor realizada en sus misiones.
Texto: David de las Heras |