(23-05-12) En un valle que se hunde en el mar, visitamos el pecio del “Um El Faroud”, un petrolero hundido en 1998, que es polo de atracción para buceadores. Es una excelente ocasión para hacer ecoturismo por este archipiélago del Mediterráneo central, lugar de paso de civilizaciones que aglutinan miles de años de historia.
De la mano de nuestro guía y amigo Marko Bezzina iniciamos nuestro periplo por aguas y tierras del archipiélago maltés, empezando con una inmersión en uno de los muchos atractivos que ofrecen estas aguas cargadas de historia.
Es un lugar ideal para estar; sea en tierra o bajo la superficie. Estamos en Wied iz-Zurrieq un valle en la costa sur de la isla de Malta, que se hunde suavemente en el mar y que, a pocos minutos a nado nos ofrece un pecio enorme y fácil de visitar: el Um El Faroud.
La historia de este barco comenzó en 1969 en los astilleros ingleses Smith Dock Co. de Middlesbrough, donde fue construido y entregado a la Compañía Nacional de Transporte Marítimo de Trípoli. Bajo esa bandera cubrió la ruta entre Italia y Libia transportando refinados de petróleo, hasta que el 1 febrero de 1995 fondeó en los astilleros de La Valetta para una reparación de urgencia en dique seco.
Aquella fue su última singladura porque tres días después, la explosión e incendio de gases acumulados en la bodega nº 3, causó la muerte de varios operarios y serios daños en la estructura del petrolero. Tardaron tres años en determinar que las reparaciones costaban más que el barco, así que se decidió su hundimiento para crear un arrecife artificial que, con los años, ha prosperado y ha creado un mini ecosistema.
El casco de 115 metros de largo y 10.000 toneladas fue desmantelado, se retiró todo material perjudicial y hundido muy cerca de la costa, a unos 18 metros de profundidad. Allí reposaba entero y perfectamente posado en el fondo hasta que en el invierno de 2005, las fuertes tormentas que azotaron la costa y levantaron grandes olas, partieron en dos el petrolero.
Desde entonces, son dos excelentes inmersiones, como mínimo, para recorre todos sus rincones. Visitar el Um El Faroud requiere cierto nivel (Avanzado) y experiencia en el buceo en pecios. Parte de la proa y el puente están a 18 metros de profundidad, las cubiertas a partir de los 25 metros y lo que queda de la popa y las hélices reposan a 36 metros.
UNA VISIBILIDAD EXCEPCIONAL
El comienzo y final de la experiencia desde la costa tiene un cómodo acceso de escaleras de piedra. Lo mejor es nadar unos 200 metros en superficie, rumbo 230-240º; son 8 o 10 minutos para disfrutar de la hermosa vista del profundo valle desde el agua. La vista del arrecife a nuestra derecha es el punto natural de inmersión y para dejarse caer unos 15 metros, mientras nos maravillamos de la gran visibilidad (30-40 metros) y una luminosidad que, ya desde lejos, nos deja ver la sombra fantasmal de la parte de estribor del barco.
Marko nos guía directamente hacia el timón, a 36 metros de profundidad, para pasar entre éste y la enorme hélice. Poco a poco ascendemos para visitar las cubiertas y recorrer sus pasillos, para descender por las escaleras que llevan a la cubierta a -25 metros. En el recorrido se ven claramente los efectos desgarradores de las tormentas y los trozos de metal colapsado.
Ya llevamos 20 minutos de inmersión y subimos por las escaleras de estribor hacia la cubierta principal que se abre frente a nosotros con toda su luminosidad, en una especie de embudo repleto de vida marina. Estamos a -12 metros y hasta ahora tan absortos en la majestuosidad del enorme barco, en recorrer sus entrañas, que no nos habíamos fijado en las coloristas esponjas que cubren las paredes y la cantidad de nudibránquios que las recorren.
Es el momento de disfrutar de la vida que allí se congrega. Destacan los peces de gran tamaño: indolentes peces loro que nadan como si nada a nuestro alrededor, meros de gran tamaño, barracudas y un sinfín de pequeños y coloristas pececillos de arrecife. Tras hace la foto de rigor a la placa conmemorativa del hundimiento, en la cabina del piloto, es hora de emprender el camino de regreso.
Con la brújula “al revés” de cómo vinimos, nos dejamos llevar por el fondo ascendente desde los 12 metros, donde nos cruzamos con bancos de barracudas, sepias, carángidos y plateados pargos. Con el arrecife a la izquierda, apuramos los últimos litros de aire “valle arriba”, con una parada final de seguridad a 3 metros, para salir a la superficie cerca de las escaleras talladas en la piedra por la que entramos al agua. Han sido 45 minutos de inmersión en excelentes condiciones, un buen presagio para las que vendrán en los próximos días. Pero esa es otra historia...
Texto: Guadalupe Romero Fuente: Bezz Diving Centre
|