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(13-09-07) Nuestro
reportero nos lleva a una pequeña isla con manglares vírgenes,
grandes lagunas en su interior y playas de arena blanca. Se llama Utila
y es como un tesoro escondido entre las islas hondureñas.
Si
pensamos en Honduras, como destino de buceo, el primer nombre
que nos acude al pensamiento es Roatán, por su fama; pero,
las islas de la Bahía esconden un tesoro en su isla más
pequeña, Utila. Unos cuantos kilómetros cuadrados,
solo 42, de los cuales la mayoría son inhabitables al
ser manglares vírgenes, con un solo pueblo, obviamente
la capital.
Una
pequeña colina, Pumpkin Hill permite divisar toda su verde
extensión; con sus grandes lagunas interiores de evocadores
nombres, Turtle Harbour y Oyster Bed, y pequeñas playas
de blanca arena e inclinados cocoteros. Un pequeño aeródromo
se halla en uno
de sus extremos formando una
gris cicatriz en la esmeralda piel de Utila.
Cerca,
pero a su vez aislada, de la capital se halla nuestro destino,
un paraíso dentro de otro, LBR (Laguna Beach Resort).
Dado que las conexiones (marítimas) entre Roatán
(de donde partíamos) y la vecina Utila, son a través
de previo paso por el continente (¿?), viajamos de una
isla a otra en la avioneta particular del dueño del hotel/centro
de buceo, el gran Troy, uno de los pocos hombres “estresados” del
Caribe Utileño… Lo dicho, como unos señores.
Después
de aterrizar en el cuco aeropuerto de Utila, nos recogieron para
llevarnos hasta una lancha, después de apenas 15 minutos
llegábamos al hotel, que está situado en una especie
de istmo, entre la playa (con sus obligados cocoteros) que da a
mar abierto y la laguna de manglares que está a sus espaldas.
Privacidad y tranquilidad absoluta. 19 Bungalows de madera barnizada,
con ventilador y A/C. Espaciosos y bien equipados, caja fuerte
incluida.
Si tenéis
vuestro portátil, con un poco de suerte os podréis conectar
a la red inalámbrica de Laguna Beach Resort, y ¡gratis!
Cada edificación tiene
su terracita con vistas a la laguna, donde observar embelesados,
meciéndonos en una hamaca, como una familia de pelícanos
se dedica al noble arte de la pesca en picado, un espectáculo
que tampoco os cargaran en vuestra Visa.
El
LBR lo regentan dos –esteee- argentinos, Doña
Sole y Don Matías quienes trataran de hacer tu estancia
lo más agradable posible. El buceo se hace en alguno de
los 3 barcos, espaciosos, bien diseñados, y rápidos
que el Centro posee (más uno para pesca de altura...)
Se hacen dos seguidas por la mañana y, durante el necesario
intervalo, se aprovecha para navegar y de paso buscar al Gran
Señor de estas aguas, o en su defecto algún que
otro delfín. Nosotros vimos de dos especies distintas,
incluida el moteado. Hay que llevarse la cámara a bordo.
A
bordo hay toallas, agua, alguna galletilla, y un barreño
para los equipos de imagen submarina. Se vuelve a puerto para
comer, descansar y preparar el equipo de imagen submarina (si
eres de nuestro club de “enfermos”) para la inmersión
vespertina. Las comidas se hacen en la gran casa común,
un restaurante-salón, en cuya parte superior hay billar,
TV por satélite, lector de DVD, etc. Para quien eche de
menos la ¿civilización?
Los lunes
y jueves hay nocturna para los amantes de la oscuridad y para los
que no
tengan bastante con el agua marina, una piscina en forma de pez,
con un bonito mosaico de un tiburón ballena, como no,
les refrescará del calor tropical.
El
buceo es tranquilo, con fondos de arena y bloques de arrecife
coralino, o verticales paredes que caen hacía lo profundo.
Sin apenas corrientes, aunque ocasionalmente se hace alguna inmersión
a la deriva. El tiempo de inmersión es de 45 minutos acompañado
por el dive master, (aunque si tienes un nivel decente, te dejan
cuerda) más 15 de propina en la zona cercana al barco.
Hay
un par de lugares a no perderse, para los amantes de lo poco habitual,
a saber: Little Bight, buceo en arena negra, lo que en ingles se
denomina “muck diving”. En una sola inmersión
vimos una serpiente de arena, un pez murciélago con los
labios más rojos que Marylin Monroe, un lenguado enano,
nudibranquios raretes, caballitos de mar de 3 colores distintos,
etc...
El
otro punto es, Jack Neil Cove, fondo arenoso con pequeñas
praderas de algas, donde encontrar especies poco habituales; y
en uno de esos pequeños bosques,
sobre la blanca arena, podremos
observar una familia de calamares que “residen” en el
verde camping. No se asustan de los intrusos humanos y se dedican
a cambiar de color y a ejecutar armónicas danzas para nosotros.
Nunca había visto nada igual. Si bien no se ven grandes cardúmenes
de peces, la vida es abundante, tanto la fija al sustrato, como la
que está en movimiento. Colorido y variedad.
Parte
de la isla es reserva marina y no se permite bucear con guantes,
salvo en los pecios. Para los acompañantes de “secano” o
para los momentos de relax, se puede ir en bicicleta o kayak de
mar (también gratis), montar a caballo o hacer una excursión
por la isla en varios medios de locomoción. No hay tiempo
para aburrirse, pero después de unos días de “real” estancia
dejamos, con pesar, el LBR para embarcar en el Utila Agressor.
Continuará...
Texto y Fotos: Carlos Virgili/Risck |