|
(02-12-08) Todo
submarinista tiene sus mitos, para algunos son las tortugas, para
otros los delfines, las ballenas, leones marinos o las orcas; para
los más osados, los tiburones. A nosotros, en cambio, siempre nos
fascinaron las mantas ¿a quién no le gustaría compartir un espacio
en el azul con una manta-raya?
Nuestro interés
por este pez cartilaginoso de la familia de los tiburones, que
puede llegar a medir hasta 5 metros, y que se alimenta de plancton,
viene de lejos. Hace muchos años nos cruzamos con una manta en
las profundidades de El Hierro (Canarias) y, desde ese momento,
empezamos a movilizarnos para recabar información sobre en qué
lugar del mundo las podríamos encontrar en mayor número, y con
más facilidad. Todos los datos nos conducían al mismo sitio:
Yap.
¿Yap?, ¿Qué es, y dónde está? Seguro que os
lo estáis preguntando. Pues bien, es un pequeño estado independiente
de Micronesia. Y posiblemente el mejor lugar del mundo para observar
mantas rayas durante todo el año.
El Estado de
Yap está constituido por un conglomerado de 12 archipiélagos
y 4 pequeñas islas, 3 de ellas deshabitadas. Emplazado en el
Norte del Pacífico entre las islas Filipinas y Hawaï, (al Norte
de Melanesia y Noroeste de Polinesia). Forma parte, desde 1965
de la Confederación de Estados de Micronesia (FSM)
Llegamos a Colonia, la capital
de Yap, procedentes de Manila (Filipinas), después de un agotador
viaje. Colonia está situada en Yap Proper, el mayor de los atolones
del Estado en extensión y donde vive el 65% de la población del
país. La capital también es, y con mucha diferencia, la zona
con más síntomas de desarrollo del país y el único, aunque diminuto,
núcleo urbano.
viven como hace cientos de aÑos
Si a cualquier occidental, Yap Proper le puede
sorprender por lo peculiar que es, las otras islas o atolones
del país te asombran todavía más cuando descubres que viven como
hace centurias: sin electricidad ni agua corriente, semidesnudos
y hablando (dependiendo de las islas), dialectos diferentes.
En Colonia la gente hablaba inglés con nosotros y utilizaban
el yapés entre ellos.
Nos vino a
recoger un chofer del Hotel y nos dirigimos a Manta Ray Bay,
uno de los ¡6 hoteles del país! (supongo que hoy habrá alguno
más), situado en la zona costera y que, como el resto de establecimientos,
está dirigido por americanos. El establecimiento tenía instalado
en la parte trasera el centro de buceo que dirigía Freddy,
un suizo que se había quedado “enganchado“ por la belleza de
un paraíso petrificado, anclado en el pasado.
El centro de
buceo disponía de todas las comodidades occidentales: alquiler
de material, 5 embarcaciones motoras, tienda, cursos, etc...
El gran despliegue de infraestructura contrastaba con lo poco
evolucionado del país. Según pudimos comprobar, esto se debía
a la gran afluencia de turistas amantes del buceo, sobre todo
americanos y japoneses, que cada año pasan por Yap con la finalidad
de admirar, al igual que nosotros, sus más conocidos lugareños
submarinos: las mantas-rayas.
A la mañana
siguiente empezamos nuestras sesiones de inmersión. Habíamos
quedado con Freddy a las 6:30 h, y ahí estábamos, como
un clavo y ansiosos. Por las mañanas, el centro convoca a los
buceadores y les da la opción de escoger entre ir a ver a dichos
gigantescos animales o bucear en los arrecifes. Nosotros tuvimos
la suerte de que nuestra estancia en Yap coincidió con una semana
en la que habían pocos turistas, por lo cual, en el grupo de
bucear con mantas sólo estábamos nosotros. ¡Qué huraños podemos
ser cuando vamos a fotografiar algo especial! Pero está comprobado,
la “masa” es enemiga de las buenas fotos...
mÁs de cien mantas catalogadas
por Freddy
Freddy nos
dispuso una embarcación a motor, pequeña, con dos tripulantes
isleños y se animó a ir con nosotros; le hacia gracia ver qué
hacían sus primeros clientes españoles, con tanto cachivache.
Su compañía era de agradecer, pues es una de las personas con
más experiencia en mantas (llevaba 5 años en Yap estudiándolas,
en aquel entonces) que uno puede encontrar. De hecho, las tenía
catalogadas por las manchas que éstas tienen en la zona inferior,
y aprovechaba todas las inmersiones para tomar apuntes bajo el
agua sobre su comportamiento. En aquel entonces tenía catalogadas
a más de 100 diferentes.
Nos dirigimos a Manta Ridge, una de
las dos “estaciones de limpieza” de estos grandes seres que existen
en Yap, (la otra es Manta Rock). En dicho punto, varias
veces al día, dependiendo de la hora, se pueden llegar a concentrar
hasta 30 mantas diferentes. En las “cleaning stations”, estos
majestuosos animales se paran para que los peces limpiadores
les libren de parásitos.
En invierno
(diciembre hasta abril) se congregan en el Mi´l Channel para
la temporada de apareamiento. En verano, por el contrario, se
sitúan al otro lado en el Canal de Goofnuw, en el Valle de las
Rayas.
En la primera inmersión y cuando
estábamos a muy pocos metros de profundidad, aparecieron sobrevolando
nuestras cabezas. Al principio había pocas, pero cuando llevábamos
10 minutos llegamos a ver hasta 15 en la misma zona. No salíamos
de nuestro asombro, permanecíamos inmóviles, atónitos.
una animal distinguido, imponente...
majestuoso
Mientras
nosotros nos sujetábamos a las rocas del fondo, pues había una
corriente considerable, ellas nadaban por encima nuestro, rozándonos
casi. Si tuviéramos que definirlas, lo haríamos como el animal
marino más distinguido e imponente que hemos visto en el fondo
del mar (junto con el tiburón ballena), su elegancia se acentúa
por que tienen la parte superior negra y la inferior blanca,
y la majestuosidad, por su gran tamaño y su cadencia al nadar.
Freddy nos
había advertido que no las teníamos que tocar, pues si lo hacíamos
se marchaban y no volvían en mucho tiempo. Resistimos la tentación,
y quizás por eso, fueron ellas las que se acercaron tanto a nosotros.
Cuando acabamos el aire subimos
otra vez a la barca para cambiar las botellas, descansar y al
rato volver a descender. En esta segunda inmersión había menos
mantas pero, curiosamente, nos encontramos con varios tiburones
grises en su proximidad. El espectáculo estaba otra vez servido.
Esa semana que estuvimos en Yap
dedicamos todas las mañanas a hacer las dos inmersiones con mantas,
a excepción del último día, que la consagramos a los arrecifes
de coral. Por las tardes, el centro organizaba una salida a bucear,
pero nosotros las aprovechábamos para hacer excursiones terrestres
y senderismo, y así descubrir un país de un gran exotismo y una
peculiar idiosincrasia cultural.
Texto y Fotos: Carlos Virgili / RiscK |