(17-05-10) Los vertidos de hidrocarburos al medio marino son una de las principales amenazas para los ecosistemas y las especies que habitan en ellos y tienen un impacto muy negativo que puede perdurar hasta 100 años.
Los vertidos en alta mar afectan a cetáceos, tortugas y aves, además de a ecosistemas de profundidad muy frágiles. En la costa, pueden alcanzar zonas de alto valor ecológico e impregnar rocas y todo sustrato a su paso, lo que dificulta las tareas de limpieza, que difícilmente llegan al 100%.
Para evitar este tipo de catástrofes sólo hay un camino: cambiar de modelo energético y reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles. El paso de una economía basada en los combustibles fósiles a otra basada en las energías renovables es una necesidad cada vez más urgente. Todo hidrocarburo, tanto si se vierte al mar como si se utiliza como combustible, tiene un impacto sobre el medio marino que debe reducirse a cero.
España no está exenta de esto riesgos. Actualmente existen concesiones de explotación o exploración de hidrocarburos en el golfo de Cádiz, Canarias, costas de Tarragona, mar Cantábrico y otras solicitudes en la zona de Valencia o Mediterráneo andaluz.
En Europa el mar del Norte es una de las zonas más importantes de plataformas petrolíferas off-shore, pero también podemos encontrar explotaciones en las costas mediterráneas de Italia, Egipto, Túnez, Malta, Libia, Croacia.
¿CÓMO SE PRODUCEN LOS VERTIDOS?
Accidentes de buques. Los petroleros tienen capacidad para transportar entre 50.000 y 500.000 toneladas en sus tanques. Las rutas están preestablecidas, lo que genera zonas de mayor riesgo. Existen casos bien conocidos, como el del Exxon Valdez 1989, Erika 1999 y Prestige 2002, y sus efectos suelen llegar a costa generando la destrucción de importantes ecosistemas y medios de vida locales, como la pesca artesanal o el turismo.
Derrames en plataformas petrolíferas. Las prospecciones petrolíferas en mar abierto son actividades de riesgo. Las plataformas pueden situarse sobre una columna de agua de más de 1.000 m y perforar 2.000 o 3.000 metros en el subsuelo marino. Los vertidos desde estas instalaciones se pueden producir durante la fase de exploración, al localizar la bolsa de crudo, durante la explotación, por escapes puntuales o por accidente, como el ocurrido en el golfo de México, cuyos efectos son devastadores por el vertido continuo de miles de toneladas desde el fondo marino.
Accidentes por trasvase. El transporte marítimo de crudo genera otro riesgo: la descarga o trasvase del hidrocarburo de buque a tierra, de plataforma a buque o de tierra a buque. Estas operaciones se suelen hacer con el uso de monoboyas flotantes, alejadas de costa.
En ocasiones estas conexiones a los oleoductos terrestres fallan y originan vertidos al mar de diversa magnitud, como el caso de Huelva, en el que llegó fuel a las costas de Doñana. Este tipo de instalaciones genera por tanto un riesgo continuo de vertido en la zona, tanto por la operación del trasvase como por el denso tráfico de buques en el área.
Vertidos crónicos. “Sentinazos”. Es la actividad de limpieza, ilegal y habitual, de las sentinas en alta mar. Las sentinas son los tanques que reciben los deshechos procedentes de la sala de máquinas y la limpieza de los tanques, con alta concentración de restos oleosos y de combustible. Actualmente, son uno de los principales causantes de vertidos al medio marino, particularmente preocupantes por su origen disperso y por ser difíciles de controlar.
Fugas. Las fugas procedentes de las plataformas, oleoductos y otros medios de transporte de crudo terminan casi inevitablemente en el medio marino y suponen otra fuente de contaminación por hidrocarburo.
¿QUÉ CONSECUENCIAS TIENEN?
Los efectos de un vertido de hidrocarburo dependen de la composición del mismo, la zona a la que afecte y el volumen del vertido.
Los de tipo fueloil o pesado son negros, viscosos, no solubles en agua y con un punto de inflamación por encima de los 65 ºC . Provocan una masa flotante que limita la entrada de la luz al medio marino e impiden la respiración de animales como los cetáceos, tortugas y aquellos que necesitan salir a superficie. Además impregnan a las aves que se encuentran en su radio de vertido.
Son especialmente dañinos vertidos a profundidad, ya que a bajas temperaturas incrementan su densidad y permanecen en el fondo durante decenas de años sin capacidad para ser retirados. En la costa provocan daños severos, al impregnar las rocas, ecosistemas costeros y zonas arenosas tanto sumergidas y emergidas, lo que hace prácticamente imposible su retirada total. Estos vertidos generan efectos perniciosos durante decenas de años.
Los de tipo gasoil o ligero adquieren tonalidades entre ámbar y negruzco, solubles en agua y con un punto de inflamación por encima de los 55º C. Por regla general son volátiles, por lo que los vertidos pasan a la atmósfera parcialmente. Sin embargo, su carácter soluble los hace peligrosos al dispersarse a través del agua y ser asimilados fácilmente por los organismos.
Tanto los vertidos fueloil como los de tipo gasoil son asimilados por los organismos marinos, sobre todo los que viven anclados al fondo por su imposibilidad de desplazamiento. La absorción de los contaminantes por parte de las praderas y demás organismos fotófilos genera el primer paso de la bioacumulación.
Posteriormente estos contaminantes pasan de unos a otros al ser consumidos y su concentración aumenta al ascender en la cadena trófica. De esta forma, los grandes depredadores (donde el ser humano es el último eslabón) son los que acumulan la mayor cantidad estos contaminantes en sus organismos.
Textos: Oceana / mn