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(07-08-06)
Tres cuartas partes de la Tierra están cubiertas
de agua y hasta hace muy poco apenas se tenía
conocimiento de lo que hay por debajo de la superficie.
Durante
mucho tiempo se creyó que
en las oscuras y frías aguas abisales no podía existir
vida por la enorme presión que ejercería la masa
de agua sobre cualquier organismo vivo. Pero no es así y
por ahora sólo conocemos una mínima parte de lo que
nos espera en las profundidades.
Gracias
a los satélites, sonares y máquinas sumergibles
a gran profundidad ya sabemos que el fondo marino tiene diversidad
de formas como en tierra firme. Podemos encontrar montañas,
valles, altiplanos, cadenas montañosas y llanuras abisales.
Por encina de estos fondos tenemos una media de 3.650 metros
de agua y más o menos a partir de los 500 metros reina
la más completa oscuridad, con una temperatura de entre
1º y 3º centígrados y una presión hidrostática
que aumenta una atmósfera por cada 10 metros de profundidad.
Esto significa 1.100 atmósferas de presión a once
kilómetros de profundidad.
Dado
que casi un 80% del fondo marino está por debajo de los
1.000 metros desde la superficie, la presión hidrostática
normal para cualquier
organismo vivo que habite en esas profundidades es más
de cien veces superior a la que esta habituado el ser humano.
Evidentemente, esos organismos se han adaptado al medio en el
que viven y realmente hay un gran despliegue de vida animal,
incluso en las simas más profundas del mundo.
Hace
poco más de 150 años que se comenzó a estudiar
la vida y las condiciones medioambientales de los mares y desde
entonces se suceden uno tras otro fantásticos descubrimientos.
Si durante mucho tiempo se creyó que las profundidades
marinas constituían un hábitat uniforme y escasamente
poblado, esa imagen ha cambiado de forma radical en los últimos
decenios con el descubrimiento y la investigación de comunidades
bióticas en las chimeneas hidrotermales o la increíble
biodiversidad de las montañas submarinas.
A MÁS
PROFUNDIDAD, MÁS MISTERIO
Según nos sumergimos,
se han establecido distintas capas o zonas para entender de
qué profundidades hablamos. Así, las zonas litoral
y sublitoral (hasta 10 y 200 metros) son
las que están marcadas por las mareas y la situación
del borde continental,
mientras que la zona batial incluye el talud continental, hasta
los 2.000 metros. La zona abisal engloba el pie del talud continental,
las llanuras abisales y las laterales oceánicas, hasta los
6.000 metros, y a partir de esa cota está la zona hadal
y sus profundas fosas, de hasta casi 11.000 metros.
Hasta
en la más profunda de la Tierra, la Fosa Mariana en el
Océano Pacífico occidental, a 10.924 metros, se
ha encontrado vida. Un equipo de científicos japoneses
dirigido por el prestigioso investigador Yuko Todo, confirmó en
2005 lo que se sospechaba desde 1996, cuando se tomó la
primera muestra de sedimento en esa fosa a 10.897 metros (Challenger
Deep), en la que se encontraron bacterias. El sumergible
dirigido por control remoto Kaiko recogió muestras
en las que se hallaron minúsculos organismos unicelulares
vivos, una forma de plancton que se ha adaptado a la enorme presión
de esa profundidad y del que los científicos piensan que
podría haberse formado hace seis millones de años.
Las
diversas zonas del fondo marino, desde la costa hasta las profundidades
abisales, están colonizadas por comunidades bióticas
determinadas, cuyos distintas especies requieren condiciones
ambientales similares. Presión, temperatura, iluminación
y calidad del agua son determinantes en la distribución
de los habitantes del fondo y vincula a las especies con determinados
lugares.
Al
contrario de lo que ocurre en tierra firme y en el agua dulce,
hay gran variedad de grupos de animales estáticos en el
mar, de gran importancia ecológica y que tienen aspecto
de planta (ej: anémona de mar). La agrupación de
estos animales en el fondo marino es tan impresionante como la
de los árboles en un bosque y existe una base para la
clasificación de estas comunidades similar a la de las
grandes plantas terrestres.
EL SUELO
SELECCIONA LAS ESPECIES
La estructura del suelo
o del sustrato, así como la temperatura y presión,
determinan la presencia de determinadas formas de vida. En los
fondos rocosos están representadas principalmente por organismos
que se asientan directamente sobre sus superficies, en muchos casos
fijados al sustrato, que se denominan epifauna. Generalmente, la
población se compone de organismos urticantes como las anémonas,
corales, balanos o gusanos tubícolas, además de moluscos
como ostras, ascídias o mejillones. Y entre éstos,
los gasterópodos, estrellas, erizos y crustáceos
que se mueven libremente.
Las
grandes algas, que a su vez son el hábitat ideal para
cientos de especies, crecen cuando el sustrato tiene la suficiente
firmeza y, por supuesto, se dan las condiciones ideales de luz.
Pero los sedimentos blandos o sueltos son los que predominan
en el fondo marino y allí tienen su gran hábitat
todas las especies escavadoras, unos seres denominados como infrafauna,
que penetran en el sustrato, o fabrican tubos,
oquedades o cuevas.
Este entorno tan característico estimula una intensa y directa
interrelación entre individuos; allí conviven depredadores
y presas, mientras que otras especies se instalan en tubos o huecos
abandonados por otras.
Pero
según descendemos hacia los abismos, se hace aún
más sorprendente la diversidad de especies que, por ahora,
conocemos. Se han realizado muestreos con resultados espectaculares,
que nos dan una idea de lo mucho que nos queda por conocer de
los fondos marinos. Por ejemplo, en una toma de muestras en 50
metros cuadrados al pie del inmenso acantilado que es el talud
continental en el Océano Atlántico, se encontraron
1.500 especies de invertebrados.
FÓSILES
VIVIENTES A GRAN PROFUNDIDAD Aún a más
profundidad se
incrementa la presencia de formas de vida más pequeñas
y a éstos organismos se suman extrañas especies
de rizópodos e, incluso, se han descubierto animales
primitivos que sólo se conocían como fósiles.
Por ejemplo, en 1953 en Costa Rica, entre materiales dragados
en el litoral, aparecieron ejemplares de Nepolilina,
un molusco con extraordinario parecido con fósiles
del período Cámbrico.
Más
misterio en cuanto más profundo, esa es la realidad. Si
aún nos llevamos constantes sorpresas cuando aparece una
nueva especie en los mares costeros, quiere decir que apenas
sabemos qué hay en las profundidades abisales. Se sabe
que en general son moluscos, crustáceos y gasterópodos
los más numerosos representantes de la fauna conocida
hasta ahora, pero no es seguro, entre otras razones de peso,
porque se estima que podían existir hasta 20 millones
de especies viviendo en nuestros océanos, y hasta ahora
sólo se ha descubierto una cuarta parte de ellas.
Eulitoral:
Zona comprendida entre los límites máximo y mínimo
de las mareas.
Sublitoral: La zona sublitoral
se extiende desde la línea de las bajamares vivas hasta
el borde de la plataforma continental, aproximadamente a 200
metros de profundidad.
Batial: Se extiende aproximadamente
desde la quebradura de la plataforma continental hasta 2500-3000
m. de profundidad, el límite inferior coincide en parte
con la isoterma de 4°C.
Abisal: Se extiende entre los
2.000 y 6.000 de profundidad, allí hay oscuridad total
y temperaturas medias de 2 grados..
Hadal: Es la zona que corresponde
a las grandes profundidades marinas, desde los 6.000 hasta los
11.000 metros de las fosas.
Texto: Mark Montoya.
Con información y fotos de: archivo BV,
Lighthouse Fundation,
Simon Fraser University, naturenotes.org.
Underwater Research
Lab, ceresm.com, axxon.com, conceptart.org |